Josué

Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos

Jos

Capítulo 13

1 Josué era ya viejo y entrado en años. Yahveh le dijo: «Eres viejo y entrado en años, y queda todavía muchísima tierra por conquistar.

2 Esta es la tierra que queda: «Todos los distritos de los filisteos y todo lo de los guesuritas;

3 desde Sijor, que esta al lado de Egipto, hasta el límite de Ecron por el norte, es considerado como de los cananeos. Los cinco tiranos de los filisteos son el de Gaza, el de Asdod, el de Ascalón, el de Gat y el de Ecrón. Los avitas

4 éstan al sur. Todo el país de los cananeos, y Mearah, que es de los sidonios, hasta Afeqá y hasta la frontera de los amorreos;

5 luego el país de los guiblitas con todo el Líbano hacia la salida del sol, desde Baal Gad, al pie del monte Hermón, hasta la Entrada de Jamat.

6 «Yo arrojaré de la presencia de los israelitas a todos los habitantes de la montaña, desde el Líbano hasta Misrefot al occidente: a todos los sidonios. Tú solamente reparte por suertes la tierra como heredad entre los israelitas, según te he ordenado.

7 Reparte ya esta tierra como heredad entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés: se la darás desde el Jordán hasta el mar Grande de occidente; el mar Grande será su límite.»

8 La otra nedia tribu de Manasés, junto con los rubenitas y los gaditas, había recibido ya la parte de la heredad que Moisés les había dado al lado oriental del Jordán, como Moisés, siervo de Yahveh, les había dado:

9 la tierra desde Aroer, que está a orillas del torrente Arnón, y la ciudad que está en medio de la vaguada: y toda la llanura desde Medbá hasta Dibón;

10 todas las ciudades de Sijón, rey de los amorreos, que había reinado en Jesbón, hasta la frontera de los ammonitas.

11 Además, Galaad y el territorio de los guesuritas y los maakatitas con toda la montaña del Hermón y todo Basán hasta Salká;

12 y dentro de Basán todo el reino de Og, que había reinado en Astarot y en Edreí, y era último residuo de los Refaím. Moisés los había batido y desposeído.

13 Pero los israelitas no desposeyeron ni a los guesuritas ni a los maakatitas, de manera que Guesur y Maaká siguen todavía hoy habitando en medio de Israel.

14 La tribu de Leví fue la única a la que no se dio heredad: Yahveh, Dios de Israel, fue su heredad, como se lo había dicho.

15 Moisés había dado a la tribu de los hijos de Rubén una parte por clanes.

16 Su territorio fue desde Aroer, que está a orillas del torrente Arnón, incluida la ciudad que está en medio de la vaguada, y todo el llano hasta Medbá;

17 Jesbón con todas las ciudades situadas en el llano: Dibón, Bamot, Baal, Bet Baal Meón,

18 Yahás, Quedemot, Mefaat,

19 Quiryatáyim, Sibmá, y Seret Hassajar, en el monte del valle;

20 Bet Peor, las laderas del Pisgá, Bet Hayesimot,

21 todas las ciudades del llano y todo el reino de Sijón, rey de los amorreos, que reinó en Jesbón y a quien venció Moisés, igual que a los príncipes de Madián: Eví, Réquem, Sur, Jur, Rebá, vasallos de Sijón, que habitaban en el país.

22 Al adivino Balaam, hijo de Beor, los israelitas lo habían pasado a cuchillo con otras víctimas.

23 Así el territorio de los rubenitas llegaba hasta el Jordán. Esta fue la heredad de los hijos de Rubén por clanes: las ciudades y sus aldeas.

24 A la tribu de Gad, a los hijos de Gad, había dado Moisés una parte conforme a sus clanes.

25 Su territorio fue Yazer, todas las ciudades de Galaad, la mitad del país de los ammonitas hasta Aroer, que está enfrente de Rabbá,

26 y desde Jesbón hasta Ramat Hammispá y Betonim, y desde Majanáyim hasta el territorio de Lo Debar;

27 y en el valle: Bet Jaram, Bet Nimrá, Sukkot, Safón - el resto del reino de Sijón, rey de Jesbón -, el Jordán y el territorio hasta la punta del mar de Kinnéret, al lado oriental del Jordán.

28 Esta fue la heredad de los hijos de Gad por clanes: las ciudades y sus aldeas.

29 A la media tribu de Manasés le había dado Moisés una parte conforme a sus clanes.

30 Su territorio comprendía, desde Majanáyim, todo el Basán, todos los Aduares de Yaír en Basán: sesenta ciudades;

31 la mitad de Galaad, Astarot y Edreí, ciudades del reino de Og en Basán. Pasaron a ser de los hijos de Makir, hijo de Manasés, de la mitad de los hijos de Makir por clanes.

32 Esto fue lo que repartió en heredad Moisés en las Estepas de Moab, al otro lado del Jordán, al oriente de Jericó.

33 Pero Moisés no dio heredad a la tribu de Leví: Yahveh, el Dios de Israel, es su heredad, como se lo había dicho.

Reflexión del capítulo 13

Siendo ya viejo Josué, queda todavía tierra por conquistar. El Señor le recuerda que, aunque su espada no lo tomó todo, Él mismo desterra a los pueblos restantes; y dispone el reparto de la heredad de las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés al este del Jordán, tal como Moisés lo había ordenado. El capítulo enseña que la promesa se cumple por etapas y que la fidelidad de Dios no falla aunque el esfuerzo humano sea parcial. La tierra no conquistada totalmente será prueba y escuela para Israel. Para el creyente, esto recuerda que la santidad es camino, no estado instantáneo: queda terreno por ganar en el corazón, pero Dios completa lo que comenzamos. La herencia recibida gratuitamente invita a vivir como huéspedes de la tierra, no como dueños absolutos. La obediencia a Moisés y a Josué muestra la unidad de la obra de Dios a través de sus enviados.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy acepta con paz que tu avance es parcial y confía en que Dios completa lo que tú no alcanzas. Como gesto, retoma una tarea de bien que dejaste a medias y dale un paso concreto hoy.

Oración

Señor, tú cumples tu promesa aunque mi esfuerzo sea incompleto. Completa en mí lo que falta y hazme fiel hasta el fin de mi heredad. Amén.

Acerca del libro de Josué

Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.

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