II Crónicas

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 822 versículos

2 Cr

Capítulo 18

1 Josafat tuvo grandes riquezas y honores; emparentó con Ajab,

2 y al cabo de algunos años bajó a visitarle a Samaría. Ajab sacrificó gran número de ovejas y de bueyes para él y la gente que le acompañaba; y le incitó a que subiese con él contra Ramot de Galaad.

3 Dijo Ajab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: «¿Quieres venir conmigo a Ramot de Galaad?» Le contestó: «Yo soy como tú, y tu pueblo como mi pueblo; contigo estaremos en la batalla.»

4 Pero Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta antes, por favor, la palabra de Yahveh.»

5 El rey de Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les dijo: «¿Debo atacar a Ramot de Galaad o debo desistir?» Le respondieron: «Sube, porque Dios la entregará en manos del rey.

6 Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí algún otro profeta de Yahveh a quien podamos consultar?»

7 Respondió el rey de Israel a Josafat: «Queda todavía un hombre por quien podríamos consultar a Yahveh, pero yo le aborrezco, pues nunca me profetiza el bien, sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» A lo que respondió Josafat: «No hable el rey así.»

8 Llamó el rey de Israel a un eunuco y le dijo: «Trae enseguida a Miqueas, hijo de Yimlá.»

9 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada cual en su trono, vestidos de gala, en la era que hay a la entrada de la puerta de Samaría, mientras que todos los profetas estaban en trance delante de ellos.

10 Sedecías, hijo de Kenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: «Así dice Yahveh: Con estos acornearás a Aram hasta acabar con ellos.

11 Y todos los profetas profetizaban del mismo modo diciendo: «¡Sube contra Ramot de Galaad! Tendrás éxito. Yahveh la entregará en manos del rey.»

12 El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló diciendo: «Mira que los profetas a una voz predicen el bien al rey, procura hablar como uno de ellos y anuncia el bien.»

13 Respondió Miqueas "«¡Vive Yahveh, que lo que mi Dios me diga, eso anunciaré!»

14 Llegó donde el rey; y el rey le dijo: «Miqueas, ¿debemos subir a Ramot de Galaad para atacarla, o debo desistir?» Le respondió: «Subid, tendréis éxito. Serán entregados en vuestras manos.»

15 Pero el rey le dijo: «¿Cuántas veces he de conjurarte a que no me digas más que la verdad en nombre de Yahveh?»

16 Entonces él dijo: «He visto todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor; Yahveh ha dicho: No tienen señor; que vuelvan en paz cada cual a su casa.»

17 El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que nunca me anuncia el bien sino el mal?»

18 Miqueas entonces dijo: «Escuchad, pues, la palabra de Yahveh: He visto a Yahveh sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su derecha y a su izquierda.

19 Preguntó Yahveh: "¿Quién engañará a Ajab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y el uno decía una cosa y el otro otra.

20 Entonces se adelantó el Espíritu, se puso ante Yahveh y dijo: "Yo le engañaré" Le preguntó Yahveh: "¿De qué modo?"

21 Respondió: "Iré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Y Yahveh dijo: "Tú conseguirás engañarle. Vete y hazlo así"

22 Ahora, pues, Yahveh ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos, pues Yahveh ha predicho el mal contra ti.»

23 Se acercó entonces Sedecías, hijo de Kenaaná, y dio una bofetada a Miqueas en la mejilla, diciendo: «¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yahveh para hablarte a ti?».

24 Miqueas replicó: «Tú mismo lo verás el día en que vayas escondiéndote de aposento en aposento.»

25 El rey de Israel dijo: «Prended a Miqueas y llevádselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey;

26 y les diréis: "Así habla el rey: Meted a éste en la carcel y racionadle el pan y el agua hasta que yo vuelva victorioso."»

27 Miqueas dijo: «Si es que vuelves victorioso, no ha hablado Yahveh por mí.»

28 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad.

29 El rey de Israel dijo a Josafat: «Yo voy a disfrazarme para entrar en combate, mientras que tú te pondrás tus vestidos.» El rey de Israel se disfrazó, y así entraron en la batalla.

