Apocalipsis

Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos

Ap

Capítulo 1

1 Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto; y envió a su Angel para dársela a conocer a su siervo Juan,

2 el cual ha atestiguado la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo: todo lo que vio.

3 Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca.

4 Juan, a las siete Iglesias de Asia. Gracia y paz a vosotros de parte de «Aquel que es, que era y que va a venir», de parte de los siete Espíritus que están ante su trono,

5 y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados

6 y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

7 Mirad, viene acompañado de nubes: todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén.

8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, «Aquel que es, que era y que va a venir», el Todopoderoso.

9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.

10 Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía:

11 «Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea».

12 Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candeleros de oro,

13 y en medio de los candeleros como a un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, cen6ido al talle con un ceñidor de oro.

14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego ;

15 sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas.

16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro, como el sol cuando brilla con toda su fuerza.

17 Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. El puso su mano derecha sobre mí diciendo: «No temas, soy yo, el Primero y el Ultimo,

18 el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades.

19 Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder más tarde.

20 La explicación del misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro es ésta: las siete estrellas son los Angeles de las siete Iglesias, y los siete candeleros son las siete Iglesias.

Reflexión del capítulo 1

El capítulo 1 presenta el libro como revelación de Jesucristo, destinada a mostrar a sus siervos lo que ha de suceder (1,1). El escenario es real y concreto: Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús, recibe el día del Señor una visión que lo sobrecoge (1,9-10). Al volverse, ve siete candeleros de oro y, en medio de ellos, a uno como Hijo de hombre, vestido de túnica talar, con los cabellos blancos como la nieve y los ojos como llama de fuego (1,13-14). Es Cristo resucitado, que camina entre sus Iglesias y las sostiene. Juan cae como muerto, pero el Señor pone su mano sobre él y le dice: no temas, soy yo, el Primero y el Último; estuve muerto, pero ahora estoy vivo (1,17-18). Las siete estrellas son los ángeles de las Iglesias y los candeleros son las Iglesias mismas (1,20). El capítulo nos recuerda que el Señor vivo está presente en medio de su pueblo, lo conoce y lo guarda.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, si algo te da miedo —una prueba, una decisión, el futuro—, deja que resuene en ti la palabra del Señor: no temas, soy yo. Dedica un momento a adorarlo como el Viviente, el que tiene las llaves de la muerte y del abismo. Y reza por tu comunidad parroquial, sabiendo que Cristo camina en medio de ella y la sostiene.

Oración

Señor Jesús, Primero y Último, tú que estuviste muerto y vives para siempre, quita nuestros miedos y danos tu paz. Camina en medio de tu Iglesia y sostenla con tu mano. Amén.

Acerca del libro de Apocalipsis

El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.

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