Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 24

1 Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.

2 Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.»

3 Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo.»

4 Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie.

5 Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo", y engañarán a muchos.

6 Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.

7 Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos.

8 Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.

9 «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.

10 Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.

11 Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.

12 Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.

13 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

14 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.

15 «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),

16 entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;

17 el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;

18 y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto.

19 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!

20 Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado.

21 Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla.

22 Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.

23 «Entonces, si alguno os dice: "Mirad, el Cristo está aquí o allí , no lo creáis.

24 Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.

25 ¡Mirad que os lo he predicho!

26 «Así que si os dicen: "Está en el desierto", no salgáis; "Está en los aposentos", no lo creáis.

27 Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre.

28 Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.

29 «Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.

31 El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.

32 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

33 Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas.

34 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.

35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

36 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

37 «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.

38 Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca,

39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.

40 Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;

41 dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.

42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.

44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.

45 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?

46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.

47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.

48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: "Mi señor tarda",

49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,

50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,

51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Reflexión del capítulo 24

Saliendo del templo, los discípulos admiran sus edificios; Jesús vaticina que no quedará piedra sobre piedra. Sentado en el monte de los Olivos, despliega el discurso escatológico: vendrán falsos cristos, guerras, hambrunas y terremotos, pero el fin no es todavía. La persecución golpeará a los discípulos, y la ley del amor se enfriará por el aumento de la maldad. Anuncia la abominación de la desolación y la gran tribulación, pero promete abreviar los días por los elegidos. La venida del Hijo del hombre será repentina, como el relámpago, y como en los días de Noé, sorprenderá a los distraídos. Jesús exhorta a la vigilancia: estad en vela, porque no sabéis el día. El capítulo no busca satisfacer la curiosidad sobre fechas, sino formar discípulos despiertos. La clave es la fidelidad en medio de la prueba y la esperanza serena: el que persevere hasta el fin se salvará. Para el creyente, el fin comienza ya en cada muerte y en la venida diaria de Cristo en la Eucaristía y en el hermano.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy vive en vigilancia sencilla: no dejes para mañana el bien que puedes hacer ahora, y no te dejes absorber por la angustia ante los acontecimientos del mundo. Renueva tu fe en la venida de Cristo y ordena una pequeña área de tu vida que tienes descuidada, disponiéndote a ser hallado fiel cuando él llegue.

Oración

Señor, danos estar en vela y perseverar en el amor cuando la caridad se enfría. Que tu venida no nos sorprenda distraídos, sino despiertos en la esperanza y la fidelidad, como quien aguarda al Esposo. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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