I Crónicas
Antiguo Testamento | 29 capítulos | 942 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 6 de 29Capítulo 6
1 Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.
2 Estos son los nombres de los hijos de Guersón: Libní y Simí.
3 Hijos de Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uzziel.
4 Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Estas son las familias de los levitas según sus casas paternas.
5 De Guersóm: Libní, hijo suyo; Yájat, hijo suyo: Zimmá, hijo suyo;
6 Yoaj, hijo suyo; Iddó, hijo suyo; Zéraj, hijo suyo; Yeatray, hijo suyo.
7 Hijos de Quehat: Amminadab, hijo suyo; Coré, hijo suyo; Assir, hijo suyo;
8 Elcaná, hijo suyo; Ebyasaf, hijo suyo; Assir, hijo suyo;
9 Tájat, hijo suyo; Uriel, hijo suyo; Uzzías, hijo suyo; Saúl, hijo suyo.
10 Hijos de Elca1na: Amasay y Ajimot.
11 Elcaná, hijo suyo; Sufay, hijo suyo; Nájat, hijo suyo.
12 Eliab, hijo suyo; Yerojam, hijo suyo; Elcaná, hijo suyo.
13 Hijos de Elcaná: Samuel, el primogénito y Abías, el segundo.
14 Hijos de Merarí: Majlí; Libní, hijo suyo; Simí, hijo suyo; Uzzá, hijo suyo;
15 Simá, hijo suyo; Jagguías, hijo suyo; Asaías, hijo suyo.
16 Estos son los que puso David para dirigir el canto en la Casa de Yahveh, desde que el arca tuvo un lugar de reposo.
17 Ejercían el ministerio de cantores ante la Morada de la Tienda del Encuentro, hasta que Salomón edificó la Casa de Yahveh en Jerusalén. Cumplían su servicio conforme a su reglamento.
18 Estos son los que ejercían ese ministerio con sus hijos: De los hijos de Quehat: Hemán el cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel,
19 hijo de Elcaná, hijo de Yerojam, hijo de Eliel, hijo de Tóaj,
20 hijo de Suf, hijo de Elcaná, hijo de Májat, hijo de Amasay,
21 hijo de Elcaná, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sofonías,
22 hijo de Tájat, hijo de Assir, hijo de Ebyasaf, hijo de Coré,
23 hijo de Yishar, hijo de Quehat, hijo de Leví, hijo de Israel.
24 Su hermano Asaf, que asistía a su derecha: Asaf, hijo de Berekías, hijo de Simá,
25 hijo de Miguel, hijo de Baasías, hijo de Malkías,
26 hijo de Etní, hijo de Zéraj, hijo de Adaías,
27 hijo de Etán, hijo de Zimmá, hijo de Simí,
28 hijo de Yájat, hijo de Guersom, hijo de Leví.
29 Los hijos de Merarí, hermanos de ellos, asistían a la izquierda: Etán, hijo de Quisí, hijo de Abdí, hijo de Malluk,
30 hijo de Jasabías, hijo de Amasías, hijo de Jilquías,
31 hijo de Amsí, hijo de Baní, hijo de Sémer,
32 hijo de Majlí, hijo de Musí, hijo de Merarí, hijo de Leví.
33 Sus hermanos, los levitas, estaban dedicados a los servicios de la Morada de la Casa de Dios.
34 Aarón y sus hijos quemaban las ofrendas en el altar del holocausto y en el altar de los perfumes, según todo el servicio de las cosas sacratísimas, y hacían la expiación por todo Israel, conforme a todo cuanto había mandado Moisés, siervo de Dios.
35 Estos son los hijos de Aarón: Eleazar, su hijo; Pinjás, su hijo: Abisúa, su hijo;
36 Buqquí, su hijo; Uzzí, su hijo; Zerajías, su hijo;
37 Merayot, su hijo; Amarías, su hijo; Ajitub, su hijo;
38 Sadoq, su hijo; Ajimaas, su hijo.
39 He aquí sus residencias según el orden de sus fronteras: A los hijos de Aarón, de la familia de los quehatitas - pues la suerte cayó sobre ellos -
40 se les dio Hebrón en la tierra de Judá, con sus ejidos circundantes;
41 pero el campo de la ciudad y sus aldeas se dieron a Caleb, hijo de Yefunné.
