Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 15

1 Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen:

2 «¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las manos a la hora de comer.»

3 El les respondió: «Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

4 Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte.

5 Pero vosotros decís: El que diga a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda",

6 ése no tendrá que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios por vuestra tradición.

7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:

8 Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

9 En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.»

10 Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended.

11 No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.»

12 Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?»

13 El les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.

14 Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»

15 Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»

16 El dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?

17 ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado?

18 En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre.

19 Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias.

20 Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.»

21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.

22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»

23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.»

24 Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»

25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

26 El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»

27 «Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

28 Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

29 Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí.

30 Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó.

31 De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.

32 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»

33 Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?»

34 Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.»

35 El mandó a la gente acomodarse en el suelo.

36 Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente.

37 Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

38 Y los que habían comido eran 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

39 Despidiendo luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.

Reflexión del capítulo 15

Los fariseos y escribas de Jerusalén se escandalizan porque los discípulos no se lavan las manos antes de comer. Jesús da la vuelta a la acusación: ellos anulan el mandamiento de Dios con tradiciones humanas, como la de declarar «ofrenda» lo que debía sostener a los padres, burlando el «honra a tu padre y a tu madre». Cita a Isaías: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Y enseña una verdad profunda: no es lo que entra en la boca lo que contamina, sino lo que sale del corazón: intenciones malas, asesinatos, adulterios, robos, injurias. Después de esto, en la región de Tiro y Sidón, una mujer cananea insiste con humildad y fe para que cure a su hija endemoniada. Jesús alaba su respuesta —los perritos comen las migajas que caen de la mesa— y le concede el milagro, mostrando que la salvación se abre también a los paganos. El capítulo termina con la curación de muchos enfermos y la segunda multiplicación de los panes, ahora siete para cuatro mil.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuida tu corazón, pues de él brota lo que dices y haces; examina hoy una intención torcida y ofrécela al Señor. Y no te canses de insistir en la oración como la cananea, incluso cuando parezca que Dios calla.

Oración

Señor, purifica nuestro corazón de todo lo que nos mancha y enséñanos a honrarte con la vida, no sólo con los labios. Aumenta nuestra fe como la de la mujer cananea, que supo insistir y confiar sin desanimarse. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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