I Samuel

Antiguo Testamento | 31 capítulos | 811 versículos

1 Sam

Capítulo 19

1 Saúl dijo a su hijo Jonatán y a todos sus servidores que haría morir a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David,

2 y avisó Jonatán a David diciéndole: «Mi padre Saúl te busca para matarte. Anda sobre aviso mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y escóndete.

3 Yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo, donde tú estés, y hablaré por ti a mi padre; veré lo que hay y te avisaré.»

4 Habló Jonatán a Saúl su padre en favor de David y dijo: «No peque el rey contra su siervo David, porque él no ha pecado contra ti, sino que te ha hecho grandes servicios.

5 Puso su vida en peligro, mató al filisteo y concedió Yahveh una gran victoria para todo Israel. Tú lo viste y te alegraste. ¿Por qué, pues, vas a pecar contra sangre inocente haciendo morir a David sin motivo?»

6 Escuchó Saúl las palabras de Jonatán y juró: «¡Vive Yahveh!, no morirá.»

7 Llamó entonces Jonatán a David, le contó todas estas palabras y llevó a David donde Saúl, y se quedó a su servicio como antes.

8 Reanudada la guerra, partió David para combatir a los filisteos, les causó una gran derrota y huyeron ante él.

9 Se apoderó de Saúl un espíritu malo de Yahveh; estaba sentado en medio de la casa con su lanza en su mano y David tocaba.

10 Intentó Saúl clavar con su lanza a David en la pared; esquivó David a Saúl y la lanza se clavó en la pared; huyó David y se puso a salvo. Aquella misma noche

11 envió Saúl gente a la casa de David para vigilarle y matarle por la mañana, pero su mujer Mikal advirtió a David: «Si no te pones a salvo esta misma noche, mañana morirás.»

12 Mikal hizo bajar a David por la ventana. El partió y huyó poniéndose a salvo.

13 Tomó Mikal uno de los terafim y lo puso en el lecho, colocó una estera de pelos de cabra a la cabecera y la cubrió con un vestido.

14 Cuando Saúl mandó gente para prender a David, ella dijo: «Está enfermo.»

15 Pero Saúl envió de nuevo los emisarios para ver a David y les dijo: «Traédmelo en su lecho, para matarlo.»

16 Entraron los enviados y hallaron un terafim en el lecho y la estera de pelos de cabra en la cabecera.

17 Dijo Saúl a Mikal: «¿Por qué me has engañado y has dejado escapar a mi enemigo para que se salve?» Respondió Mikal a Saúl: «El me dijo: déjame escapar o te mato.»

18 Huyó, pues, David y se puso a salvo, yéndose a donde Samuel, en Ramá, y le contó cuanto Saúl le había hecho. Después, él y Samuel se fueron a habitar en las celdas.

19 Avisaron a Saúl: «Mira, David está en las celdas de Ramá.»

20 Mandó Saúl emisarios para prender a David; vieron éstos la agrupación de los profetas en trance de profetizar, con Samuel a la cabeza. Vino sobre los emisarios de Saúl el espíritu de Dios y también ellos se pusieron en trance.

21 Se lo comunicaron a Saúl y envió nuevos emisarios que también se pusieron en trance. Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez y también éstos se pusieron en trance.

22 Entonces partió él mismo para Ramá y llegó a la gran cisterna de la era que está en Seku y preguntó: «¿Dónde están Samuel y David?», y le dijeron: «Están en las celdas de Ramá.»

23 Se fue de allí a las celdas de Ramá y vino también sobre él el espíritu de Dios e iba caminando en trance hasta que llegó a las celdas de Ramá.

24 También él se quitó sus vestidos y se puso en trance profético ante Samuel, y quedó desnudo en tierra todo aquel día y toda aquella noche, por lo que se suele decir: «¿Conque también Saúl entre los profetas?»

Reflexión del capítulo 19

La persecución se vuelve abierta: Saúl dice a su hijo y a sus servidores que dará muerte a David. Y en ese momento se ve la grandeza de Jonatán, que amaba mucho a David y arriesga su lugar ante el rey para defenderlo. Habla bien de él a su padre, le recuerda que David no ha pecado contra él y que puso su vida en peligro matando al filisteo. Y Saúl, por un momento, cede y jura: «¡Vive Yahveh!, no morirá».

Pero la tregua dura poco. Reanudada la guerra, David vence de nuevo, y el espíritu malo vuelve sobre Saúl. Otra vez la lanza contra la pared, otra vez la huida. Esta vez interviene Mikal, la hija del rey y mujer de David, que lo descolgó por la ventana para ponerlo a salvo y engañó a su padre con un terafim metido en el lecho y una estera de pelos de cabra en la cabecera.

David huye entonces a Ramá, donde Samuel, y el capítulo termina con una escena sorprendente: Saúl envía tres veces emisarios para prenderlo, y los tres se ponen a profetizar; después va él mismo, y también el espíritu de Dios viene sobre él, de modo que se despoja de sus vestidos y queda en trance todo un día y una noche.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Si tienes influencia sobre alguien con poder, no calles cuando ese poder se usa injustamente: defiende al que no puede defenderse, como Jonatán. Y cuando te sientas perseguido o incomprendido, recuerda que Dios sabe proteger a los suyos por caminos insospechados, sin necesidad de ejércitos. Confía en él y sigue haciendo el bien. Decir la verdad ante el poderoso también es un acto de fe.

Oración

Señor, que proteges a los perseguidos: danos la valentía de Jonatán para defender al inocente y la astucia prudente de quien sabe cuidar la vida. Que confiemos en tu protección más que en nuestras estrategias. Amén.

Acerca del libro de I Samuel

El Primer Libro de Samuel narra el nacimiento de la monarquía en Israel, desde los últimos años del tiempo de los Jueces hasta la muerte de Saúl en el monte Gelboé. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de Samuel. Es un relato de transición: el pueblo pasa de ser gobernado por jueces y profetas a tener un rey como las demás naciones, y en ese paso se juega su fidelidad a Yahveh.

Tres figuras dominan el libro. Samuel, hijo de Ana y Elcaná, consagrado a Dios desde niño en Silo, es el último juez y el primer gran profeta: escucha la voz de Dios y unge reyes. Saúl, el benjaminita alto y apuesto, es el rey que el pueblo pide y que Dios concede; empieza con humildad, pero su impaciencia y su desobediencia lo llevan al rechazo. Y David, el pastor de Belén, el menor de los hijos de Jesé, es el ungido escondido, el elegido según el corazón de Dios, perseguido durante años por el rey que debería suceder.

Los grandes temas del libro son la escucha de la palabra de Dios —«Habla, que tu siervo escucha»—, la obediencia que vale más que los sacrificios, la unción como don del Espíritu, la amistad fiel de David y Jonatán, y la paciencia de quien se niega a tomarse la justicia por su mano y respeta al ungido del Señor.

Para la fe católica, este libro ilumina la historia de la salvación. David, el rey ungido y perseguido, prefigura a Cristo, el Mesías, hijo de David; y Samuel abre la larga línea de los profetas que hablan en nombre de Dios. La pregunta del libro sigue siendo la nuestra: ¿a quién obedeceremos, a Dios o a nuestro propio criterio?

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