Apocalipsis

Nuevo Testamento | 22 capítulos | 405 versículos

Ap

Capítulo 20

1 Luego vi a un Angel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena.

2 Dominó al Dragon, la Serpiente antigua - que es el Diablo y Satanás - y lo encadenó por mil años.

3 Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después tiene que ser soltado por poco tiempo.

4 Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años.

5 Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección.

6 Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.

7 Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión

8 y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar.

9 Subieron por toda la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y de la Ciudad amada. Pero bajó fuego del cielo y los devoró.

10 Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

11 Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro.

12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras.

13 Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras.

14 La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -

15 y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Reflexión del capítulo 20

El capítulo 20 describe el desenlace final. Un ángel encadena al Dragón, la Serpiente antigua, y lo encierra en el Abismo por mil años, para que no seduzca más a las naciones (20,1-3). Los que dieron testimonio de Jesús y no adoraron a la Bestia reviven y reinan con Cristo mil años: es la primera resurrección, y sobre ellos la segunda muerte no tiene poder (20,4-6). Pasados los mil años, Satanás es soltado y reúne a las naciones para la última batalla, pero el fuego del cielo lo devora y es arrojado al lago de fuego (20,7-10). Luego Juan ve un gran trono blanco y a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante él; se abren los libros y el libro de la vida, y cada uno es juzgado según sus obras (20,11-13). La Muerte y el Hades son arrojados al lago de fuego, y quien no está inscrito en el libro de la vida también (20,14-15). El capítulo enseña que la historia tiene un sentido y que la justicia de Dios es definitiva.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy vive con la mirada puesta en el juicio de amor de Dios: no para tener miedo, sino para obrar bien. Haz una obra buena que no te reporte ningún beneficio, pensando en el libro de la vida. Y reza por los difuntos, especialmente por los que nadie recuerda, confiando en la misericordia del Señor que quiere salvar y no condenar.

Oración

Señor, tú que juzgas según nuestras obras y nos ofreces tu misericordia, escríbenos en el libro de la vida. Danos perseverancia en el bien y esperanza confiada en tu juicio de amor. Amén.

Acerca del libro de Apocalipsis

El Apocalipsis, cuyo nombre significa revelación, es el último libro de la Biblia y cierra el conjunto de las Escrituras con una mirada de esperanza. Su autor se presenta como Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús (1,9), y escribe a siete Iglesias de Asia Menor. Nace en un tiempo de prueba, a finales del siglo primero, cuando los cristianos sufrían persecución y presión para adorar al poder imperial. Por eso recurre al género apocalíptico, lleno de visiones, símbolos, números y contrastes, un lenguaje que no busca adivinar fechas, sino sostener la fe de los que sufren. El libro se despliega en grandes ciclos: las cartas a las siete Iglesias, los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas, hasta desembocar en la victoria definitiva del Cordero. En el centro está Jesucristo, el Cordero degollado y de pie, el Señor de la historia, que abre el libro y conduce todo hacia la Jerusalén nueva. La tradición católica lo lee sobre todo en clave litúrgica y cristológica: no es un enigma para descifrar, sino una escuela de perseverancia y de alabanza. Su mensaje atraviesa los siglos: el mal no tiene la última palabra, y la promesa final es la del que dice que viene pronto. La respuesta de la Iglesia sigue siendo la misma: ven, Señor Jesús.

Compartir

Enlace copiado