Mateo

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1067 versículos

Mt

Capítulo 23

1 Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos

2 y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.

3 Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.

4 Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas.

5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto;

6 quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,

7 que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".

8 «Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos.

9 Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo.

10 Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo.

11 El mayor entre vosotros será vuestro servidor.

12 Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.

13 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.

15 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!

16 «¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"

17 ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?

18 Y también: "Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado."

19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?

20 Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.

21 Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.

22 Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.

23 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.

24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

25 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!

26 ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!

27 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!

28 Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.

29 «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos,

30 y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"

31 Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.

32 ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

33 «¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?

34 Por eso, he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad,

35 para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el Santuario y el altar.

36 Yo os aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.

37 «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!

38 Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.

39 Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

Reflexión del capítulo 23

Jesús dirige a las multitudes y a los discípulos una serie de ayes contra escribas y fariseos, severos y solemnes. Reconoce que se sientan en la cátedra de Moisés y hay que obedecerles, pero reprende su hipocresía: cargan fardos pesados sobre otros y no los mueven ni con el dedo; hacen todo para ser vistos, aman los primeros puestos y los títulos. El que se ensalce, será humillado; el que se humille, será ensalzado. Los compara con sepulcros blanqueados, hermosos por fuera y llenos de podredumbre. Denuncia su celo proselitista que hace un hijo del infierno, y se lamenta sobre Jerusalén, que mata a los profetas y no quiere reunir a sus hijos como la gallina a sus polluelos. El capítulo es un grito contra la religiosidad vacía y la soberbia espiritual. Nos escuda, no para juzgar a otros, sino para examinar nuestro propio culto: ¿buscamos complacer a Dios o la admiración humana? La auténtica santidad es humilde, oculta y misericordiosa. El llanto de Jesús por Jerusalén revela un corazón de pastor que ama incluso a los que lo rechazan.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy examina honestamente tus motivos: ¿actúas para ser visto y aplaudido o para agradar a Dios en secreto? Evita la crítica juzgadora hacia los demás y, en cambio, realiza una buena obra oculta, sin buscar reconocimiento ni recompensa, imitando la humildad que Cristo alabó en el Padre. La santidad verdadera es escondida.

Oración

Jesús, manso y humilde de corazón, líbranos de la hipocresía y del afán de protagonismo. Danos llorar con amor por los que te rechazan y serte fieles en lo escondido, como quien sirve solo por agradarte. Amén.

Acerca del libro de Mateo

El Evangelio según san Mateo abre el Nuevo Testamento y tiende un puente entre el Antiguo y el Nuevo. La tradición lo atribuye a Mateo, también llamado Leví, el recaudador de impuestos que Jesús llamó desde su puesto en Cafarnaúm y que pasó de cobrar tributos a anunciar el Reino. Su comunidad, de raíz judeocristiana, lo escribió probablemente en Antioquía de Siria hacia los años 80-90, para mostrar que Jesús es el Mesías esperado por Israel y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Por eso lo presenta desde el primer versículo como «hijo de David, hijo de Abraham», heredero de la promesa y de la realeza davídica. Su estructura gira en torno a cinco grandes discursos —el Sermón del Monte, el discurso misionero, las parábolas del Reino, la vida de la comunidad y el discurso escatológico—, que evocan los cinco libros de la Ley y presentan a Jesús como el nuevo Moisés, que sube al monte para dar la ley definitiva del amor. La fórmula «para que se cumpliera lo dicho por el profeta» recorre todo el libro y revela una convicción profunda: nada en la vida de Cristo es casual, todo responde al designio salvador de Dios. Mateo es el evangelista del Reino de los Cielos, expresión con la que respeta el nombre divino, y el del Emmanuel, «Dios con nosotros», nombre que resume la Encarnación. Es también el evangelio de la Iglesia: en él Jesús instituye a Pedro como roca, enseña el Padrenuestro y la corrección fraterna, y envía a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para el católico, Mateo es escuela de discipulado: enseña que la fe se prueba en las obras, que el perdón no tiene límites y que Cristo está presente en el pobre, el enfermo y el extranjero. Leerlo es dejarse mirar por Jesús y responder, como los primeros discípulos, dejando las redes para seguirle.

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