Josué
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos
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Capítulo 19 de 24Capítulo 19
1 La segunda suerte cayó a Simeón, a la tribu de los hijos de Simeón, por clanes: su heredad estaba en medio de la heredad de los hijos de Judá.
2 Les correspondió como heredad: Berseba, Semá, Moladá;
3 Jasar Sual, Balá, Esem;
4 Eltolad, Betul, Jormá;
5 Siquelag, Bet Hammarkabot; Jasar Susá;
6 Bet Lebaot y Sarujem: trece ciudades y sus aldeas;
7 Ayín, Rimmón, Eter y Asán; cuatro ciudades y sus aldeas.
8 Adémas todas las aldeas de los alrededores de estas ciudades hasta Baalat Beer, Ramá del Négueb. Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, por clanes.
9 La heredad de los hijos de Simeón se tomó de la porción de los hijos de Judá, porque la parte de los hijos de Judá era demasiado grande para ellos. Los hijos de Simeón recibieron, pues, su heredad en medio de la heredad de los hijos de Judá.
10 La tercera suerte tocó a los hijos de Zabulón, por clanes: el límite de su heredad se extendía hasta Sadud;
11 su límite subía al occidente hacia Maraalá y tocaba en Dabbéset y luego en el torrente que hay frente a Yoqneam.
12 De Sadud volvía el límite hacia el este, hacia la salida del sol, hasta el límite de Kislot Tabor, seguía hacia Daberat y subía a Yafía.
13 De allí pasaba hacia el este, al oriente, por Gat Jéfer y por Itta Casín, iba hacia Rimmón y volvía hacia Neá.
14 El límite volvía por el norte hacia Jannatón e iba a salir al valle de Yiftaj El.
15 Además, Cattat, Nahalal, Simrón, Yiralá y Belén: doce ciudades con sus aldeas.
16 Esa fue la heredad de los hijos de Zabulón, por clanes: esas ciudades y sus aldeas.
17 La cuarta suerte tocó a Isacar, a los hijos de Isacar, por clanes.
18 Su territorio se extendía hasta Yizreel y comprendía Kesulot y Sunem;
19 Jafaráyim, Sión, Anajarat,
20 Daberat, Quisyón, Ebes;
21 Rémet y En Gannim, En Jaddá y Bet Passés.
22 Su límite tocaba en el Tabor, en Sajasima y en Bet Semes, y el límite terminaba en el Jordán; dieciséis ciudades con su aldeas.
23 Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Isacar, por clanes: las ciudades y sus aldeas.
24 La quinta suerte tocó a la tribu de los hijos de Aser, por clanes.
25 Su territorio comprendía: Jelcat, Jalí, Beten, Aksaf,
26 Alammélek, Amad, Misal; tocaba en el Carmelo por el oeste y en el curso del Libnat;
27 volvía luego hacia la salida del sol hasta Bet Dagón y tocaba por el norte en Zabulón y en el valle de Yiftaj El, y Bet Haemeq y Neiel, yendo a parar hacia Kabul por la izquierda con
28 Abdón, Rejob, Jammón y Caná hasta Sidón la Grande.
29 El límite volvía a Ramá y hasta la plaza fuerte de Tiro y hasta Josá, e iba a terminar en el mar. Majaleb, Akzib,
30 Akko, Afeq, Rejob: veintidós ciudades con sus aldeas.
31 Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Aser, por clanes: esas ciudades y sus aldeas.
32 A los hijos de Neftalí les tocó la sexta suerte; a los hijos de Neftalí, por clanes:
33 su límite iba de Jélef y de la Encina de Saanannim y Adamí Hannéqueb y Yabneel hasta Laqcum e iba a salir al Jordán.
34 Volvía el límite hacia el oeste por Aznot Tabor y de allí a salir a Juqcoq, lindaba con Zabulón al sur, con Aser al oeste y con el Jordán al oriente.
35 Y las ciudades fuertes eran: Siddim, Ser, Jammat, Raqcat, Kinneret,
36 Adamá, Ramá, Jasor;
37 Quedes, Edreí, En Jasor,
38 Yirón, Migdal El, Jórem, Bet Anat, Bet Semes: diecinueve ciudades con sus aldeas.
39 Esa fue la heredad de los hijas de Neftalí, por clanes: las ciudades y sus aldeas.
40 A la tribu de los hijos de Dan, por clanes, tocó la séptima suerte.
41 El territorio de su heredad comprendía: Sorá, Estaol, Ir Simes.
42 Saalbim, Ayyalón, Silatá;
43 Elón, Timná, Ecrón,
44 Eltequé, Guibbetón, Baalat;
45 Azor, Bené Beraq, Gat Rimmón;
46 y hacia el mar Yeraqón con el territorio de enfrente de Joppe.
47 Pero el territorio de los hijos de Dan quedaba fuera de su poder. Por eso, los hijos de Dan subieron a atacar a Lésem; la tomaron y la pasaron a cuchillo. Tomada la ciudad, se establecieron en ella y a Lésem la llamaron Dan, del nombre de Dan su padre.
48 Esa fue la heredad de la tribu de los hijos de Dan, por clanes: esas ciudades y sus aldeas.
49 Acabaron, pues, de sortear el país con sus límites. Y los israelitas dieron a Josué, hijo de Nun, una heredad en medio de ellos;
50 según orden de Yahveh, le dieron la ciudad que había pedido, Timnat Sérak, en la montaña de Efraím. Reconstruyó la ciudad y se estableció en ella.
51 Esas son las heredades que el sacerdote Eleazar, Josué, hijo de Nun, y los jefes de familia sortearon entre las tribus de Israel en Silo, en presencia de Yahveh, a la entrada de la Tienda del Encuentro; y así se terminó el reparto de la tierra.
Reflexión del capítulo 19
Se concluye el sorteo de las tribus restantes: Simeón dentro de Judá, Zabulón, Isacar, Aser, Neftalí y Dan, cada una con sus ciudades y fronteras. Dan, empujada por los amorreos, busca refugio en Lais al norte. El capítulo cierra la distribución de la tierra y muestra la diversidad de Israel, doce tribus unidas en torno a la alianza pese a sus diferencias de territorio y carácter. La geografía sagrada expresa la atención personal de Dios por cada familia. Para el creyente, la variedad de tribus es figura de la Iglesia, pueblo compuesto por muchos dones y gentes distintas llamados a la unidad. La herencia no borra la identidad, la integra. El texto enseña que la promesa se cumple en lo particular: Dios conoce el lugar de cada uno. La conclusión del reparto prepara la estabilidad del pueblo en su tierra, aunque la fidelidad plena quedará siempre por venir.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy valora la diversidad en tu comunidad eclesial o familiar: cada uno tiene su lugar y don. Como gesto, agradece a Dios por alguien distinto a ti y reconócelo como parte de la misma heredad.
Oración
Señor, tú repartes dones y lugares a cada uno. Haz de tu Iglesia una familia unida en la diversidad y enséñame a valorar a todos como herederos tuyos. Amén.
Acerca del libro de Josué
Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.
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