Mateo
Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos
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Capítulo 12 de 28Capítulo 12
1 En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
2 Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.»
3 Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?
5 ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa?
6 Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo.
7 Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa.
8 Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»
9 Pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos.
10 Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle.
11 El les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca?
12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»
13 Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana como la otra.
14 Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.
15 Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.
16 Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran;
17 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
18 He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones.
19 No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz.
20 La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio:
21 en su nombre pondrán las naciones su esperanza.
22 Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.
23 Y toda la gente atónita decía: «¿No será éste el Hijo de David?»
24 Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul, Príncipe de los demonios.»
25 El, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir.
26 Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir su reino?
27 Y si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.
29 «O, ¿cómo puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.
30 «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31 «Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.
32 Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.
33 «Suponed un árbol bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 Raza de víboras, ¿cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas.
36 Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio.
37 Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
38 Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti.»
39 Mas él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás.
40 Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.
41 Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
42 La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
43 «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra.
44 Entonces dice: "Me volveré a mi casa, de donde salí." Y al llegar la encuentra desocupada, barrida y en orden.
45 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. Así le sucederá también a esta generación malvada.»
46 Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.
47 Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
48 Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
49 Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50 Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
Reflexión del capítulo 12
Los fariseos acusan a los discípulos de violar el sábado por arrancar espigas, y Jesús responde recordando a David y a los sacerdotes del Templo: hay algo mayor que el Templo, y el Hijo del hombre es señor del sábado. En la sinagoga sana la mano seca de un hombre, argumentando que vale más un hombre que una oveja y que es lícito hacer bien en sábado; ante esto los fariseos deciden eliminarle. Mateo aplica a Jesús el cántico del Siervo de Isaías: no quebrará la caña cascada ni apagará la mecha humeante, imagen de su misericordia con los débiles. Al ser acusado de expulsar demonios por Beelzebul, responde que un reino dividido no subsiste y advierte que la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Enseña que de lo que rebosa el corazón habla la boca y que daremos cuenta de toda palabra ociosa. Pide la señal de Jonás, anuncia su sepultura de tres días y declara que su verdadera familia es quien cumple la voluntad del Padre.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Vigila hoy tus palabras, sobre todo las dichas a la ligera, recordando que revelan lo que hay en tu corazón. Y haz el bien sin esperar el momento «adecuado»: la caridad no se posterga.
Oración
Señor del sábado y de la vida, limpia nuestro corazón para que de él broten palabras buenas. Danos misericordia con los débiles y firmeza para no atribuir al mal la obra de tu Espíritu. Amén.
Acerca del libro de Mateo
El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.
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