I Crónicas

Antiguo Testamento | 29 capítulos | 942 versículos

1 Cr

Capítulo 2

1 Estos son los hijos de Israel: Rubén, Simeón, Leví y Judá, Isacar y Zabulón,

2 Dan, José y Benjamín, Neftalí, Gad y Aser.

3 Hijos de Judá: Er, Onán y Selá; los tres le nacieron de Bat Súa la cananea. Er, primogénito de Judá, era malo a los ojos de Yahveh, que le quitó la vida.

4 Tamar, nuera de Judá, le dio a luz a Peres y Zéraj. Todos los hijos de Judá fueron cinco.

5 Hijos de Peres: Jesrón y Jamul.

6 Hijos de Zéraj: Zimrí, Etán, Hemán, Kalkol y Dardá, en total cinco.

7 Hijos de Karmí: Akar, que perturbó a Israel por haber violado el anatema.

8 Hijos de Etán: Azarías.

9 Hijos de que le nacieron a Jesrón: Yerajmeel, Ram y Kelubay.

10 Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Najsón, príncipe de los hijos de Judá.

11 Najsón engendró a Salmá, y Salmá engendró a Booz.

12 Booz engendró a Obed y Obed engendró a Jesé.

13 Jesé engendró a su primogénito Eliab; Abinadab, el segundo; Simá, el tercero;

14 Netanel, el cuarto; Radday, el quinto;

15 Osem, el sexto; David, el séptimo.

16 Hermanas suyas fueron Sarvia y Abigaíl. Hijos de Sarvia: Abisay, Joab y Asahel, tres.

17 Abigaíl dio a luz a Amasá, el padre de Amasá fue Yéter el ismaelita.

18 Caleb, hijo de Jesrón, engendró a Yeriot, de su mujer Azubá. Estos son sus hijos: Yéser, Sobab y Ardón.

19 Murió Azubá y Caleb tomó por mujer a Efratá, de la que tuvo a Jur.

20 Jur engendró a Urí, y Urí engendró a Besalel.

21 Después se unió Jesrón a la hija de Makir, padre de Galaad. Tenía él sesenta años cuando la tomó por mujer; y le dijo a luz a Segub.

22 Segub engendró a Yaír, que poseyó veintitrés ciudades en el país de Galaad.

23 Los guesuritas y los arameos les tomaron las aldeas de Yaír, Quenat y sus aduares: sesenta ciudades. Todo esto pertenece a los hijos de Makir, padre de Galaad.

24 Después de morir Jesrón, Caleb se unió a Efratá, mujer de su padre Jesrón, la cual le dio a luz a Asjur, padre de Técoa.

25 Los hijos de Yerajmeel, primogénito de Jesrón, fueron: Ram, el primogénito, y Buná, Orén, Osem y Ajías.

26 Yerajmeel tuvo otra mujer cuyo nombre era Atará, que fue madre de Onam.

27 Los hijos de Ram, primogénito de Yerajmeel, fueron: Maás, Yamín y Equer.

28 Y los hijos de Onam fueron Sammay y Yadá; los hijos de Sammay, Nadab y Abisur.

29 La mujer de Abisur se llamaba Abihayil, que le dio a luz a Ajbán y Molid.

30 Los hijos de Nadab fueron Séled y Efraím; Séled murió sin hijos.

31 Hijo de Efraím fue Yisí; hijo de Yisí, Sesán; hijo de Sesán, Ajlay.

32 Hijos de Yadá, hermano de Sammay, fueron Yéter y Jonatán; Yéter murió sin hijos.

33 Hijos de Jonatán: Pélet y Zazá. Estos fueron los descendientes de Yerajmeel.

34 Sesán no tuvo hijos, sino hijas; tenía Sesán un siervo egipcio que se llamaba Yarjá.

35 Y dio Sesán una hija suya a su siervo Yarjá por esposa, la cual le engendró a Attay,

36 Attay engendró a Natán, Natán engendró a Zabad,

37 Zabad engendró a Eflal, Eflal engendró a Obed,

38 Obed engendró a Jehú, Jehú engendró a Azarías,

39 Azarías engendró a Jeles, Jeles engendró a Elasá,

40 Elasá engendró a Sismay, Sismay engendró a Sallum,

41 Sallum engendró a Yecamías, Yecamías engendró a Elisamá.

42 Hijos de Caleb, hermano de Yerajmeel: Mesá, su primogénito, que fue padre de Zif; tuvo por hijo a Maresá, padre de Hebrón.

