I Samuel
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 811 versículos
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Capítulo 28 de 31Capítulo 28
1 Por aquellos días reunieron los filisteos sus tropas para ir a la guerra contra Israel; Akís dijo a David: «Bien sabes que debes venir a la guerra conmigo, tú y tus hombres.»
2 Respondió David a Akís: «Ahora vas a saber bien lo que va a hacer tu servidor.» Dijo Akís a David: «Con seguridad te haré mi guardia personal para siempre.»
3 Samuel había muerto, todo Israel le había llorado y fué sepultado en Ramá, su ciudad. Saúl había echado del país a los nigromantes y adivinos.
4 Habiéndose reunido los filisteos vinieron a acampar en Sunem. Reunió Saúl a todo Israel y acampó en Gelboé.
5 Vio Saúl el campamento de los filisteos y tuvo miedo, temblando sobremanera su corazón.
6 Consultó Saúl a Yahveh, pero Yahveh no le respondió ni por sueños ni por los urim , ni por los profetas.
7 Dijo Saúl a sus servidores: «Buscadme una nigromante para que vaya a consultarla.» Dijéronle sus servidores: « Aquí mismo, en Endor, hay una nigromante.»
8 Se disfrazó Saúl poniéndose otras ropas y fue con dos de sus hombres; llegó donde la mujer de noche y dijo: «Adivíname por un muerto y evócame el que yo te diga.»
9 La mujer le respondió: «Bien sabes lo que hizo Saúl, que suprimió de esta tierra a los nigromantes y adivinos. ¿Por qué tiendes un lazo a mi vida para hacerme morir?»
10 Saúl juró por Yahveh diciendo: «¡Vive Yahveh! Ningún castigo te vendrá por este hecho.»
11 La mujer dijo: «¿A quién debo invocar para ti?» Respondió: «Evócame a Samuel.»
12 Vio entonces la mujer a Samuel y lanzó un gran grito. Dijo la mujer a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl¡»
13 El rey le dijo: «No temas, pero ¿qué has visto?» La mujer respondió a Saúl: «Veo un espectro que sube de la tierra.»
14 Saúl le preguntó: «¿Qué aspecto tiene?» Ella respondió: «Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto.» Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró.
15 Samuel dijo a Saúl: «¿Por qué me perturbas evocándome?» Respondió Saúl: «Estoy en grande augustia; los filisteos mueven guerra contra mí, Dios se ha apartado de mí y ya no me responde ni por los profetas ni en sueños. Te he llamado para que me indiques lo que debo hacer.»
16 Dijo Samuel: «¿Para qué me consultas si Yahveh se ha separado de ti y se ha pasado a otro?
17 Yahveh te ha cumplido lo que dijo por mi boca: ha arrancado Yahveh el reino de tu mano y se lo ha dado a otro, a David,
18 porque no oíste la indignación de su ira contra Amalec. Por eso te trata hoy Yahveh de esta manera.
19 También a Israel entregará Yahveh en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo. Yahveh ha entregado también el ejército de Israel en manos de los filisteos.»
20 Al instante Saúl cayó en tierra cuan largo era. Estaba aterrado por las palabras de Samuel: se hallaba, además, sin fuerzas, porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.
21 Acercóse la mujer donde Saúl, y viendo que estaba tan conturbado, le dijo: «Tu sierva ha escuchado tu voz y he puesto mi vida en peligro por obedecer las órdenes que me diste.
22 Escucha, pues, tú también la voz de tu sierva y permíteme que te sirva un bocado de pan para que comas y tengas fuerzas para ponerte en camino.»
23 Saúl se negó diciendo: «No quiero comer.» Pero sus servidores, a una con la mujer, le insistieron hasta que accedió. Se levantó del suelo y se sentó en el diván.
24 Tenía la mujer en casa un ternero cebado y se apresuró a degollarlo. Tomó harina, la amasó y coció unos ázimos.
25 Lo sirvió a Saúl y sus servidores, comieron y levantandose se marcharon aquella misma noche.
Reflexión del capítulo 28
El capítulo es uno de los más sombríos del libro. Los filisteos se concentran para la guerra, y Saúl, al ver su campamento, tiene miedo y su corazón tiembla. Consulta a Yahveh, pero Yahveh no le responde ni por sueños, ni por los urim, ni por los profetas.
Entonces Saúl hace lo que él mismo había prohibido en el país: busca una nigromante. Se disfraza, va de noche a Endor y le pide que evoque a Samuel. La mujer, al ver al profeta, grita y descubre que se trata del rey. Y Samuel, evocado, pronuncia la sentencia definitiva: Yahveh se ha separado de ti y se ha pasado a otro; ha arrancado el reino de tu mano y lo ha dado a David, porque no obedeciste en el asunto de Amalec. Y añade la noticia más dura: mañana tú y tus hijos estaréis conmigo.
Saúl cae en tierra cuan largo era, aterrado y sin fuerzas, pues no había comido en todo el día. Y hay un detalle de humanidad inesperada: la mujer de Endor, a la que él había puesto en peligro, le insiste para que coma, le prepara un ternero cebado y unos panes ácimos, y lo hace levantar.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
No esperes a la angustia extrema para buscar a Dios: cultiva hoy la relación, cuando todavía hay tiempo y no hay urgencia, porque la fe se construye en lo ordinario. Y no desprecies a nadie por su oficio o su pasado: la mujer de Endor, a la que la ley condenaba, dio a Saúl la última muestra de compasión de su vida.
Oración
Señor, que te dejas encontrar por quien te busca a tiempo: no permitas que lleguemos a buscarte solo en la desesperación. Danos fidelidad en lo ordinario, y un corazón compasivo que no desprecie a nadie, como tú no nos desprecias. Amén.
Acerca del libro de I Samuel
El Primer Libro de Samuel narra el nacimiento de la monarquía en Israel, desde los últimos años del tiempo de los Jueces hasta la muerte de Saúl en el monte Gelboé. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de Samuel. Es un relato de transición: el pueblo pasa de ser gobernado por jueces y profetas a tener un rey como las demás naciones, y en ese paso se juega su fidelidad a Yahveh.
Tres figuras dominan el libro. Samuel, hijo de Ana y Elcaná, consagrado a Dios desde niño en Silo, es el último juez y el primer gran profeta: escucha la voz de Dios y unge reyes. Saúl, el benjaminita alto y apuesto, es el rey que el pueblo pide y que Dios concede; empieza con humildad, pero su impaciencia y su desobediencia lo llevan al rechazo. Y David, el pastor de Belén, el menor de los hijos de Jesé, es el ungido escondido, el elegido según el corazón de Dios, perseguido durante años por el rey que debería suceder.
Los grandes temas del libro son la escucha de la palabra de Dios —«Habla, que tu siervo escucha»—, la obediencia que vale más que los sacrificios, la unción como don del Espíritu, la amistad fiel de David y Jonatán, y la paciencia de quien se niega a tomarse la justicia por su mano y respeta al ungido del Señor.
Para la fe católica, este libro ilumina la historia de la salvación. David, el rey ungido y perseguido, prefigura a Cristo, el Mesías, hijo de David; y Samuel abre la larga línea de los profetas que hablan en nombre de Dios. La pregunta del libro sigue siendo la nuestra: ¿a quién obedeceremos, a Dios o a nuestro propio criterio?
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