II Crónicas
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 822 versículos
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Capítulo 16 de 36Capítulo 16
1 El año 36 del reinado de Asá subió Basá, rey de Israel, contra Judá, y fortificó a Ramá, para cortar las comunicaciones a Asá, rey de Judá.
2 Sacó entonces Asá plata y oro de los tesoros de la Casa de Yahveh y de la casa del rey, y envió mensajeros a Ben Hadad, rey de Aram, que habitaba en Damasco, diciendo:
3 «Haya alianza entre nosotros, como entre mi padre y tu padre; te envío plata y oro. Anda, rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se aleje de mí.»
4 Ben Hadad escuchó al rey Asá y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel; conquistó Iyyón, Dan, Abel Máyim y todos los depósitos de las ciudades situadas en Neftalí.
5 Cuando Basá lo supo, suspendió las fortificaciones de Ramá e hizo parar su obra.
6 Entonces el rey Asá tomó a todo Judá y se llevaron de Ramá las piedras y maderas que Basá había empleado para la construcción; y con ella fortificó Gueba y Mispá.
7 En aquel tiempo el vidente Jananí fue donde Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por haberte apoyado en el rey de Aram, y no haberte apoyado en Yahveh tu Dios, por eso se ha escapado de tu mano el ejército del rey de Aram.
8 ¿No eran un ejército numeroso los etíopes y los libios, con carros y una muchedumbre de hombres de carro? Y, sin embargo, por haber puesto tu confianza en Yahveh, él los entregó en tu mano.
9 Porque los ojos de Yahveh recorren toda la tierra, para fortalecer a los que tienen corazón entero para con él. Has procedido neciamente en esto, y por eso de aquí en adelante tendrás guerras.»
10 Irritóse entonces Asá contra el vidente y lo metió en la cárcel, pues estaba enojado con él por este asunto. En esa época también maltrató Asá a varios del pueblo.
11 Estos son los hechos de Asá, los primeros y los postreros; están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
12 El año 39 de su reinado enfermó Asá de los pies, pero tampoco en su enfermedad buscó a Yahveh, sino a los médicos.
13 Se acostó Asá con sus padres. Murió el año 41 de su reinado,
14 y le sepultaron en el sepulcro que se había hecho en la Ciudad de David. Lo pusieron sobre un lecho lleno de bálsamo, de aromas y de ungüentos preparados según el arte de los perfumistas; y le encendieron un fuego enorme.
Reflexión del capítulo 16
El capítulo 16 muestra el declive de Asá, el rey que había empezado tan bien. Cuando Basá, rey de Israel, fortifica Ramá para cortarle las comunicaciones, Asá no recurre a Dios como había hecho frente a los etíopes. En su lugar, toma la plata y el oro del templo y los envía a Ben Hadad, rey de Aram, para comprar una alianza militar. Resuelve el problema, pero a un precio que deshonra lo sagrado y sustituye la confianza por la diplomacia del soborno.
El vidente Hananí lo reprende con una de las frases más hermosas de la Biblia: Yahveh pasea su mirada por toda la tierra para dar fuerza a quien tiene el corazón entero vuelto hacia él. Y le recuerda lo que ya había olvidado: cuando se apoyó en Dios, los etíopes, con su ejército enorme, fueron derrotados. Asá había cambiado la fe por el cálculo. En lugar de arrepentirse, encarcela al profeta y oprime al pueblo. La soberbia endurece el corazón y apaga la voz que corrige.
Al final, enfermo de los pies, Asá busca solo a los médicos y no consulta al Señor. El capítulo es una advertencia dolorosa: se puede empezar con Dios y terminar sin él. La fidelidad no es un logro del pasado, sino una tarea de cada día.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy examina en qué confías cuando surge un problema: ¿acudes primero a la oración o a los medios que crees controlar? No desprecies los recursos legítimos, pero no pongas en ellos tu seguridad. Y cuando alguien te corrija con razón, no lo rechaces por orgullo: la corrección es una gracia que te protege de ti mismo. Agradecerla es señal de madurez.
Oración
Señor, tus ojos recorren la tierra buscando corazones enteros. No permitas que cambie tu confianza por el cálculo ni que endurezca mi corazón ante la corrección. Sé tú mi fuerza hasta el final y no me dejes confiar solo en mis recursos. Amén.
Acerca del libro de II Crónicas
El segundo libro de las Crónicas continúa la historia comenzada en el primero y abarca desde el reinado de Salomón hasta el decreto de Ciro que permite volver del destierro. No es una simple repetición de los libros de los Reyes, sino una relectura teológica de la historia de Judá hecha para una comunidad que ha vuelto del exilio y necesita entender qué salió mal y cómo vivir de nuevo la alianza.
Su autor, llamado tradicionalmente el Cronista, escribe desde Jerusalén después del destierro, probablemente en el siglo IV antes de Cristo. Su interés no está en la política de los reinos del norte, sino en el templo, el culto, el sacerdocio y la dinastía de David. Para él, la historia se lee desde el santuario: la fidelidad a Dios se mide por la pureza del culto y por la obediencia a la Ley, y cada rey es juzgado según haya buscado o abandonado al Señor.
Los grandes protagonistas son Salomón, que construye el templo y lo llena de gloria; los reyes reformadores Asá, Josafat, Ezequías y Josías, que restauran el culto y celebran la Pascua; y también los reyes infieles cuyas caídas explican el desastre final. En el centro brillan dos convicciones: Dios es fiel a su promesa a David, y la misericordia está siempre disponible para quien se humilla y vuelve a él. La frase del capítulo 7 —«si mi pueblo se humilla, yo lo escucharé y sanaré su tierra»— resume el mensaje del libro.
Leído desde la fe cristiana, Crónicas enseña que el culto verdadero no es ritualismo, sino un corazón vuelto a Dios; que la reforma siempre es posible, incluso después de las peores caídas; y que la historia, aun con sus ruinas, permanece en las manos de quien la conduce hacia la restauración.
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