Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 17

1 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.

2 Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.

4 Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.»

6 Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.

7 Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.»

8 Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.

9 Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»

10 Sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?»

11 Respondió él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo.

12 Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.»

13 Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

14 Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él,

15 le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.

16 Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.»

17 Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!

18 Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.

19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?

20 Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará, y nada os será imposible.»

22 Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres;

23 le matarán, y al tercer día resucitará.» Y se entristecieron mucho.

24 Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?»

25 Dice él: «Sí.» Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?»

26 Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.

27 Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti.»

Reflexión del capítulo 17

Seis días después, Jesús sube a un monte alto con Pedro, Santiago y Juan, y se transfigura: su rostro resplandece como el sol y sus vestiduras blanquean. Moisés y Elías aparecen conversando con él, signo de que la Ley y los Profetas dan testimonio de su gloria. La voz del Padre desde la nube repite: este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle. El relato prepara a los discípulos para la pasión: la cruz no contradice la gloria, sino que la revela. Al bajar, Jesús cura al muchacho epiléptico que los discípulos no pudieron sanar; les explica que esa clase de demonios sale solo con oración y ayuno. Luego anuncia de nuevo su entrega y predice, con asombro de Pedro, el pago del tributo del templo mediante una moneda en la boca de un pez. La transfiguración es luz para nuestras tinieblas: Dios nos permite vislumbrar la meta para sostenemos en el camino. También enseña que la oración y el ayuno abren lo que la técnica religiosa no alcanza. Contemplar a Cristo transfigurado aviva la esperanza de nuestra propia resurrección.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Busca hoy un instante de transfiguración: un momento de silencio orante ante el rostro de Cristo, aunque sea breve. Y si enfrentas una dificultad que sientes insoluble o estéril, recurre a la oración confiada y, si puedes, a un pequeño ayuno, creyendo que Dios puede obrar lo que tu esfuerzo solo no alcanza. La fe abre lo que la técnica no logra.

Oración

Padre, en la transfiguración revelaste a tu Hijo amado; danos escucharle y contemplar su gloria para resistir en la cruz. Que nuestra oración y nuestro ayuno nos abran a tu poder y aviven la esperanza de nuestra resurrección. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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