Mateo
Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos
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Capítulo 14 de 28Capítulo 14
1 En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,
2 y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
3 Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
4 Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.»
5 Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.
6 Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes,
7 que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.
8 Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
9 Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese,
10 y envió a decapitar a Juan en la cárcel.
11 Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.
12 Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.
14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
15 Al atardecer se le acercaron los discíplulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.»
16 Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»
17 Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
18 El dijo: «Traédmelos acá.»
19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
21 Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.
24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.
25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.
30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»
31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
32 Subieron a la barca y amainó el viento.
33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.
Reflexión del capítulo 14
El capítulo comienza con la conciencia inquieta de Herodes, que al oír hablar de Jesús cree que Juan el Bautista ha resucitado. Mateo recuerda entonces el martirio del Precursor: encarcelado por denunciar la unión ilegítima del rey con Herodías, Juan es decapitado por el capricho de un juramento y la danza de la hija de Herodías. La verdad pagó con la vida, pero la conciencia del rey quedó turbada. Al enterarse, Jesús busca un lugar solitario, pero la multitud lo sigue a pie; al verla, siente compasión, cura a los enfermos y multiplica cinco panes y dos peces hasta saciar a más de cinco mil hombres, con doce canastos de sobras. Después, de noche, camina sobre el mar hacia los discípulos zarandeados por el viento. Pedro se atreve a ir a su encuentro y, al mirar la fuerza del viento, comienza a hundirse: «¡Señor, sálvame!». Jesús lo sostiene y le pregunta por qué dudó. Al subir a la barca, el viento amaina y todos se postran: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando el viento de las dificultades te haga dudar, imita a Pedro y grita «Señor, sálvame» antes de hundirte. Mantén hoy la mirada en Cristo y no en la tormenta: cada vez que apartes los ojos de él, recuerda que su mano sigue tendida para sostenerte.
Oración
Señor, que caminas sobre las aguas, tiende tu mano cuando dudemos y danos la valentía de Pedro para ir hacia ti. Multiplica lo poco que somos y haz que saciemos a quienes tienen hambre. Amén.
Acerca del libro de Mateo
El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.
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