Josué

Antiguo Testamento | 24 capítulos | 658 versículos

Jos

Capítulo 3

1 Josué se levantó de mañana, partieron de Sittim y llegaron hasta el Jordán, él y todos los israelitas. Allí pernoctaron antes de pasar.

2 Al cabo de tres días, los escribas pasaron por medio del campamento

3 y dieron al pueblo esta orden: «Cuando veáis el arca de la alianza de Yahveh vuestro Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras ella,

4 para que sepáis qué camino habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca hasta ahora por este camino. Pero que haya entre vosotros y el arca una distancia de unos 2.000 codos: no os acerquéis.»

5 Josúe dijo al pueblo: «Purificaos, porque mañana Yahveh va a obrar maravillas en medio de vosotros.»

6 Y dijo Josué a los sacerdotes: «Tomad el arca de la alianza y pasad al frente del pueblo.» Ellos tomaron el arca de la alianza y partieron al frente del pueblo.

7 Yahveh dijo a Josué: «Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que, lo mismo que estuve con Moisés, estoy contigo.

8 Tú darás esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: "En cuanto lleguéis a la orilla del agua del Jordán, os pararéis en el Jordán."»

9 Josué dijo a los Israelitas: «Acercaos y escuchad las palabras de Yahveh vuestro Dios.»

10 Y dijo Josué: «En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que arrojará ciertamente de delante de vosotros al cananeo, al hitita, al jivita, al perizita, al guirgasita, al amorreo y al jebuseo.

11 He aquí que el arca de Yahveh, Señor de toda la tierra, va a pasar el Jordán delante de vosotros.

12 Escoged, pues, doce hombres de las tribus de Israel, un hombre por cada tibu.

13 En cuanto las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Yahveh, Señor de toda la tierra, pisen las aguas del Jordán, las aguas del Jordán las que vienen de arriba, quedarán cortadas y se pararán formando un solo bloque.»

14 Cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban el arca de la alianza a la cabeza del pueblo.

15 Y en cuanto los que llevaban el arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas, y el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega,

16 las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia, en Adam, la ciudad que está al lado de Sartán, mientras que las que bajaban hacia el mar de la Arabá, o mar de la Sal, se separaron por completo, y el pueblo pasó frente a Jericó.

17 Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahveh se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta que toda la gente acabó de pasar el Jordán.

Reflexión del capítulo 3

El pueblo se acerca al Jordán y, tras tres días de preparación y la presencia del arca de la alianza al frente, las aguas se detienen milagrosamente cuando los sacerdotes pisan el río. Israel cruza en seco, como antaño en el mar Rojo, recordando que la salvación es obra de Dios y no del esfuerzo humano. El arca, signo de la presencia divina, va por delante y las aguas cortadas se levantan en enorme masa. Este paso es un nuevo éxodo y un rito de nacimiento: el desierto termina y comienza la tierra. Para el cristiano, el Jordán evoca el bautismo, donde las aguas se vuelven umbral de vida nueva, y la cruz de Cristo, que abre el paso a la promesa. El relato enseña que Dios abre camino cuando avanzamos con fe, aun sin ver la orilla. La obediencia de los sacerdotes, firmes en medio del cauce, sostiene el milagro de todo el pueblo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy da un paso de fe aunque no veas el resultado: perdona, comienza una obra buena o rompe un hábito, confiando en que Dios detiene las aguas. Avanza; Él abrirá el camino.

Oración

Señor, tú secaste el Jordán ante el arca. Abre hoy los caminos cerrados de mi vida y hazme avanzar con fe hacia tu promesa. Amén.

Acerca del libro de Josué

Josué es el primer libro histórico de la Biblia y la continuación inmediata del Pentateuco: narra la entrada de Israel en la Tierra Prometida bajo el mando de Josué, sucesor de Moisés. Su nombre, Yehoshúa, significa 'el Señor salva', y es la forma hebrea de Jesús, lo que la tradición cristiana ha leído como anuncio del Salvador. Compuesto a partir de antiguas tradiciones tribales y redactado en forma definitiva durante el período monárquico o postexílico, el libro combina relato de conquista, reparto del territorio y discursos de alianza. Su contexto es el final de la peregrinación por el desierto y el comienzo de la vida como pueblo asentado en Canaán, en torno al siglo XIII a.C. Los temas centrales son la fidelidad de Dios a su promesa, la obediencia a su ley como condición de la victoria, y la tierra como don gratuito, no mérito militar. Josué ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque muestra que el Señor combate por su pueblo y que la verdadera herencia es la comunión con él. Para leerlo hoy en oración conviene evitar la lectura literalista de la violencia y descubrir su mensaje de confianza: Dios abre caminos donde todo parece cerrado y nos introduce en la 'tierra' de la vida nueva que Cristo nos conquista. La Iglesia ve en Josué una figura de Cristo, el verdadero conductor que nos hace entrar en el descanso de Dios.

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