Josué
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos
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Capítulo 14 de 24Capítulo 14
1 Esto es lo que recibieron como heredad los israelitas en el país de Canaán, lo que les repartieron como heredad el sacerdote Eleazar y Josué, hijo de Nun, y los cabezas de familia de las tribus de Israel.
2 El reparto para las nueve tribus de Israel y la media tribu se hizo a suertes, como Yahveh había ordenado por medio de Moisés.
3 Porque Moisés había dado su heredad a las dos tribus y media de Transjordania sin dar a los levitas heredad entre ellas.
4 Pues los hijos de José vinieron a formar dos tribus: Manasés y Efraím, pero a los levitas no se les dio ninguna parte en el territorio sino sólo ciudades para residir, con los pastos correspondientes para sus ganados y su hacienda.
5 Como Yahveh había mandado a Moisés, así hicieron los israelitas en el reparto de la tierra.
6 Se acercaron los hijos de Judá a Josué en Guilgal, y Caleb, hijo de Yefunné el quenizita, le dijo: «Ya sabes lo que le dijo Yahveh a Moisés, el hombre de Dios, de ti y de mí en Cadés Barnea.
7 Cuarenta años tenía yo cuando Moisés, siervo de Yahveh, me envió de Cadés Barnea a explorar esta tierra y yo le di un informe con toda sinceridad.
8 Los hermanos que habían subido conmigo desanimaron al pueblo, pero yo me mantuve fiel a Yahveh mi Dios.
9 Aquel día Moisés hizo este juramento: "Te juro que la tierra que ha hollado tu pie será heredad tuya y de tus hijos para siempre. Porque has sido fiel a Yahveh mi Dios."
10 Pues ahora mira cómo Yahveh me ha conservado con vida según lo prometió. Hace 45 años que Yahveh le dijo esto a Moisés, cuando Israel iba por el desierto, y ahora tengo 85 años.
11 Todavía estoy tan fuerte como el día en que Moisés me envió. Conservo todo mi vigor de entonces para combatir y para ir y venir.
12 Dame ya esta montaña que me prometió Yahveh aquel día. Ya entonces supiste que hay en ella anaquitas y ciudades grandes y fuertes. Si Yahveh está conmigo, los expulsaré, como me prometió Yahveh.»
13 Josué bendijo a Caleb, hijo de Yefunné, y le dio Hebrón por heredad.
14 Por eso Hebrón sigue siendo hasta el día de hoy heredad de Caleb, hijo de Yefunné el quenizita, por haber sido fiel a Yahveh, Dios de Israel.
15 El nombre primitivo de Hebrón era Quiryat Arbá. Arbá era el hombre más alto entre los anaquitas. Y el país vivió en paz tras la guerra.
Reflexión del capítulo 14
Caleb, de la tribu de Judá, reclama la heredad que Moisés le prometió cuarenta y cinco años antes, cuando él y Josué fueron los únicos fieles entre los exploradores. A sus ochenta y cinco años, Caleb pide la montaña de Hebrón, habitada por gigantes, afirmando que su fuerza es la misma de juventud porque el Señor lo ha sosteniendo. Josué le bendice y le entrega la tierra. Es un canto a la fidelidad perseverante: Caleb confió cuando otros desfallecieron y recibe la recompensa. Para el creyente, Caleb es modelo de fe incansable y de esperanza que no envejece; la promesa de Dios vale toda una vida de espera. La montaña difícil simboliza la santidad, que se conquista con valor sostenido por el Señor. La Iglesia venera esta constancia. El texto nos recuerda que Dios no olvida a quien lo sirve con corazón entero, aunque tarden los frutos.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy no renuncies a una promesa buena por los años o la dificultad. Como gesto, retoma con entusiasmo algo que dejaste por miedo, y pide a Dios la fuerza de Caleb para perseverar.
Oración
Señor, danos la fe de Caleb, firme a los ochenta y cinco años. Sostén mi fuerza y hazme perseverar en tu promesa hasta ver tu heredad. Amén.
Acerca del libro de Josué
Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.
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