Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 4

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.

2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.

3 Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

4 Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,

6 y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»

7 Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»

8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,

9 y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»

10 Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»

11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.

13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;

14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:

15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!

16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.

17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»

18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,

19 y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.»

20 Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó.

22 Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó.

25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

Reflexión del capítulo 4

Después de su bautismo, Jesús es llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado. Cuarenta días de ayuno lo sitúan en la línea de Moisés y de Elías, y también en la de Israel, que fue probado cuarenta años en el desierto. El tentador ataca en tres frentes: el pan, que simboliza la necesidad material; el alero del Templo, que tienta con el espectáculo y la seguridad falsa; y los reinos del mundo, que ofrecen poder a cambio de idolatría. En cada ocasión Jesús responde con la Escritura, no con milagros: no sólo de pan vive el hombre, no tentarás al Señor, al Señor tu Dios adorarás. Vence no por fuerza, sino por confianza filial y obediencia. Rechazado el mal, los ángeles le sirven. Comienza entonces su ministerio en Galilea, tierra de Zabulón y Neftalí, donde el pueblo que vivía en tinieblas ve una gran luz. Y a la orilla del mar llama a Pedro, Andrés, Santiago y Juan, que dejan redes, barca y padre para seguirle. La escena nos enseña que Cristo llama en lo cotidiano y que su palabra tiene fuerza para transformar una vida entera.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Identifica tu tentación más insistente y respóndele con la Palabra, no con tus fuerzas. Memoriza un versículo esta semana y úsalo cuando llegue la prueba; además, deja hoy algo pequeño para seguir mejor a Cristo.

Oración

Jesús, vencedor de la tentación, fortalece nuestra voluntad débil y enséñanos a confiar en el Padre. Cuando el mal nos tiente, recuérdanos que tu gracia basta y que tú has vencido por nosotros. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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