30 Ahora bien, el rey de Aram había ordenado a los jefes de sus carros: «No ataquéis ni a chicos ni a grandes, sino tan sólo al rey de Israel.»

31 Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Seguro que es el rey de Israel», y le rodearon para cargar sobre él. Pero Josafat gritó y Yahveh le socorrió, alejándolos Dios de él.

32 Viendo los jefes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.

33 Entonces un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza; el rey dijo al auriga: «Da la vuelta y sácame de la batalla, porque me siento mal.»

34 Pero arreció aquel día la batalla, y el rey de Israel fue sostenido en pie en su carro frente a los arameos hasta la tarde; y a la caída del sol murió.

Reflexión del capítulo 18

El capítulo 18 narra una alianza peligrosa. Josafat, rico y honrado, emparenta con Ajab, rey impío de Israel, y acepta acompañarlo a la guerra contra Ramot de Galaad. Ajab consulta a cuatrocientos profetas, que le prometen el éxito, pero Josafat pide un profeta de Yahveh. Aparece entonces Micaías, que no se deja sobornar y anuncia la verdad: Ajab morirá y el pueblo quedará disperso. Su visión del trono de Dios, con los espíritus engañadores que seducen al rey, es una de las páginas más audaces de la Escritura.

Micaías es maltratado y encarcelado por decir la verdad, y Ajab sube a la batalla disfrazado. Aun así, una flecha disparada al azar lo hiere de muerte, y al caer el sol, muere. La palabra de Dios se cumple aunque los reyes la desprecien. Josafat, por su parte, escapa con vida por poco: se había metido en una guerra que no era suya, en compañía de quien no servía a Dios.

El capítulo enseña el peligro de las alianzas que comprometen la fe por conveniencia política o económica. Josafat era un buen rey, pero se dejó arrastrar por un vínculo que no medía las consecuencias espirituales. La fidelidad a Dios exige elegir con quién caminamos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa tus alianzas: socios, amistades, proyectos que te obligan a callar lo que crees o a participar en lo que te mancha. No toda colaboración conviene, aunque sea ventajosa. Y cuando alguien te diga la verdad incómoda, no lo castigues como Ajab: agradece a quien se atreve a advertirte. La verdad dicha a tiempo es un regalo incómodo pero valioso.

Oración

Señor, dame el valor de Micaías para decir la verdad y la prudencia de saber con quién camino. Líbrame de las alianzas que comprometen mi fe por intereses pasajeros. Que tu palabra me guíe por encima de la conveniencia. Amén.

Acerca del libro de II Crónicas

El segundo libro de las Crónicas continúa la historia comenzada en el primero y abarca desde el reinado de Salomón hasta el decreto de Ciro que permite volver del destierro. No es una simple repetición de los libros de los Reyes, sino una relectura teológica de la historia de Judá hecha para una comunidad que ha vuelto del exilio y necesita entender qué salió mal y cómo vivir de nuevo la alianza.

Su autor, llamado tradicionalmente el Cronista, escribe desde Jerusalén después del destierro, probablemente en el siglo IV antes de Cristo. Su interés no está en la política de los reinos del norte, sino en el templo, el culto, el sacerdocio y la dinastía de David. Para él, la historia se lee desde el santuario: la fidelidad a Dios se mide por la pureza del culto y por la obediencia a la Ley, y cada rey es juzgado según haya buscado o abandonado al Señor.

Los grandes protagonistas son Salomón, que construye el templo y lo llena de gloria; los reyes reformadores Asá, Josafat, Ezequías y Josías, que restauran el culto y celebran la Pascua; y también los reyes infieles cuyas caídas explican el desastre final. En el centro brillan dos convicciones: Dios es fiel a su promesa a David, y la misericordia está siempre disponible para quien se humilla y vuelve a él. La frase del capítulo 7 —«si mi pueblo se humilla, yo lo escucharé y sanaré su tierra»— resume el mensaje del libro.

Leído desde la fe cristiana, Crónicas enseña que el culto verdadero no es ritualismo, sino un corazón vuelto a Dios; que la reforma siempre es posible, incluso después de las peores caídas; y que la historia, aun con sus ruinas, permanece en las manos de quien la conduce hacia la restauración.

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