Ezequiel

Antiguo Testamento | 48 capítulos | 1272 versículos

Ez

Capítulo 14

1 Algunos ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron ante mí.

2 Entonces la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

3 Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus basuras en su corazón, han puesto delante de su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a dejarme consultar por ellos?

4 Habla, pues, y diles: Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel de la casa de Israel que erija sus basuras en su corazón o que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y luego se presente al profeta, yo mismo, Yahveh, le responderé, a causa de la multitud de sus basuras,

5 a fin de prender a la casa de Israel en su corazón, a aquellos que se han alejado de mí a causa de todas sus basuras.

6 Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Convertíos, apartaos de vuestras basuras, de todas vuestras abominaciones apartad vuestro rostro,

7 porque a todo hombre de la casa de Israel, o de los forasteros residentes en Israel, que se aleje de mí para erigir sus basuras en su corazón, que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y se presente al profeta para consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé.

8 Volveré mi rostro contra ese hombre, haré de él ejemplo y proverbio, le extirparé de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy Yahveh.

9 Y si el profeta se deja seducir y pronuncia una palabra, es que yo, Yahveh, he seducido a ese profeta; extenderé mi mano contra él y le exterminaré de en medio de mi pueblo Israel.

10 Cargarán con el peso de sus culpas ambos: la culpa del profeta será como la del que le consulte.

11 Así, la casa de Israel no se desviará más lejos de mí ni seguirá manchándose con todas sus culpas. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, oráculo del Señor Yahveh.

12 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

13 Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y yo extiendo mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío contra él el hambre para extirpar de allí hombres y bestias,

14 y en ese país se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos salvarán su vida por su justicia, oráculo del Señor Yahveh.

15 Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para privarle de sus hijos y convertirle en una desolación por donde nadie pase a causa de las bestias,

16 y en ese país se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos, pero el país quedará convertido en desolación.

17 O bien, si yo hago venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la espada por este país», y extirpo de él hombres y bestias,

18 y esos tres hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se salvarán.

19 O si envío la peste sobre ese país y derramo en sangre mi furor contra ellos, extirpando de él hombres y bestias,

20 y en ese país se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos por su justicia.

21 Pues así dice el Señor Yahveh: Aun cuando yo mande contra Jerusalén mis cuatro terribles azotes: espada, hambre, bestias feroces y peste, para extirpar de ella hombres y bestias,

22 he aquí que quedan en ella algunos supervivientes que han podido salir, hijos e hijas; y he aquí que salen hacia vosotros, para que veáis su conducta y sus obras y os consoléis de la desgracia que yo he acarreado sobre Jerusalén, de todo lo que he acarreado sobre ella.

23 Ellos os consolarán cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis que no sin motivo hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor Yahveh.

Reflexión del capítulo 14

El capítulo decimocuarto presenta a algunos ancianos de Israel que vienen a consultar al Señor, pero llevan ídolos en el corazón. Dios descubre la contradicción: no se puede buscar de verdad a quien se ha sustituido interiormente por otras cosas. Por eso los invita a convertirse y a apartar los ídolos, y advierte que quien consulta a Dios con el corazón dividido encontrará su respuesta en el propio camino que ha elegido. Después, el capítulo plantea una cuestión que inquietaba al pueblo: si el país entero peca, ¿bastará la justicia de unos pocos para salvarlo? La respuesta es clara y exigente: aunque vivieran en él Noé, Danel y Job, tres figuras proverbiales de rectitud, no salvarían a los demás; cada uno responderá por sí mismo. Esto no niega el valor de la intercesión, pero subraya que la fe no se hereda ni se sustituye: es una respuesta personal. La página nos invita a examinar la coherencia entre lo que pedimos a Dios y lo que realmente ocupa nuestro corazón, y a asumir nuestra propia responsabilidad sin escudarnos en los demás.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Antes de rezar hoy, revisa qué llevas dentro: ¿buscas de verdad a Dios o solo su ayuda para llevar adelante tus planes? Aparta del corazón lo que ocupa su lugar. Y no delegues tu vida cristiana en otros: ni en la familia, ni en la parroquia, ni en ningún líder. Asume tu propia responsabilidad, con confianza y sin excusas, sabiendo que Dios te llama por tu nombre.

Oración

Señor, tú ves lo que hay en lo profundo de nuestro corazón. Purifícanos de toda división interior y danos integridad. Que te busquemos a ti y no solo tus dones, y que respondamos personalmente a tu llamada. Amén.

Acerca del libro de Ezequiel

El libro de Ezequiel ocupa un lugar singular entre los profetas de Israel. Su autor, sacerdote deportado a Babilonia en la primera oleada del destierro, ejerce su ministerio entre los años 593 y 571 antes de Cristo, lejos ya de la tierra prometida y de su templo. La tradición lo presenta como hijo de Buzí, arrancado de Jerusalén y llevado junto al río Kebar, donde recibe la llamada de Dios y contempla la visión inaugural de su gloria. Ese detalle no es un dato menor: Ezequiel anuncia que la gloria del Señor no queda atrapada en un edificio ni en un territorio, sino que acompaña a su pueblo incluso en el destierro. El libro se sitúa en el momento más oscuro de la historia de Judá. Jerusalén caerá, el templo será destruido y el pueblo quedará disperso entre las naciones. Ante la tentación de creer que Dios ha abandonado a su pueblo o que ha sido vencido por los dioses de Babilonia, el profeta proclama con fuerza la soberanía de Yahveh sobre la historia y sobre todos los pueblos. Su ministerio tiene dos grandes etapas: primero denuncia el pecado, la idolatría y la infidelidad a la alianza; después, cuando la catástrofe ya ha ocurrido, anuncia la consolación, la restauración y la promesa de un corazón nuevo. Entre sus páginas destacan imágenes que han marcado la espiritualidad cristiana: el profeta constituido como centinela responsable de avisar, la promesa del agua pura y del corazón de carne, la visión de los huesos secos que reviven al soplo del Espíritu y la esperanza de un templo nuevo del que brota un río que sana. La tradición católica lee estas páginas a la luz de Cristo, en quien se cumple la alianza nueva y se derrama el Espíritu Santo. Ezequiel nos enseña que ningún destierro es definitivo, que Dios toma siempre la iniciativa de purificar y recrear a su pueblo, y que la fidelidad de su amor no depende de nuestras debilidades. Por eso su mensaje sigue hablando hoy a todo creyente que atraviesa la prueba y busca esperanza.

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