43 Hijos de Hebrón: Coré, Tappúaj, Réquem y Sema.

44 Sema engendró a Rájam, padre de Yorqueam; Réquem engendró a Sammay.

45 Hijo de Sammay fue Maón, y Maón fue padre de Bet Sur.

46 Efá, concubina de Caleb, dio a luz a Jarán, Mosá y Gazez; Jarán engendró a Gazez.

47 Hijos de Yahday: Reguem, Jotam, Guesán, Pélet, Efá y Sáaf.

48 Maaká, concubina de Caleb, dio a luz a Séber y Tirjaná.

49 Engendró también a Sáaf, padre de Madmanná, y a Sevá, padre de Makdená y padre de Guibeá. Hija de Caleb fue Aksá.

50 Estos fueron los hijos de Caleb. Hijos de Jur, primogénito de Efratá: Sobal, padre de Quiryat Yearim;

51 Salmá, padre de Belén; Járef, padre de Bet Gáder.

52 Sobal, padre de Quiryat Yearim, tuvo por hijos a Haroé, es decir, la mitad de los manajatitas

53 y las familias de Quiryat Yearim; los yitríes, los putíes, los sumatíes y los misraíes. De ellos salieron los soratíes y los de Estaol.

54 Hijos de Salmá: Belén y los netofatíes, Atrot Bet Joab, la otra mitad de los manajatitas, los soríes

55 y las familias de los sofríes que habitaban en Yabés, los tiratíes, los simatíes, los sukatíes. Estos son kineos, descendientes de Jamat, padre de la casa de Rebak.

Reflexión del capítulo 2

El capítulo presenta a los hijos de Israel como una sola familia, doce hermanos nacidos de un mismo padre, y enseguida se detiene en la tribu de Judá, de la que brotará David. La lista de nombres, aparentemente interminable, es en realidad un retrato de la comunidad de fe: cada clan, cada casa, cada oficio tiene su sitio. Llama la atención que entre los descendientes de Judá se mencionen los clanes de los soferíes que vivían en Yabés, escribas y tejedores, gente humilde cuyo trabajo sostenía la vida del pueblo. El autor sagrado no solo recuerda a los reyes y a los héroes, sino también a los artesanos y a los hombres de oficio. Es una lección silenciosa: ante Dios la grandeza no se mide por el poder ni por el apellido, sino por la fidelidad con que cada uno cumple su tarea. La unidad de las tribus, tan frágil en la historia real, aparece aquí como un ideal querido por Dios: un pueblo reunido, donde nadie sobra y donde la promesa hecha a Judá sostiene la esperanza de todos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa hoy en las tareas humildes y poco visibles que sostienen tu comunidad: quien limpia, quien cocina, quien cuida, quien enseña a los niños. Da gracias por ellos y, si puedes, reconócelo con una palabra de aliento. Revisa también tu propio trabajo: ¿lo haces con esmero aunque nadie te vea? Ofrece a Dios la tarea concreta que te toca hoy, por pequeña que parezca, como un servicio a la familia de la fe.

Oración

Señor, tú que reúnes a tu pueblo como una sola familia, enséñanos a valorar a cada hermano y a no despreciar ningún servicio. Haznos fieles en lo pequeño y agradecidos con quienes trabajan en silencio por el bien de todos. Amén.

Acerca del libro de I Crónicas

El Primer Libro de las Crónicas, llamado en la tradición hebrea «Divré Hayyamim», palabras de los días, y en la griega «Paralipómenos», lo que se había dejado de lado, es una relectura de la historia de Israel escrita para una comunidad que regresaba del destierro de Babilonia. La tradición lo atribuye a Esdras, escriba y sacerdote, y su composición suele situarse hacia el siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo, ya sin reyes ni independencia, necesitaba volver a entender quién era y por qué Dios seguía siendo fiel. Por eso el autor no se limita a repetir lo que ya contaban los libros de Samuel y de los Reyes: selecciona, ordena y subraya. Calla las páginas más oscuras de David y engrandece todo lo que mira al culto, al templo, a los levitas y a la alabanza. Su mirada es litúrgica y sacerdotal, más atenta al altar que al campo de batalla.

El libro se abre con largas genealogías que van de Adán hasta las tribus de Israel y hasta la casa de David. A primera vista parecen una lista árida, pero encierran una convicción profunda: la historia de la salvación tiene raíces concretas, nombres, familias y una continuidad que atraviesa el destierro. Después, el relato se concentra en David: su ascenso al trono, el traslado del arca a Jerusalén, la promesa de una dinastía eterna y la preparación minuciosa del templo que no llegará a construir. David aparece como rey orante, músico y organizador del culto más que como guerrero.

Para el católico, Crónicas es una escuela de memoria agradecida. Nos enseña que la fidelidad de Dios no se interrumpe aunque los tiempos sean adversos, que el culto y la alabanza sostienen la vida del pueblo, y que cada generación recibe una herencia y una responsabilidad. Leerlo es descubrir que también nuestra historia personal, con sus nombres y sus heridas, está inscrita en un designio mayor.

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