I Crónicas

Antiguo Testamento | 29 capítulos | 942 versículos

1 Cr

Capítulo 27

1 Por lo que se refiere al número de los hijos de Israel: Los cabezas de casas paternas, los jefes de millar y de cien y sus escribas atendían al servicio de todo el que acudiera. Las secciones intervenían en todo asunto del rey relevándose todos los meses del año. Cada sección tenía 24.000 hombres.

2 Al frente de la primera sección, que era la del primer mes, estaba Yasobam, hijo de Zabdiel; en su sección había 24.000 hombres.

3 Pertenecía a los hijos de Peres y era jefe de todos los comandantes del ejército del primer mes.

4 Al frente de la sección del segundo mes estaba Doday, el ajojita, su sección tenía 24.000 hombres.

5 Jefe del tercer ejército, para el tercer mes, era Benaías, hijo del sacerdote Yehoyadá; en su sección había 24.000 hombres.

6 Este Benaías era uno de los Treinta valientes y hallábase al frente de ellos; en su sección estaba su hijo Ammizabad.

7 El cuarto, para el cuarto mes, era Asahel, hermano de Joab; le sucedió su hijo Zebadías. En su sección había 24.000 hombres.

8 El quinto, para el quinto mes, era el jefe Samhut el zarejita, cuya sección constaba de 24.000 hombres.

9 El sexto, para el sexto mes, era Irá, hijo de Iqués, el tecoíta, y en su sección había 24.000 hombres.

10 El séptimo, para el séptimo mes, era Jeles el pelonita, de los benjaminitas; su sección constaba de 24.000 hombres.

11 El octavo, para el octavo mes, era Sibbekay, de Jusá, el zarejita; su sección constaba de 24.000 hombres.

12 El noveno, para el noveno mes, era Abiézer, de Anatot de los benjaminitas; en su sección había 24.000 hombres.

13 El décimo, para el décimo mes, era Mahray, de Neftofá, zarejita; su sección constaba de 24.000 hombres.

14 El undécimo, para el mes undécimo, era Benaías, de Piratón, de los efraimitas; su sección tenía 24.000 hombres.

15 El duodécimo, para el mes duodécimo, era Jelday, de Netofá, de la estirpe de Otniel; su sección comprendía 24.000 hombres.

16 Jefes de las tribus de Israel: Jefe de los rubenitas: Eliezer, hijo de Zikrí. De los simeonitas: Sefatías, hijo de Maaká.

17 De los levitas: Jasabías, hijo de Quemuel. De Aarón: Sadoq.

18 De Judá: Elihú, uno de los hermanos de David. De Isacar: Omrí, hijo de Miguel.

19 De Zabulón: Yismaías, hijo de Abdías. De Neftalí: Yerimot, hijo de Azriel.

20 De los efraimitas: Oseas, hijo de Azarías. De la media tribu de Manasés: Joel, hijo de Pedaías.

21 De la media tribu de Manasés en Galaad: Yiddó, hijo de Zacarías. De Benjamín: Yaasiel, hijo de Abner.

22 De Dan: Azarael, hijo de Yerojam. Estos son los jefes de las tribus de Israel.

23 David no hizo el censo de los que tenían menos de veinte años, porque Yahveh había dicho que multiplicaría a Israel como las estrellas del cielo.

24 Joab, hijo de Sarvia, comenzó a hacer el censo, pero no lo acabó; pues con ese motivo la Cólera descargó sobre Israel, por eso su número no alcanza el número de los Anales del rey David.

25 Azmávet, hijo de Adiel, tenía a su cargo los depósitos reales. Sobre los depósitos del campo, de las ciudades, de las aldeas, y de las torres, estaba Jonatán, hijo de Uzzías;

26 sobre los labradores del campo que cultivaban las tierras, Ezrí, hijo de Kelub;

27 sobre las viñas, Simí, de Ramá; sobre las provisiones de vino de las bodegas, Zabdí, de Sefán;

28 sobre los olivares y los sicómoros que había en la Tierra Baja, Báal Janán, de Guéder; sobre los almacenes de aceite, Joás;

29 sobre las vacadas que pacían en Sarón, Sitray el saronita; sobre las vacadas de los valles, Safat, hijo de Adlay;

30 sobre los camellos, Obil el ismaelita; sobre las asnas, Jejdeías, de Meronot;

31 sobre las ovejas, Yaziz el hagarita. Todos estos eran intendentes de la hacienda del rey David.

