Apocalipsis
Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos
Capítulo 12
1 Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza;
2 está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz.
3 Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas.
4 Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.
5 La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono.
6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días.
7 Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Angeles combatieron,
8 pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
9 Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Angeles fueron arrojados con él.
10 Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.
11 Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte.
12 Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo.»
13 Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón.
14 Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo.
15 Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente.
16 Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón.
17 Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.
18 Yo estaba en pie sobre la arena del mar.
Reflexión del capítulo 12
El capítulo 12 es una de las páginas más ricas del libro. Aparece en el cielo una Mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas, que está encinta y grita con dolores de parto (12,1-2). Frente a ella se levanta un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, que quiere devorar al hijo que va a nacer (12,3-4). La Mujer da a luz un Hijo varón, el que ha de regir las naciones, y el niño es arrebatado hasta Dios; la Mujer huye al desierto, donde Dios la alimenta (12,5-6). Estalla entonces una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combaten contra el Dragón, que es la Serpiente antigua, el Diablo, y es arrojado a la tierra (12,7-9). Una voz proclama que ha llegado la salvación y que los hermanos vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de su testimonio (12,10-11). La tradición católica ha visto en la Mujer a María y a la Iglesia, y en su Hijo al Mesías.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy acude a María, Madre de la Iglesia, y pídele que te ayude a permanecer firme en la prueba. Cuando sientas la acusación del enemigo —desánimo, culpa, miedo—, responde con la confianza en la sangre del Cordero y en tu testimonio de fe. Y reza por la Iglesia perseguida, que como la Mujer camina por el desierto.
Oración
Santa María, Madre de Dios y de la Iglesia, tú que venciste con tu Hijo, ampáranos en la lucha. Danos confianza en la sangre del Cordero y fidelidad hasta el fin. Amén.
Acerca del libro de Apocalipsis
El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.
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