Josué
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos
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Capítulo 12 de 24Capítulo 12
1 Estos son los reyes del país vencidos por los israelitas y despojados de su territorio en Transjordania, al oriente, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón, con toda la Arabá oriental:
2 Sijón, rey de los amorreos, que residía en Jesbón, y dominaba desde Aroer, situada a la orilla del torrente Arnón, la cuenca del torrente y la mitad de Galaad hasta el torrente Yabboq, que sirve de frontera con los ammonitas,
3 y, al oriente, la Arabá hasta el mar de Kinerot por una parte y hasta el mar de la Arabá, o mar de la Sal, por otra, camino de Bet Hayesimot, hasta llegar por el sur al pie de las laderas del Pisgá.
4 Y Og, rey de Basán, un residuo de los Refaím, que residía en Astarot y en Edreí,
5 y dominaba en la montaña de Hermón y Salká, y todo el Basán hasta la frontera de los guesuritas y los maakatitas, y la mitad de Galaad hasta la frontera de Sijón, rey de Jesbón.
6 Moisés, siervo de Yahveh, y los israelitas los habían vencido, y Moisés, siervo de Yahveh, había dado el territorio en propiedad a los rubenitas, a los gaditas y a la medio tribu de Manasés.
7 Estos son los reyes del país, vencidos por Josué y los israelitas, del lado occidental del Jordán, desde Baal Gad, en el valle del Líbano, hasta el monte Pelado, que se alza hacia Seír, y cuya tierra repartió Josué en herencia a las tribus de Israel según sus suertes:
8 en la montaña, en la Tierra Baja, en la Arabá, en las laderas, en le desierto, en el Négueb: hititas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y jebuseos:
9 el rey de Jericó, uno; el rey de Ay, que está junto a Betel
10 el rey de Jerusalén, uno; el rey de Hebrón, uno;
11 el rey de Yarmut, uno; el rey de Lakís, uno;
12 el rey de Eglón, uno; el rey de Guézer, uno;
13 el rey de Debir, uno ; el rey de Guéder, uno;
14 el rey de Jormá, uno; el rey de Arad, uno;
15 el rey de Libná, uno; el rey de Adullam, uno;
16 el rey de Maquedá, uno; el rey de Betel, uno;
17 el rey de Tappuaj, uno; el rey de Jéfer, uno;
18 el rey de Afeq, uno; el rey de Sarón, uno;
19 el rey de Merom, uno; el rey de Jasor, uno;
20 el rey de Simron Merón, uno; el rey de Aksaf, uno;
21 el rey de Tanak, uno; el rey de Meguiddó, uno;
22 el rey de Quedés, uno; el rey de Yoqneam, en el Carmelo, uno;
23 el rey de Dor, en la región de Dor, uno; el rey de las naciones, en Galilea, uno;
24 el rey de Tirsá, uno; Total de reyes: 31
Reflexión del capítulo 12
El capítulo es un breve censo de las victorias: enumera a los dos reyes transjordanos vencidos por Moisés y los treinta y un reyes derrotados por Josué al oeste del Jordán, con sus ciudades. Es como un monumento escrito, un trofeo de la fidelidad de Dios a su promesa. La lista, aparentemente seca, cumple una función de memoria y de consolidación: recuerda a las generaciones futuras que la tierra se recibió como don, no por conquista humana. Para el creyente, estas relaciones nos enseñan a contar las misericordias del Señor; llevar registro de sus prodigios alimenta la gratitud y la esperanza en nuevas batallas. La Iglesia conserva esta costumbre en los santos y en la historia de la salvación. El texto también advierte que la victoria exige continuidad: no basta un triunfo, hay que perseverar hasta que el Señor conceda el descanso prometido a su pueblo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy escribe o recuerda mentalmente las 'victorias' que Dios te ha concedido: conversiones, cures, salidas de apuros. Como gesto, da gracias por al menos tres de ellas y renueva tu confianza.
Oración
Señor, tú has vencido por mí más veces de las que recuerdo. Te doy gracias por tus victorias y te pido perseverar hasta descansar en ti. Amén.
Acerca del libro de Josué
Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.
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