Ezequiel

Antiguo Testamento | 48 capítulos | 1272 versículos

Ez

Capítulo 39

1 Y tú, hijo de hombre, profetiza contra Gog. Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Gog, príncipe supremo de Mések y Túbal.

2 Yo te haré dar media vuelta, te conduciré, te haré subir desde el extremo norte y te guiaré a los montes de Israel.

3 Romperé tu arco en tu mano izquierda y haré caer tus flechas de tu mano derecha.

4 En los montes de Israel caerás tú, tus huestes y los pueblos que van contigo. Te he entregado como pasto a toda clase de aves de rapiña y a las fieras del campo.

5 En la haz del campo caerás, porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.

6 Mandaré fuego sobre Magog y sobre los que viven seguros en las islas, y sabrán que yo soy Yahveh.

7 Manifestaré mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré que vuelva a ser profanado mi santo nombre, y las naciones sabrán que yo soy Yahveh, santo en Israel.

8 He aquí que todo esto llega y se va a realizar - oráculo del Señor Yahveh -: éste es el día que yo he anunciado.

9 Entonces los habitantes de las ciudades de Israel saldrán a quemar y a entregar a las llamas las armas, paveses y escudos, arcos y flechas, mazas y lanzas. Harán fuego con ello durante siete años.

10 No irán ya a buscar leña en el campo, ni la recogerán en el bosque, porque harán el fuego con las armas. Saquearán a sus saqueadores y harán botín de sus depredadores, oráculo del Señor Yahveh.

11 Aquel día, yo daré a Gog como sepulcro en Israel un lugar famoso, el valle de los Oberim, al este del mar, el que corta el paso a los viajeros: allí será enterrado Gog con toda su multitud, y se le llamará valle de Hamón Gog.

12 La casa de Israel los enterrará para purificar la tierra, durante siete meses.

13 Todo el pueblo de la tierra será movilizado para enterrarlos, y ello les dará renombre el día que yo manifieste mi gloria, oráculo del Señor Yahveh.

14 Luego se escogerán hombres que recorran constantemente el país y entierren a los que hayan quedado por el suelo, para purificarlo. Al cabo de siete meses empezarán su búsqueda.

15 Cuando, al recorrer el país, alguno de ellos vea huesos humanos, pondrá al lado una señal hasta que los sepultureros los entierren en el valle de Hamón Gog,

16 (Hamoná es también el nombre de una ciudad) y purifiquen así la tierra.

17 En cuanto a ti, hijo de hombre, así dice el Señor Yahveh: Di a los pájaros de todas clases y a todas las fieras del campo: Congregaos, venid, reuníos de todas partes para el sacrificio que yo os ofrezco, un gran sacrificio sobre los montes de Israel; comeréis carne y beberéis sangre.

18 Carne de héroes comeréis, sangre de príncipes de la tierra beberéis. Todos son carneros, corderos, machos cabríos, pingües toros de Basán.

19 Comeréis grasa hasta la saciedad y beberéis sangre hasta la embriaguez, en este sacrificio que yo os brindo.

20 Os hartaréis a mi mesa de caballos y caballeros, de héroes y de toda clase de guerreros, oráculo del Señor Yahveh.

21 Así manifestaré yo mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos.

22 Y la casa de Israel sabrá desde ese día en adelante que yo soy Yahveh su Dios.

23 Y sabrán las naciones que la casa de Israel fue deportada por sus culpas, que, por haberme sido infieles, yo les oculté mi rostro y los entregué en manos de sus enemigos, y cayeron todos a espada.

24 Los traté como lo merecían sus impurezas y sus crímenes, y les oculté mi rostro.

25 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Ahora voy a hacer volver a los cautivos de Jacob, me compadeceré de toda la casa de Israel, y me mostraré celoso de mi santo nombre.

26 Ellos olvidarán su ignominia y todas las infidelidades que cometieron contra mí, cuando vivan seguros en su país, sin que nadie los inquiete.

