Mateo
Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos
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Capítulo 7 de 28Capítulo 7
1 «No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2 Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá.
3 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?
4 ¿O cómo vas a decir a tu hermano: "Deja que te saque la brizna del ojo", teniendo la viga en el tuyo?
5 Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.
6 «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.
7 «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
8 Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.
9 ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;
10 o si le pide un pez, le dé una culebra?
11 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
12 «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.
13 «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella;
14 mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.
15 «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?
17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.
18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.
19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.
20 Así que por sus frutos los reconoceréis.
21 «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.
22 Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
23 Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"
24 «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca:
25 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
26 Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena:
27 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»
28 Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina;
29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.
Reflexión del capítulo 7
El Sermón del Monte se cierra con enseñanzas que urgen a la decisión. Jesús prohíbe juzgar con dureza: quien mira la brizna en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio es un hipócrita; primero hay que convertirse uno mismo. Promete, en cambio, que quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre, porque el Padre da cosas buenas a sus hijos. Y formula la regla de oro: hacer a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran. Advierte que el camino de la vida es estrecho y que hay que elegirlo con libertad, y desenmascara a los falsos profetas: se les conoce por sus frutos, no por sus palabras, pues no basta decir «Señor, Señor», sino cumplir la voluntad del Padre. La imagen final es inolvidable: quien escucha estas palabras y las pone en práctica edifica sobre roca y resiste las tormentas; quien las oye y no las vive construye sobre arena y su ruina es grande. La gente queda asombrada porque Jesús enseña con autoridad divina.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Antes de criticar a alguien, examina tu propia conducta y reza por esa persona. Y elige una palabra de Jesús que aún no practicas, para edificarla hoy sobre roca y no sobre arena.
Oración
Señor, líbranos del juicio orgulloso y de la fe de palabras. Danos hambre de ti, confianza para pedir y valentía para construir nuestra vida sobre tu Palabra, que permanece para siempre. Amén.
Acerca del libro de Mateo
El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.
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