Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 2

1 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,

2 diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»

3 En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.

4 Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.

5 Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:

6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.»

7 Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.

8 Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»

9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.

10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.

11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

12 Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

13 Después que ellos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»

14 El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;

15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

16 Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.

17 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:

18 Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

19 Muerto Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:

20 «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»

21 El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.

22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,

23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: Será llamado Nazoreo.

Reflexión del capítulo 2

Unos magos llegados de Oriente irrumpen en Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos que ha nacido, guiados por una estrella. Su búsqueda contrasta con la de Herodes, que se sobresalta y sólo quiere información para eliminar al rival. Es significativo que los sumos sacerdotes y escribas sepan de memoria dónde debía nacer el Mesías —Belén, según el profeta Miqueas— y, sin embargo, no den un solo paso para ir a verlo. Conocen la respuesta, pero no se mueven. Los magos, en cambio, son extranjeros y caminan; se postran ante el niño y le ofrecen oro, incienso y mirra, signos de realeza, divinidad y pasión. Después viene la sombra: Herodes desata la matanza de los inocentes y Raquel llora en Ramá. José, avisado en sueños, huye a Egipto con María y el niño, repitiendo el éxodo del pueblo elegido. El episodio nos muestra que acoger a Cristo siempre exige una decisión: o se le busca con sinceridad y se le adora, o se le teme y se le combate. También nos recuerda que el mal persigue al inocente, pero no puede frustrar el plan de Dios, que conduce a su Hijo de Egipto a Nazaret.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina si, como los escribas, conoces mucho de Dios pero no te mueves hacia Él. Da un paso concreto esta semana: visita al Santísimo, ayuda a una familia necesitada o defiende a un inocente. La fe verdadera siempre pone en camino.

Oración

Señor, danos la perseverancia de los magos para buscarte sin cansancio y la docilidad de José para proteger la vida que nos confías. Que nunca seamos sabios inmóviles, sino adoradores en camino. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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