Apocalipsis
Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos
Capítulo 5
1 Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro, escrito por el anverso y el reverso, sellado con siete sellos.
2 Y vi a un Angel poderoso que proclamaba con fuerte voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y soltar sus sellos?»
3 Pero nadie era capaz, ni en el cielo ni en la tierra ni bajo tierra, de abrir el libro ni de leerlo.
4 Y yo lloraba mucho porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro ni de leerlo.
5 Pero uno de los Ancianos me dice: «No llores; mira, ha triunfado el León de la tribu de Judá, el Retoño de David; él podrá abrir el libro y sus siete sellos.»
6 Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra.
7 Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.
8 Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos.
9 Y cantan un cántico nuevo diciendo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
10 y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra.»
11 Y en la visión oí la voz de una multitud de Angeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos. Su número era miríadas de miríadas y millares de millares,
12 y decían con fuerte voz: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»
13 Y toda criatura, del cielo, de la tierra, de debajo de la tierra y del mar, y todo lo que hay en ellos, oí que respondían: «Al que está sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y potencia por los siglos de los siglos.»
14 Y los cuatro Vivientes decían: «Amén»; y los Ancianos se postraron para adorar.
Reflexión del capítulo 5
El capítulo 5 introduce el drama central del libro. En la mano derecha del que está sentado en el trono hay un libro sellado con siete sellos, y nadie, ni en el cielo ni en la tierra, es capaz de abrirlo (5,1-3). Juan llora, hasta que uno de los ancianos le dice: no llores; ha triunfado el León de la tribu de Judá, el Retoño de David (5,5). Pero cuando Juan mira, no ve un león, sino un Cordero de pie, como degollado, con siete cuernos y siete ojos (5,6). Es la paradoja que recorre todo el Apocalipsis: la victoria de Dios se revela en un Cordero sacrificado. El Cordero toma el libro, y entonces estalla la alabanza: los ancianos y los Vivientes cantan un cántico nuevo, porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza y nación (5,9). La multitud de ángeles proclama que es digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría y el honor. Es el corazón de la fe cristiana.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy contempla el misterio de un Dios que vence no por la fuerza, sino entregándose. Ante una ofensa o un conflicto, elige el camino del Cordero: no responder con violencia, sino con mansedumbre y perdón. Y únete a la alabanza del cielo dando gracias por la sangre de Cristo que te ha reconciliado con Dios. Que tu vida sea un cántico de gratitud.
Oración
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, tú que fuiste degollado y vives, te adoramos. Danos tu mansedumbre y haz de nuestra vida un cántico de alabanza. Digno eres de todo honor. Amén.
Acerca del libro de Apocalipsis
El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.
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