II Crónicas
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 822 versículos
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Capítulo 21 de 36Capítulo 21
1 Se acostó Josafat con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. En su lugar reinó su hijo Joram.
2 Joram tenía seis hermanos, hijos de Josafat, que eran Azarías, Yejiel, Zacarías, Azaryau, Miguel y Sefatías. Todos estos eran hijos de Josafat, rey de Israel.
3 Su padre les había hecho grandes donaciones de plata, oro y objetos preciosos, y ciudades fuertes en Judá; pero entregó el reino a Joram, porque era el primogénito.
4 Joram tomó posesión del trono de su padre; y cuando se afianzó en él pasó a cuchillo a todos sus hermanos y también a algunos de los jefes de Israel.
5 32 años tenía Joram cuando empezó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén.
6 Anduvo por el camino de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo el mal a los ojos de Yahveh.
7 Pero Yahveh no quiso destruir la casa de David, a causa de la alianza que había hecho con David, porque le había prometido que le daría siempre una lámpara a él y a sus hijos.
8 En sus días se rebeló Edom de bajo la mano de Judá y se proclamaron un rey.
9 Pasó Joram con sus jefes, y con todos sus carros. Se levantó por la noche y batió a los de Edom que le tenían cercado, a él y a los jefes de los carros.
10 Así se rebeló Edom de bajo la mano de Judá hasta el día de hoy. Por ese mismo tiempo se rebeló Libná de bajo su mano, porque había abandonado a Yahveh, el Dios de sus padres.
11 Construyó asimismo altos en los montes de Judá, incitó a la prostitución a los habitantes de Jerusalén y empujó a ella a Judá.
12 Le llegó un escrito del profeta Elías, que decía: «Así dice Yahveh, el Dios de tu padre David: Porque no has seguido los caminos de tu padre Josafat, ni los caminos de Asá, rey de Judá,
13 sino que has andado por los caminos de los reyes de Israel, y has prostituido a Judá y a los habitantes de Jerusalén siguiendo las prostituciones de la casa de Ajab, y también porque has dado muerte a tus hermanos de la casa de tu padre que eran mejores que tú;
14 he aquí que Yahveh castigará con terrible azote a tu pueblo, tus hijos, tus mujeres y toda tu hacienda;
15 tú mismo padecerás grandes enfermedades y una dolencia de entrañas tal, que día tras día se te saldrán fuera a causa de la enfermedad.»
16 Excitó Yahveh contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes, vecinos de los etíopes,
17 que subieron contra Judá y lo invadieron llevándose todas las riquezas que hallaron en la casa del rey, y también a sus hijos y a sus mujeres, no dejándole otro hijo que Ocozías, el menor.
18 Después de todo esto le hirió Yahveh con una enfermedad incurable de vientre.
19 Y al cabo de cierto tiempo, al fin del año segundo, se le salieron las entrañas a causa de su enfermedad, y murió en medio de terribles dolores. El pueblo no le encendió fuego, como lo había encendido por su padre.
20 Tenía 32 años cuando empezó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años. Se fué sin que nadie le llorara; y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.
Reflexión del capítulo 21
El capítulo 21 relata el reinado de Joram, hijo de Josafat, y es una de las páginas más sombrías del libro. Joram mató a espada a todos sus hermanos y a algunos príncipes de Israel para asegurarse el trono, y luego siguió el camino de los reyes de Israel, introduciendo la idolatría en Judá. La seguridad conseguida por la violencia se paga siempre con la pérdida de la propia alma.
Aun así, el Cronista recuerda que el Señor no quiso acabar con la dinastía de David por la alianza que había hecho con él, prometiéndole una lámpara perpetua. La fidelidad de Dios sobrevive a la infidelidad del rey. Pero llega el profeta Elías, que envía a Joram una carta con una sentencia terrible: por haber abandonado a Dios y haber hecho pecar a Judá, su pueblo, sus mujeres y sus hijos serán entregados, y él morirá de una enfermedad dolorosa.
La sentencia se cumple: los filisteos y los árabes invaden el país y se llevan a su familia, y Joram muere de una enfermedad intestinal. Y el texto añade un detalle amargo: murió «sin que nadie le llorara», y no fue sepultado en los sepulcros de los reyes. Quien vive para sí mismo y oprime a los suyos acaba sin nadie que lo despida. La memoria de un hombre se mide por el amor que sembró.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy revisa si has buscado tu lugar pisando a otros, aunque sea con pequeñas traiciones o silencios cómplices. La ambición sin escrúpulos construye tronos vacíos. Repara el daño que hayas causado a un hermano o a un compañero. Y piensa en la memoria que dejas: ¿serás recordado por lo que acumulaste o por lo que amaste? Elige hoy amar más que poseer.
Oración
Señor, líbrame de la ambición que destruye y del afán de asegurarme a costa de los demás. Enséñame a construir con amor y no con violencia. Que mi vida deje una memoria que otros puedan bendecir. Amén.
Acerca del libro de II Crónicas
El segundo libro de las Crónicas continúa la historia comenzada en el primero y abarca desde el reinado de Salomón hasta el decreto de Ciro que permite volver del destierro. No es una simple repetición de los libros de los Reyes, sino una relectura teológica de la historia de Judá hecha para una comunidad que ha vuelto del exilio y necesita entender qué salió mal y cómo vivir de nuevo la alianza.
Su autor, llamado tradicionalmente el Cronista, escribe desde Jerusalén después del destierro, probablemente en el siglo IV antes de Cristo. Su interés no está en la política de los reinos del norte, sino en el templo, el culto, el sacerdocio y la dinastía de David. Para él, la historia se lee desde el santuario: la fidelidad a Dios se mide por la pureza del culto y por la obediencia a la Ley, y cada rey es juzgado según haya buscado o abandonado al Señor.
Los grandes protagonistas son Salomón, que construye el templo y lo llena de gloria; los reyes reformadores Asá, Josafat, Ezequías y Josías, que restauran el culto y celebran la Pascua; y también los reyes infieles cuyas caídas explican el desastre final. En el centro brillan dos convicciones: Dios es fiel a su promesa a David, y la misericordia está siempre disponible para quien se humilla y vuelve a él. La frase del capítulo 7 —«si mi pueblo se humilla, yo lo escucharé y sanaré su tierra»— resume el mensaje del libro.
Leído desde la fe cristiana, Crónicas enseña que el culto verdadero no es ritualismo, sino un corazón vuelto a Dios; que la reforma siempre es posible, incluso después de las peores caídas; y que la historia, aun con sus ruinas, permanece en las manos de quien la conduce hacia la restauración.
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