I Samuel
Antiguo Testamento | 31 capítulos | 811 versículos
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Capítulo 8 de 31Capítulo 8
1 Cuando Samuel se hizo viejo, puso a sus hijos como jueces en Israel.
2 Su primogénito se llamaba Joel y el otro, Abías; juzgaban en Israel en Berseba.
3 Pero sus hijos no siguieron su camino: fueron atraídos por el lucro, aceptaron regalos y torcieron el derecho.
4 Se reunieron, pues, todos los ancianos de Israel y se fueron donde Samuel a Ramá,
5 y le dijeron: «Mira, tú te has hecho viejo y tus hijos no siguen tu camino. Pues bien, ponnos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.»
6 Disgustó a Samuel que dijeran: «Danos un rey para que nos juzgue» e invocó a Yahveh. .
7 Pero Yahveh dijo a Samuel: «Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos.
8 Todo lo que ellos me han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, te han hecho también a ti.
9 Escucha, sin embargo, su petición. Pero les advertirás claramente y les enseñarás el fuero del rey que va a reinar sobre ellos.»
10 Samuel repitió todas estas palabras de Yahveh al pueblo que le pedía un rey,
11 diciendo: «He aquí el fuero del rey que va a reinar sobre vosotros. Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus caballos y tendrán que correr delante de su carro.
12 Los empleará como jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros.
13 Tomara vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.
14 Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores.
15 Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores.
16 Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros mejores bueyes y asnos y les hará trabajar para él.
17 Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus esclavos.
18 Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yahveh no os responderá.»
19 El pueblo no quiso eschuchar a Samuel y dijo: «¡No! Tendremos un rey
20 y nosotros seremos también como los demás pueblos: nuestro rey nos juzgará, irá al frente de nosotros y combatirá nuestros combates.»
21 Oyó Samuel todas las palabras del pueblo y las repitió a los oídos de Yahveh.
22 Pero Yahveh dijo a Samuel: «Hazles caso y ponles un rey.» Samuel dijo entonces a todos los hombres de Israel: «Volved cada uno a vuestra ciudad.»
Reflexión del capítulo 8
Samuel envejece y pone a sus hijos como jueces, pero ellos no siguen su camino: se dejan llevar por el lucro, aceptan regalos y tuercen el derecho. Es una escena que se repite en la historia: el hombre fiel no siempre transmite su fidelidad, y los hijos de los grandes profetas pueden ser jueces corruptos. Ante ese vacío, los ancianos de Israel se reúnen y piden a Samuel un rey «como todas las naciones».
A Samuel le disgusta la petición, y Dios le revela por qué: «No te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos». El pueblo no solo quiere un cambio de gobierno; quiere dejar de depender de Dios. Y Yahveh, respetando su libertad, concede lo que piden, pero les advierte con crudeza cuál será el «fuero del rey»: tomará vuestros hijos para sus carros, vuestras hijas para sus cocinas, vuestros campos y viñas, el diezmo de vuestras cosechas, vuestros criados y vuestros rebaños; y vosotros mismos seréis sus esclavos.
Es un texto de una lucidez política asombrosa: el poder absoluto se alimenta de los que lo sostienen. Y el pueblo, aun advertido, insiste: «¡No! Tendremos un rey y nosotros seremos también como los demás pueblos». El capítulo no condena sin más la monarquía, pero deja claro que Israel la pide por el motivo equivocado: no para servir mejor a Dios, sino para parecerse a los demás y sentirse seguro.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina por qué motivo deseas lo que deseas: ¿buscas la voluntad de Dios o simplemente parecerte a los demás y sentirte seguro? Y si tienes responsabilidad sobre otros, recuerda que el poder sirve y no se sirve de las personas. Elige hoy servir, aunque nadie te lo reconozca. Dios es tu verdadero Rey. Pide a Dios un corazón conforme al suyo y no al de los demás.
Oración
Señor, tú eres nuestro verdadero Rey: líbranos de querer parecernos a los demás y de buscar seguridades que nos alejan de ti. Danos libertad para desearte a ti por encima de todo, y humildad para servir a quienes nos has confiado. Amén.
Acerca del libro de I Samuel
El Primer Libro de Samuel narra el nacimiento de la monarquía en Israel, desde los últimos años del tiempo de los Jueces hasta la muerte de Saúl en el monte Gelboé. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de Samuel. Es un relato de transición: el pueblo pasa de ser gobernado por jueces y profetas a tener un rey como las demás naciones, y en ese paso se juega su fidelidad a Yahveh.
Tres figuras dominan el libro. Samuel, hijo de Ana y Elcaná, consagrado a Dios desde niño en Silo, es el último juez y el primer gran profeta: escucha la voz de Dios y unge reyes. Saúl, el benjaminita alto y apuesto, es el rey que el pueblo pide y que Dios concede; empieza con humildad, pero su impaciencia y su desobediencia lo llevan al rechazo. Y David, el pastor de Belén, el menor de los hijos de Jesé, es el ungido escondido, el elegido según el corazón de Dios, perseguido durante años por el rey que debería suceder.
Los grandes temas del libro son la escucha de la palabra de Dios —«Habla, que tu siervo escucha»—, la obediencia que vale más que los sacrificios, la unción como don del Espíritu, la amistad fiel de David y Jonatán, y la paciencia de quien se niega a tomarse la justicia por su mano y respeta al ungido del Señor.
Para la fe católica, este libro ilumina la historia de la salvación. David, el rey ungido y perseguido, prefigura a Cristo, el Mesías, hijo de David; y Samuel abre la larga línea de los profetas que hablan en nombre de Dios. La pregunta del libro sigue siendo la nuestra: ¿a quién obedeceremos, a Dios o a nuestro propio criterio?
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