I Crónicas

Antiguo Testamento | 29 capítulos | 942 versículos

1 Cr

Capítulo 10

1 Trabaron batalla los filisteos contra Israel; huyeron los hombres de Israel ante los filisteos, y cayeron heridos de muerte en el monte Gelboé.

2 Los filisteos apretaron de cerca a Saúl y a sus hijos, y mataron a Jonatán, Abinadab y Malki Súa, hijos de Saúl.

3 El peso de la batalla cargó sobre Saúl, los arqueros le descubrieron y fue herido por los arqueros.

4 Dijo Saúl a su escudero: «Saca tu espada y traspásame con ella; no sea que vengan esos incircuncisos y hagan mofa de mí.» Pero el escudero no quiso, pues estaba lleno de temor. Entonces tomó Saúl la espada y se arrojó sobre ella.

5 Viendo el escudero que Saúl había muerto, se arrojó, también él, sobre su espada y murió con él.

6 Así murió Saúl con sus tres hijos; y toda su casa murió juntamente con él.

7 Viendo todos los hombres de Israel, que estaban en el valle, que las tropas de Israel se daban a la fuga y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus ciudades y huyeron; vinieron los filisteos y se establecieron en ellas.

8 Al otro día vinieron los filisteos para despojar a los muertos, y encontraron a Saúl y a sus hijos caídos en el monte Gelboé.

9 Despojándole, se llevaron su cabeza y sus armas, y mandaron anunciar la buena nueva por el contorno del país de los filisteos, a sus dioses y al pueblo.

10 Depositaron sus armas en el templo de su dios y clavaron su cabeza en el templo de Dagón.

11 Supieron todos los habitantes de Yabés de Galaad lo que los filisteos habían hecho con Saúl,

12 se levantaron todos los valientes, tomaron el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos, y los llevaron a Yabés. Enterraron sus huesos bajo el tamarindo de Yabés, y ayunaron siete días.

13 Saúl murió a causa de la infidelidad que había cometido contra Yahveh, porque no guardó la palabra de Yahveh y también por haber interrogado y consultado a una nigromante,

14 en vez de consultar a Yahveh, por lo que le hizo morir, y transfirió el reino a David, hijo de Jesé.

Reflexión del capítulo 10

El capítulo narra la derrota y la muerte de Saúl en el monte Gelboé, y no se detiene solo en los hechos, sino que da la razón teológica de la tragedia: Saúl murió por su infidelidad al Señor, porque no guardó su palabra y llegó a consultar a una adivina en lugar de buscar a Dios. Es una página severa, pero también luminosa por contraste, porque muestra lo que sostiene a un creyente: la confianza en Dios y la obediencia a su voz. Saúl, en cambio, quiso asegurarse por sus propios medios, buscó respuestas donde no estaban y terminó solo, abandonado por aquel a quien había dejado de escuchar. Crónicas, que tanto ama a David, presenta aquí su reverso exacto: la grandeza no está en la fuerza ni en la astucia, sino en la fidelidad a Dios. Y hay una última nota de esperanza: el reino pasa a David, es decir, la historia no se detiene en el fracaso. Cuando una persona falla, Dios sigue adelante con su plan, y de la ruina sabe sacar un nuevo comienzo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy a quién consultas cuando tienes que tomar una decisión importante: ¿buscas primero a Dios en la oración, o te apoyas solo en tu propio criterio, en rumores o en el miedo? Antes de decidir algo que te preocupa, dedica unos minutos a orar y a preguntarte qué quiere Dios de ti. Y no cargues con la culpa del pasado: confía en que el Señor abre caminos nuevos.

Oración

Señor, tú que guías a quien te busca con corazón sincero, enséñanos a consultarte antes de decidir y a confiar en tu palabra. Líbranos de la soberbia y del miedo, y cuando fallemos, levántanos con la certeza de que tu plan sigue adelante. Amén.

Acerca del libro de I Crónicas

El Primer Libro de las Crónicas, llamado en la tradición hebrea «Divré Hayyamim», palabras de los días, y en la griega «Paralipómenos», lo que se había dejado de lado, es una relectura de la historia de Israel escrita para una comunidad que regresaba del destierro de Babilonia. La tradición lo atribuye a Esdras, escriba y sacerdote, y su composición suele situarse hacia el siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo, ya sin reyes ni independencia, necesitaba volver a entender quién era y por qué Dios seguía siendo fiel. Por eso el autor no se limita a repetir lo que ya contaban los libros de Samuel y de los Reyes: selecciona, ordena y subraya. Calla las páginas más oscuras de David y engrandece todo lo que mira al culto, al templo, a los levitas y a la alabanza. Su mirada es litúrgica y sacerdotal, más atenta al altar que al campo de batalla.

El libro se abre con largas genealogías que van de Adán hasta las tribus de Israel y hasta la casa de David. A primera vista parecen una lista árida, pero encierran una convicción profunda: la historia de la salvación tiene raíces concretas, nombres, familias y una continuidad que atraviesa el destierro. Después, el relato se concentra en David: su ascenso al trono, el traslado del arca a Jerusalén, la promesa de una dinastía eterna y la preparación minuciosa del templo que no llegará a construir. David aparece como rey orante, músico y organizador del culto más que como guerrero.

Para el católico, Crónicas es una escuela de memoria agradecida. Nos enseña que la fidelidad de Dios no se interrumpe aunque los tiempos sean adversos, que el culto y la alabanza sostienen la vida del pueblo, y que cada generación recibe una herencia y una responsabilidad. Leerlo es descubrir que también nuestra historia personal, con sus nombres y sus heridas, está inscrita en un designio mayor.

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