Josué
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos
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Capítulo 5 de 24Capítulo 5
1 Cuando oyeron todos los reyes de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, al poniente, y todos los reyes de los cananeos que vivían hacia el mar, que Yahveh había secado las aguas del Jordán ante los israelitas hasta que pasaron, desfalleció su corazón y les faltó el aliento ante la presencia de los israelitas.
2 En aquel tiempo dijo Yahveh a Josué: «Hazte cuchillos de pedernal y vuelve a circuncidar (por segunda vez) a los israelitas.»
3 Josué se hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas en el Collado de los Prepucios.
4 Por este motivo hizo Josué esta circuncisión: toda la población masculina salida de Egipto, los útiles para la guerra, había muerto en el desierto, por el camino, después de la salida de Egipto.
5 Estaba circuncidada toda la población que había salido, pero el pueblo nacido en el desierto, de camino, después de la salida de Egipto, no había sido circuncidado.
6 Porque durante cuarenta años anduvieron los israelitas por el desierto, hasta que pereció toda la nación, los hombres salidos de Egipto útiles para la guerra. No obedecieron a la voz de Yahveh y Yahveh les juró que no les dejaría ver la tierra que había prometido a sus padres que nos daría, tierra que mana leche y miel.
7 En su lugar puso a sus hijos y éstos son los que Josué circuncidó, porque eran incircuncisos, ya que no los habían circuncidado por el camino.
8 Cuando acabó de circuncidarse toda la gente, se quedaron donde estaban en el campamento hasta que se curaron.
9 Y dijo Yahveh a Josué: «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto.» Por eso se llamó aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy.
10 Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua el día catorce del mes, a la tarde, en los llanos de Jericó.
11 Al día siguiente de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes ázimos y espigas tostadas, ese mismo día.
12 Y el maná cesó desde el día siguiente, en que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de los productos de la tierra de Canaán.
13 Sucedió que estando Josué cerca de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre plantado frente a él con una espada desnuda en la mano. Josué se adelantó hacia él y le dijo: «¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?»
14 Respondió: «No, sino que soy el jefe del ejército de Yahveh. He venido ahora.» Cayó Josué rostro en tierra, le adoró y dijo: «¿Qué dice mi Señor a su siervo?»
15 El jefe del ejército de Yahveh respondió a Josué: «Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es sagrado.» Así lo hizo Josué.
Reflexión del capítulo 5
En Gilgal se circuncida a la generación nacida en el desierto, restaurando la señal de la alianza que se había omitido. Se celebra también la Pascua con los frutos de la tierra, y cesa el maná que alimentó durante cuarenta años: la providencia del desierto da paso a la tierra prometida. Luego se aparece a Josué el 'jefe del ejército del Señor' con espada desnuda, y Josué se postra: la verdadera guerra es de Dios. La circuncisión del corazón, dirá más tarde la Escritura, es la que importa. El capitulo enseña que antes de poseer la tierra hay que renovar la alianza y adorar al verdadero Señor de los ejércitos. Para el cristiano, la Pascua y el bautismo cumplen esta renovación; el maná cesante apunta a la Eucaristía, pan nuevo de la tierra prometida. La postración de Josué recuerda que toda victoria cristiana nace de la adoración.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy renueva tu alianza con Dios: confiésate si hace tiempo, participa en la Misa y deja de buscar 'maná' de comodidades para alimentarte del pan eucarístico. Postra tu voluntad ante el Señor.
Oración
Señor, tú eres el jefe de mi vida. Renueva mi alianza contigo, alimenta mi corazón con tu pan y enséñame a adorarte antes de obrar. Amén.
Acerca del libro de Josué
Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.
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