Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 21

1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos,

2 diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.

3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»

4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:

5 Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.

6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:

7 trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.

8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9 Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

10 Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.

11 Y la gente decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»

12 Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.

13 Y les dijo: «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de bandidos!»

14 También en el Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó.

15 Mas los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron

16 y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen éstos?» «Sí - les dice Jesús -. ¿No habéis leído nunca que De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste alabanza?»

17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.

18 Al amanecer, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre;

19 y viendo una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que hojas. Entonces le dice: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!» Y al momento se secó la higuera.

20 Al verlo los discípulos se maravillaron y decían: «¿Cómo al momento quedó seca la higuera?»

21 Jesús les respondió: «Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que si aun decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar", así se hará.

22 Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.»

23 Llegado al Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?»

24 Jesús les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto.

25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: "Del cielo", nos dirá: "Entonces ¿por qué no le creísteis?"

26 Y si decimos: "De los hombres", tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta.»

27 Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

28 «Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: "Hijo, vete hoy a trabajar en la viña."

29 Y él respondió: "No quiero", pero después se arrepintió y fue.

30 Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: "Voy, Señor", y no fue.

31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios.

32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

33 «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.

34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.

36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.

37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán."

38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia."

39 Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.

40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

41 Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»

42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?

43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»

45 Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos.

46 Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

Reflexión del capítulo 21

Entrando en Jerusalén, Jesús monta un asna y un pollino, cumpliendo la profecía de Zacarías sobre el rey humilde. La multitud extiende mantos y ramos, gritando ¡Hosanna al Hijo de David! Es la aclamación regia, pero pobre y pacífica. En el templo, Jesús echa a los mercaderes y cambistas, denunciando la casa de oración convertida en cueva de ladrones; los niños siguen aclamándolo, y los sumos sacerdotes se indignan. Al día siguiente, al regresar hambriento, maldice la higuera estéril, que se seca; es una parábola viva sobre la fe y la oración que mueve montañas, y sobre el juicio a Israel infructuoso. Los jefes le preguntan con qué autoridad actúa; Él responde con otra pregunta sobre el bautismo de Juan, y ellos, acorralados, callan. El capítulo revela la confrontación creciente: la autoridad de Jesús no emana de los poderes religiosos, sino del Padre. Su gesto profético en el templo anuncia su realeza distinta. Para nosotros, la higuera es espejo: Dios pide frutos de conversión; la fe viva debe traducirse en obras y en un culto limpio de intereses.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy revisa tu templo interior: expulsa de tu corazón lo que lo ha convertido en mercado, distracciones, apego al dinero, rutina sin fe. Y cultiva un fruto concreto de caridad hacia alguien, pues el Señor no se contenta con hojas, sino que busca obras nacidas de una fe viva y agradecida. Que tu vida dé frutos de justicia.

Oración

Jesús, rey humilde y manso, limpia nuestro corazón de toda hipocresía y codicia. Danos fe que ore y obre, y que nuestra vida dé frutos de justicia para tu Reino, para gloria del Padre que te envió. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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