Apocalipsis

Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos

Ap

Capítulo 10

1 Vi también a otro Angel poderoso, que bajaba del cielo envuelto en una nube, con el arcoiris sobre su cabeza, su rostro como el sol y sus piernas como columnas de fuego.

2 En su mano tenía un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y izquierdo sobre la tierra,

3 y gritó con fuerte voz, como ruge el león. Y cuando gritó, siete truenos hicieron oír su fragor.

4 Apenas hicieron oír su voz los siete truenos, me dipsonía a escribir, cuando oí una voz del cielo que decía: « Sella lo que han dicho los siete truenos y no lo escribas».

5 Entonces el Angel que había visto yo de pie sobre el mar y la tierra, levantó al cielo su mano derecha

6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, el mar y cuanto hay en él: «¡Ya no habrá dilación!

7 sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo Angel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas.»

8 Y la voz de cielo que yo había oído me habló otra vez y me dijo: «Vete, toma el librito que está abierto en la mano del Angel, el que está de pie sobre el mar y sobre la tierra.»

9 Fui donde el Angel y le dije que me diera el librito. Y me dice: «Toma, devóralo; te amargará las entrñas, pero en tu boca será dulce como la miel.»

10 Tomé el librito de la mano del Angel y lo devoré; y fue mi boca dulce como la miel; pero, cuando lo comí, se me amargaron las entrañas.

11 Entonces me dicen: «Tienes que profetizar otra vez contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.»

Reflexión del capítulo 10

El capítulo 10 introduce un interludio consolador. Juan ve a otro ángel poderoso que baja del cielo envuelto en una nube, con el arcoíris sobre la cabeza, el rostro como el sol y las piernas como columnas de fuego; en su mano tiene un librito abierto (10,1-2). El ángel jura por el que vive por los siglos que ya no habrá dilación: cuando suene la trompeta del séptimo ángel, se consumará el misterio de Dios (10,6-7). Luego Juan es invitado a tomar el librito y devorarlo: en la boca será dulce como la miel, pero amargará las entrañas (10,9-10). Es una imagen preciosa de la Palabra de Dios: sabrosa al escucharla, pero costosa al vivirla y al anunciarla cuando exige testimonio y sufrimiento. Al final se le dice a Juan que tiene que profetizar otra vez contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes (10,11). La misión no termina: la Palabra debe seguir anunciándose.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy alimenta tu fe con la Palabra de Dios: lee despacio un pasaje bíblico y deja que te endulce el corazón. Acepta también que vivirla tiene costos, y no te extrañe que exija renuncia. Si tienes ocasión, comparte con alguien —con palabras sencillas— lo que la Palabra ha dicho a tu vida, aunque no sea fácil.

Oración

Señor, tu Palabra es dulce al paladar y exigente en la vida. Danos hambre de escucharla y valentía para vivirla y anunciarla, sin miedo a sus exigencias. Que nunca dejemos de alimentarnos de ti. Amén.

Acerca del libro de Apocalipsis

El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.

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