32 Jonatán, tío de David, hombre prudente e instruido, era consejero; él y Yejiel, hijo de Yakmoní, cuidaban de los hijos del rey.

33 Ajitófel era consejero del rey, y Jusay el arquita era amigo del rey.

34 Después de Ajitófel, lo fueron Yehoyadá, hijo de Benaías, y Abiatar. Joab era el jefe del ejército del rey.

Reflexión del capítulo 27

Este capítulo describe la organización civil y militar del reino: las doce secciones mensuales que servían al rey, los jefes de las tribus, los administradores de las propiedades y, al final, los consejeros de David. Es un retrato de un gobierno ordenado, donde cada uno tiene su responsabilidad y su tiempo de servicio. Llama la atención que el autor dedique tanto espacio a la administración, señal de que la vida del pueblo también se construye con buen orden, previsión y reparto justo de tareas. Junto a los militares aparecen los consejeros, y el texto menciona a Ajitófel, cuya traición posterior pesará mucho, y a otros que aconsejaban al rey. Un buen consejo es un don de Dios, y saber escucharlo es signo de sabiduría; rodearse de personas rectas protege de muchos errores. La página nos recuerda que el servicio a la comunidad no se improvisa: exige organización, confianza mutua y responsabilidad compartida. Y nos invita a preguntarnos qué lugar ocupamos nosotros en la construcción del bien común.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa hoy en las responsabilidades concretas que tienes, en tu casa, tu trabajo o tu comunidad, y cumple con esmero las que te tocan esta semana. Si tienes que tomar una decisión importante, busca el consejo de una persona sabia y recta, y escúchala con atención. Y si alguien te pide consejo, dedícale tiempo y honestidad. El bien común crece cuando cada uno asume su parte con responsabilidad y sin excusas.

Oración

Señor, tú que guías a tu pueblo con orden y sabiduría, danos sentido de responsabilidad y humildad para pedir consejo. Rodéanos de personas rectas y haz que nuestros consejos sean siempre verdaderos y buenos. Amén.

Acerca del libro de I Crónicas

El Primer Libro de las Crónicas, llamado en la tradición hebrea «Divré Hayyamim», palabras de los días, y en la griega «Paralipómenos», lo que se había dejado de lado, es una relectura de la historia de Israel escrita para una comunidad que regresaba del destierro de Babilonia. La tradición lo atribuye a Esdras, escriba y sacerdote, y su composición suele situarse hacia el siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo, ya sin reyes ni independencia, necesitaba volver a entender quién era y por qué Dios seguía siendo fiel. Por eso el autor no se limita a repetir lo que ya contaban los libros de Samuel y de los Reyes: selecciona, ordena y subraya. Calla las páginas más oscuras de David y engrandece todo lo que mira al culto, al templo, a los levitas y a la alabanza. Su mirada es litúrgica y sacerdotal, más atenta al altar que al campo de batalla.

El libro se abre con largas genealogías que van de Adán hasta las tribus de Israel y hasta la casa de David. A primera vista parecen una lista árida, pero encierran una convicción profunda: la historia de la salvación tiene raíces concretas, nombres, familias y una continuidad que atraviesa el destierro. Después, el relato se concentra en David: su ascenso al trono, el traslado del arca a Jerusalén, la promesa de una dinastía eterna y la preparación minuciosa del templo que no llegará a construir. David aparece como rey orante, músico y organizador del culto más que como guerrero.

Para el católico, Crónicas es una escuela de memoria agradecida. Nos enseña que la fidelidad de Dios no se interrumpe aunque los tiempos sean adversos, que el culto y la alabanza sostienen la vida del pueblo, y que cada generación recibe una herencia y una responsabilidad. Leerlo es descubrir que también nuestra historia personal, con sus nombres y sus heridas, está inscrita en un designio mayor.

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