Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 18

1 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?»

2 El llamó a un niño, le puso en medio de ellos

3 y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.

4 Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.

5 «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.

6 Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.

7 ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!

8 «Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno.

9 Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego.

10 «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada?

13 Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las 99 no descarriadas.

14 De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.

15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.

17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

18 «Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.

20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

21 Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?»

22 Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»

23 «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.

24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos.

25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase.

26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré."

27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes."

29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré."

30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.

31 Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.

32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste.

33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?"

34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.

35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»

Reflexión del capítulo 18

Los discípulos preguntan quién es el mayor en el Reino, y Jesús coloca a un niño en medio: quien se haga pequeño como él, ese es el mayor. La humildad infantil, no la inocencia, sino la dependencia, es la medida del discípulo. Sigue la parábola de la oveja extraviada: el Padre no quiere que se pierda ni uno de los pequeños. Luego vienen normas de la vida comunitaria: si tu hermano peca, corrígelo a solas, luego con testigos, y finalmente con la Iglesia; donde dos o tres se reúnen en su nombre, Él está. Pedro pregunta cuántas veces perdonar; Jesús responde setenta veces siete, y narra la parábola del siervo cruel: perdonado de una deuda inmensa, ahoga a su deudor por una cifra mínima y es entregado al tormento. El capítulo es la carta magna de la corrección fraterna y del perdón sin límite. Nos enseña que la comunidad cristiana se edifica sobre la misericordia mutua y la pequeñez. El perdón no es opcional, sino la condición para ser perdonados por el Padre.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy practica la corrección fraterna con delicadeza y el perdón sin medida. Si alguien te ofendió, suéltalo de corazón y deja atrás el rencor; y si sientes que debes hablar con un hermano, hazlo en privado y con amor, imitando la inmensa misericordia que el Padre ha tenido contigo. Así se edifica una comunidad de hijos pequeños.

Oración

Señor, danos la humildad del niño y un corazón que perdone siempre, como tú nos perdonas. Que tu Iglesia sea escuela de misericordia y de corrección hecha con amor, donde nadie se pierda de tu rebaño. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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