27 Cuando yo los haga volver de entre los pueblos y los recoja de los países de sus enemigos, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de numerosas naciones,

28 y sabrán que yo soy Yahveh su Dios, cuando, después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna en su suelo sin dejar allí a ninguno de ellos.

29 No les ocultaré más mi rostro, porque derramaré mi Espíritu sobre la casa de Israel, oráculo del Señor Yahveh.

Reflexión del capítulo 39

El capítulo trigesimonoveno narra la derrota de Gog. Dios lo hace dar media vuelta, lo conduce desde el extremo norte y lo derriba sobre los montes de Israel; su arco se rompe y sus flechas caen. Después describe las consecuencias: los habitantes de las ciudades saldrán a recoger las armas para quemarlas como leña, y el pueblo tardará siete meses en enterrar a los caídos para purificar la tierra. El profeta anuncia incluso un banquete para las aves y las fieras, invitadas a saciarse con la carne de los poderosos caídos. La segunda parte del capítulo da la clave de todo: así manifestará Dios su gloria entre las naciones, e Israel sabrá que él es su Dios. El capítulo termina con la promesa de la restauración y con un anuncio que anticipa Pentecostés: Dios derramará su aliento sobre el pueblo elegido y no les ocultará más su rostro. La página muestra que el mal es vencido no por la fuerza de los hombres, sino por la intervención de Dios, que purifica y renueva a su pueblo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Confía hoy en que el mal no tiene la última palabra. No te obsesiones con los enemigos ni con las derrotas: deja a Dios el desenlace, que él conduce la historia. Pide su Espíritu para que purifique tu corazón de todo lo que te aparta de él. Y si guardas miedo o amargura por algún conflicto, entrégalo al Señor y descansa en él.

Oración

Señor, tú vences el mal y purificas a tu pueblo. Derrama tu Espíritu sobre nosotros y no nos ocultes tu rostro. Danos paz en medio de los conflictos y confianza en tu victoria. Confiamos en tu victoria y en tu paz. Amén.

Acerca del libro de Ezequiel

El libro de Ezequiel ocupa un lugar singular entre los profetas de Israel. Su autor, sacerdote deportado a Babilonia en la primera oleada del destierro, ejerce su ministerio entre los años 593 y 571 antes de Cristo, lejos ya de la tierra prometida y de su templo. La tradición lo presenta como hijo de Buzí, arrancado de Jerusalén y llevado junto al río Kebar, donde recibe la llamada de Dios y contempla la visión inaugural de su gloria. Ese detalle no es un dato menor: Ezequiel anuncia que la gloria del Señor no queda atrapada en un edificio ni en un territorio, sino que acompaña a su pueblo incluso en el destierro. El libro se sitúa en el momento más oscuro de la historia de Judá. Jerusalén caerá, el templo será destruido y el pueblo quedará disperso entre las naciones. Ante la tentación de creer que Dios ha abandonado a su pueblo o que ha sido vencido por los dioses de Babilonia, el profeta proclama con fuerza la soberanía de Yahveh sobre la historia y sobre todos los pueblos. Su ministerio tiene dos grandes etapas: primero denuncia el pecado, la idolatría y la infidelidad a la alianza; después, cuando la catástrofe ya ha ocurrido, anuncia la consolación, la restauración y la promesa de un corazón nuevo. Entre sus páginas destacan imágenes que han marcado la espiritualidad cristiana: el profeta constituido como centinela responsable de avisar, la promesa del agua pura y del corazón de carne, la visión de los huesos secos que reviven al soplo del Espíritu y la esperanza de un templo nuevo del que brota un río que sana. La tradición católica lee estas páginas a la luz de Cristo, en quien se cumple la alianza nueva y se derrama el Espíritu Santo. Ezequiel nos enseña que ningún destierro es definitivo, que Dios toma siempre la iniciativa de purificar y recrear a su pueblo, y que la fidelidad de su amor no depende de nuestras debilidades. Por eso su mensaje sigue hablando hoy a todo creyente que atraviesa la prueba y busca esperanza.

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