Apocalipsis

Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos

Ap

Capítulo 2

1 Al Angel de la Iglesia de Efeso, escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro.

2 Conozco tu conducta: tus fatigas y paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño.

3 Tienes paciencia: y has sufrido por mi nombre sin desfallecer.

4 Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de antes.

5 Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera. Si no, iré donde ti y cambiaré de su lugar tu candelero, si no te arrepientes.

6 Tienes en cambio a tu favor que detestas el proceder de los nicolaítas, que yo también detesto.

7 El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios.

8 Al Angel de la Iglesia de Esmirna escribe: Esto dice el Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y revivió.

9 Conozco tu tribulación y tu pobreza - aunque eres rico - y las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás.

10 No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.

11 El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.

12 Al Angel de la Iglesia de Pérgamo escribe: Esto dice el que tiene la espada aguda de dos filos.

13 Sé dónde vives: donde está el trono de Satanás. Eres fiel a mi nombre y no has renegado de mi fe, ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, que fue muerto entre vosotros, ahí donde habita Satanás.

14 Pero tengo alguna cosa contra ti: mantienes ahí algunos que sostienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balaq a poner tropiezos a los hijos de Israel para que comieran carnes inmoladas a los ídolos y fornicaran.

15 Así tú también mantienes algunos que sostienen la doctrina de los nicolaítas.

16 Arrepiéntete, pues; si no, iré pronto donde ti y lucharé contra ésos con la espada de mi boca.

17 El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.

18 Escribe al Angel de la Iglesia de Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, cuyos ojos son como llama de fuego y cuyos pies parecen de metal precioso.

19 Conozco tu conducta: tu caridad, tu fe, tu espíritu de servicio, tu paciencia; tus obras últimas sobrepujan a las primeras.

20 Pero tengo contra ti que toleras a Jezabel, esa mujer que se llama profetisa y está enseñando y engañando a mis siervos para que forniquen y coman carne inmolada a los ídolos.

21 Le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

22 Mira, a ella voy a arrojarla al lecho del dolor, y a los que adulteran con ella, a una gran tribulación, si no se arrepienten de sus obras.

23 Y a sus hijos, los voy a herir de muerte: así sabrán todas las Iglesias que yo soy el que sondea los riñones y los corazones, y yo os daré a cada uno según vuestras obras.

24 Pero a vosotros, a los demás de Tiatira, que no compartís esa doctrina, que no conocéis «las profundidades de Satanás», como ellos dicen, os digo: No os impongo ninguna otra carga;

25 sólo que mantengáis firmemente hasta mi vuelta lo que ya tenéis.

26 Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones:

27 las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla.

28 Yo también lo he recibido de mi Padre. Y le daré el Lucero del alba.

29 El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

Reflexión del capítulo 2

El capítulo 2 contiene las cuatro primeras cartas a las Iglesias de Asia. Cada una comienza con una descripción de Cristo y sigue con un diagnóstico preciso. A Éfeso, que trabaja y sufre sin desfallecer, se le reprocha haber perdido el amor de antes: se le pide recordar de dónde ha caído, arrepentirse y volver a las obras primeras (2,4-5). A Esmirna, pobre y perseguida, no se le reprocha nada; solo se le pide ser fiel hasta la muerte, y se le promete la corona de la vida (2,10). A Pérgamo, que vive donde está el trono de Satanás, se le reprende por tolerar doctrinas que llevan al pecado, aunque se reconoce su fidelidad, incluso en los días en que Antipas dio testimonio con su sangre (2,13). A Tiatira se le alaba su caridad y su servicio, pero se le advierte contra la tolerancia de una falsa maestra que engaña a los suyos. En cada carta resuena la misma promesa al vencedor. Es una llamada al discernimiento y a la conversión.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy pregúntate cuál es tu primer amor y si lo has descuidado: retoma una práctica concreta de oración, de servicio o de caridad que abandonaste. Si en tu entorno se tolera algo que daña a las personas, no calles por comodidad. Y si estás sufriendo por tu fe, recuerda la promesa hecha a Esmirna: la corona de la vida.

Oración

Señor, tú que conoces nuestras obras y nuestro corazón, devuélvenos el amor primero y danos fidelidad en la prueba. Que seamos vencedores contigo y no traicionemos tu verdad. Aviva en nosotros tu Espíritu. Amén.

Acerca del libro de Apocalipsis

El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.

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