Apocalipsis
Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos
Capítulo 16
1 Y oí una fuerte voz que desde el Santuario decía a los siete Angeles: «Id y derramad sobre la tierra las siete copas del furor de Dios.»
2 El primero fue y derramó su copa sobre la tierra; y sobrevino una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen.
3 El segundo derramó su copa sobre el mar; y se convirtió en sangre como de muerto, y toda alma viviente murió en el mar.
4 El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales de agua; y se convirtieron en sangre.
5 Y oí al Angel de las aguas que decía: «Justo eres tú, "Aquel que es y que era", el Santo, pues has hecho así justicia:
6 porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas y tú les has dado a beber sangre; lo tienen merecido.»
7 Y oí al altar que decía: «Sí, Señor, Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos».
8 El cuarto derramó su copa sobre el sol; y le fue encomendado abrasar a los hombres con fuego,
9 y los hombres fueron abrasados con un calor abrasador. No obstante, blasfemaron del nombre de Dios que tiene poder sobre tales plagas, y no se arrepintieron dándole gloria.
10 El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia; y quedó su reino en tinieblas y los hombres se mordían la lengua de dolor.
11 No obstante, blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores y por sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras.
12 El sexto derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y sus aguas se secaron para preparar el camino a los reyes del Oriente.
13 Y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta, salían tres espíritus inmundos como ranas.
14 Son espíritus de demonios, que realizan señales y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la gran batalla del Gran Día del Dios Todopoderoso.
15 (Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos, para no andar desnudo y que se vean sus vergüenzas).
16 Los convocaron en el lugar llamado en hebreo Harmaguedón.
17 El séptimo derramó su copa sobre el aire; entonces salió del Santuario una fuerte voz que decía: «Hecho está».
18 Se produjeron relámpagos, fragor, truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra, un terremoto tan violento.
19 La Gran Ciudad se abrió en tres partes, y las ciudades de las naciones se desplomaron; y Dios se acordó de la Gran Babilonia para darle la copa del vino del furor de su cólera.
20 Entonces todas las islas huyeron, y las montañas desaparecieron.
21 Y un gran pedrisco, con piedras de casi un talento de peso, cayó del cielo sobre los hombres. No obstante, los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco; porque fue ciertamente una plaga muy grande.
Reflexión del capítulo 16
El capítulo 16 narra el derramamiento de las siete copas del furor de Dios. Las primeras golpean a los que llevan la marca de la Bestia con úlceras, convierten el mar y las aguas en sangre, y abrasan a los hombres con fuego (16,2-9). A pesar de ello, se dice que los hombres no se arrepintieron ni dieron gloria a Dios. La quinta copa oscurece el reino de la Bestia; la sexta seca el río Éufrates y reúne a los reyes para la gran batalla del día de Dios, en el lugar llamado Harmaguedón (16,12-16). La séptima copa se derrama sobre el aire y una voz desde el Santuario proclama: hecho está (16,17). Siguen relámpagos, truenos y un terremoto como no lo hubo jamás; la Gran Ciudad se parte en tres y las islas desaparecen (16,18-20). El capítulo es terrible, pero en medio de él resuena una bienaventuranza: dichoso el que esté en vela y conserve sus vestidos (16,15). El juicio culmina, y con él la victoria de Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy mantente en vela: no dejes para mañana la conversión ni la reconciliación pendiente. Revisa si hay algo en tu vida que sabes que Dios te pide cambiar, y hazlo hoy. Y ante las noticias que hablan de guerras y catástrofes, no te angusties: confía en que la historia está en las manos de Dios y vive con esperanza serena.
Oración
Señor, tú que juzgas con verdad y misericordia, mantennos en vela y fieles hasta el fin. Que no endurezcamos el corazón ante tus llamadas y que conservemos siempre el vestido de tu gracia. Amén.
Acerca del libro de Apocalipsis
El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.
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