Apocalipsis

Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos

Ap

Capítulo 11

1 Luego me fue dada una caña de medir parecida a una vara, diciéndome: «Levántate y mide el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en él.

2 El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses.

3 Pero haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal».

4 Ellos son los dos olivos y los dos candeleros que están en pie delante del Señor de la tierra.

5 Si alguien pretendiera hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos; si alguien pretendería hacerles mal, así tendría que morir.

6 Estos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva los días en que profeticen; tienen también poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y poder de herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.

7 Pero cuando hayan terminado de dar testimonio, la Bestia que surja del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.

8 Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, allí donde también su Señor fue crucificado.

9 Y gentes de los pueblos, razas, lenguas y naciones, contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar sus cadáveres.

10 Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra.

11 Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusireon de pie, y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban.

12 Oí entonces una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

13 En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto perecieron 7.000 personas. Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo.

14 El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida el tercero.

15 Tocó el séptimo Angel... Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos.»

16 Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo:

17 «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, "Aquel que es y que era" porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado.

18 Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.»

19 Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.

Reflexión del capítulo 11

El capítulo 11 relata la misión de los dos testigos. Juan recibe una caña para medir el Santuario de Dios, mientras el patio exterior queda entregado a los gentiles (11,1-2). Dos testigos, identificados con los dos olivos y los dos candeleros, profetizan durante mil doscientos sesenta días, con poder para cerrar el cielo y herir la tierra con plagas (11,3-6). Pero cuando terminan su testimonio, la Bestia que surge del Abismo les hace la guerra y los mata; sus cadáveres quedan expuestos y los habitantes de la tierra se alegran (11,7-10). Sin embargo, tras tres días y medio, un aliento de vida entra en ellos y se ponen de pie, y son llamados al cielo (11,11-12). Entonces suena la séptima trompeta y voces proclaman: ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo, y reinará por los siglos (11,15). El capítulo anuncia que el testimonio puede parecer derrotado, pero Dios lo resucita.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy no te desanimes si tu testimonio cristiano no da fruto visible o si te cuesta mantenerte fiel. Recuerda que Dios puede resucitar lo que parece perdido. Comprométete con una forma concreta de dar testimonio —una palabra valiente, un gesto coherente, un servicio oculto— y déjalo en manos del Señor. La fidelidad de hoy prepara la victoria de mañana.

Oración

Señor, tú que resucitas a tus testigos, danos valentía para dar testimonio de ti, aunque cueste. Que tu reinado crezca en el mundo y en nuestros corazones, ahora y por los siglos. Amén.

Acerca del libro de Apocalipsis

El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.

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