II Crónicas
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 822 versículos
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Capítulo 15 de 36Capítulo 15
1 Vino entonces el espíritu de Dios sobre Azarías, hijo de Oded,
2 el cual salió al encuentro de Asá y le dijo: «¡Oídme vosotros, Asá y todo Judá y Benjamín! Yahveh estará con vosotros mientras vosotros estéis con él; si le buscáis, se dejará hallar de vosotros; pero si le abandonáis, os abandonará.
3 Durante mucho tiempo Israel estará sin verdadero Dios, sin sacerdote que enseñe y sin ley.
4 Mas cuando en su angustia se vuelva a Yahveh, el Dios de Israel, y le busque, él se dejará hallar de ellos.
5 En aquellos tiempos no habrá paz para los hombres, sino grandes terrores sobre todos los habitantes de los países.
6 Chocarán pueblo contra pueblo y ciudad contra ciudad, porque Dios los conturbará con toda suerte de aflicciones.
7 ¡Vosotros, pues, esforzaos, y que no se debiliten vuestras manos! Porque vuestras obras tendrán recompensa."
8 Al oír Asá estas palabras y esta profecía cobró ánimo e hizo desaparecer los monstruos abominables de todo el país de Judá y Benjamín y de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraím, y restauró el altar de Yahveh, que estaba ante el vestíbulo de Yahveh.
9 Congregó a todo Judá y Benjamín, y a los de Efraím, Manasés y Simeón que habitaban entre ellos; pues se habían pasado a él muchos de los israelitas, viendo que Yahveh su Dios estaba con él.
10 Se reunieron en Jerusalén en el mes tercero del año quince del reinado de Asá.
11 Aquel día ofrecieron a Yahveh sacrificios del botín que habían traído: setecientos bueyes y 7.000 ovejas.
12 Y se obligaron con un pacto a buscar a Yahveh, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma;
13 y que todo aquel que no buscase a Yahveh, el Dios de Israel, moriría, desde el pequeño hasta el grande, hombre o mujer.
14 Juraron, pues, a Yahveh en alta voz, con gritos de júbilo y al son de las trompetas y cuernos.
15 Y todo Judá se alegró con motivo del juramento, porque de todo corazón había prestado el juramento, y con plena voluntad había buscado a Yahveh. Por eso él se dejó hallar de ellos; y le dio paz por todas partes.
16 El rey Asá llegó a quitar a Maaká, su madre, el título de Gran Dama, porque había hecho un Horror para Aserá. Asá abatió este Horror, lo hizo pedazos y lo quemó en el torrente Cedrón.
17 Pero no desaparecieron los altos de en medio de Israel, aun cuando el corazón de Asá fue perfecto todos sus días.
18 Llevó a la Casa de Dios las ofrendas consagradas por su padre y sus propias ofrendas: plata, oro y utensilios.
19 No hubo guerra hasta el año 35 del reinado de Asá.
Reflexión del capítulo 15
El capítulo 15 narra la reforma profunda que sigue a la victoria. El espíritu de Dios viene sobre Azarías, hijo de Oded, que sale al encuentro de Asá con un mensaje decisivo: «Yahveh está con vosotros mientras vosotros estáis con él; si le buscáis, se dejará encontrar; si le abandonáis, os abandonará». Es una de las leyes espirituales más claras de toda la Escritura. La relación con Dios no es un seguro automático, sino una alianza viva que exige respuesta.
El profeta recuerda que durante mucho tiempo Israel estuvo sin Dios verdadero, sin sacerdote que enseñara y sin Ley, y que en medio de la angustia se convirtieron y lo encontraron. La memoria de las épocas oscuras sirve de advertencia y de esperanza: nunca es tarde para volver. Animado por estas palabras, Asá reúne a Judá y Benjamín, reúne también a los forasteros venidos del norte, y renueva la alianza con todo el corazón.
El pueblo se compromete con juramento, y el texto subraya que buscaron a Dios «con todo su corazón» y lo encontraron. Como signo de la reforma, Asá destituye a su propia madre de la dignidad de reina madre por haber erigido un ídolo. La fidelidad a Dios exige a veces corregir incluso a los más cercanos. Y el capítulo cierra con una nota de paz: no hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy toma en serio la promesa y la advertencia: Dios está contigo mientras tú estás con él. Examina si le buscas de verdad o solo en las emergencias. Y si en tu familia o en tu entorno hay una costumbre o un ídolo que contradice tu fe, ten el valor de corregirlo, aunque sea incómodo, empezando por ti mismo. La coherencia empieza en casa.
Oración
Señor, tú te dejas encontrar por quien te busca con todo el corazón. Enséñame a buscarte cada día, no solo en la angustia, y a ser fiel incluso cuando deba corregir lo que amo. Quédate conmigo mientras yo esté contigo. Amén.
Acerca del libro de II Crónicas
El segundo libro de las Crónicas continúa la historia comenzada en el primero y abarca desde el reinado de Salomón hasta el decreto de Ciro que permite volver del destierro. No es una simple repetición de los libros de los Reyes, sino una relectura teológica de la historia de Judá hecha para una comunidad que ha vuelto del exilio y necesita entender qué salió mal y cómo vivir de nuevo la alianza.
Su autor, llamado tradicionalmente el Cronista, escribe desde Jerusalén después del destierro, probablemente en el siglo IV antes de Cristo. Su interés no está en la política de los reinos del norte, sino en el templo, el culto, el sacerdocio y la dinastía de David. Para él, la historia se lee desde el santuario: la fidelidad a Dios se mide por la pureza del culto y por la obediencia a la Ley, y cada rey es juzgado según haya buscado o abandonado al Señor.
Los grandes protagonistas son Salomón, que construye el templo y lo llena de gloria; los reyes reformadores Asá, Josafat, Ezequías y Josías, que restauran el culto y celebran la Pascua; y también los reyes infieles cuyas caídas explican el desastre final. En el centro brillan dos convicciones: Dios es fiel a su promesa a David, y la misericordia está siempre disponible para quien se humilla y vuelve a él. La frase del capítulo 7 —«si mi pueblo se humilla, yo lo escucharé y sanaré su tierra»— resume el mensaje del libro.
Leído desde la fe cristiana, Crónicas enseña que el culto verdadero no es ritualismo, sino un corazón vuelto a Dios; que la reforma siempre es posible, incluso después de las peores caídas; y que la historia, aun con sus ruinas, permanece en las manos de quien la conduce hacia la restauración.
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