42 Se dio a los hijos de Aarón como ciudades de asilo: Hebrón, Libná con sus ejidos, Yattir y Estemoa con sus ejidos,
43 Jilaz con sus ejidos, Debir con sus ejidos,
44 Asán con sus ejidos y Bet Semes con sus ejidos.
45 De la tribu de Benjamín: Gueba con sus ejidos, Alémet con sus ejidos y Anatot con sus ejidos. El total de todas sus ciudades: trece ciudades según sus familias.
46 A los otros hijos de Quehat les dieron por sorteo, conforme a sus familias, diez ciudades de la tribu de Efraím, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés.
47 A los hijos de Guersom, según sus familias, trece ciudades de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la tribu de Manasés en el Basán.
48 A los hijos de Merarí, según sus familias, les tocaron en suerte doce ciudades de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón;
49 los israelitas dieron a los levitas estas ciudades con sus ejidos.
50 De la tribu de los hijos de Judá, de la tribu de los hijos de Benjamín, les tocaron en suerte las ciudades a las que pusieron sus nombres.
51 En la tribu de Efraím se tomaron ciudades para algunas familias de los hijos de Quehat.
52 Se les asignó como ciudades de asilo: Siquem con sus ejidos, en la montaña de Efraím, Guézer con sus ejidos,
53 Yoqmeam con sus ejidos y Bet Jorón con sus ejidos,
54 Ayyalón con sus ejidos, Gat Rimmón con sus ejidos.
55 Y de la media tribu de Manasés: Aner con sus ejidos, Bilam con sus ejidos. Esta para los restantes hijos de Quehat.
56 Para los hijos de Guersom: De la familia de la media tribu de Manasés, Golán, en Basán, con sus ejidos, Astarot con sus ejidos.
57 De la tribu de Isacar, Cadés con sus ejidos, Dobrat con sus ejidos,
58 Ramot con sus ejidos, Anem con sus ejidos.
59 De la tribu de Aser, Masal con sus ejidos, Abdón con sus ejidos,
60 Jucoq con sus ejidos y Rejob con sus ejidos.
61 De la tribu de Neftalí: Cadés en Galilea con sus ejidos, Jammón con sus ejidos y Quiryatáyim con sus ejidos.
62 Para los demás hijos de Merarí: de la tribu de Zabulón: Rimmón con sus ejidos y Tabor con sus ejidos.
63 Y en la otra parte del Jordán, frente a Jericó, al oriente del Jordán, de la tribu de Rubén: Béser en el desierto, con sus ejidos, y Yahsa con sus ejidos,
64 Quedemot con sus ejidos y Mefaat con sus ejidos.
65 De la tribu de Gad: Ramot en Galaad con sus ejidos, Majanáyim con sus ejidos,
66 Jesbón con sus ejidos y Yazer con sus ejidos.
Reflexión del capítulo 6
Este capítulo está dedicado a Leví, la tribu consagrada al servicio del santuario. Presenta la descendencia de Aarón y la de los demás levitas, y menciona a los cantores que animaban la alabanza del pueblo. Hay un detalle que impresiona: los levitas no recibieron una heredad de tierra como las otras tribus, sino que su herencia era el mismo Dios. Vivían de lo que el pueblo ofrecía y de las ciudades que se les asignaban, porque su tarea era otra: sostener el culto, enseñar la ley, guardar el santuario y cantar ante el Señor día y noche. En una sociedad donde la tierra era seguridad y riqueza, renunciar a ella era un acto de confianza radical. La lección es honda y sigue viva: quien sirve a Dios de lleno debe apoyarse en Él más que en sus propias seguridades. El capítulo también nombra a los cantores con sus familias, recordándonos que la música y la oración sostenida son un ministerio, no un adorno. Detrás de cada celebración hay personas que dedican su vida a la alabanza.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Reza hoy por quienes dedican su vida al servicio de la Iglesia: sacerdotes, religiosos, catequistas, músicos de la liturgia, sacristanes. Elige a uno o dos por su nombre y pide a Dios por ellos. Y pregúntate si en tu propia vida das a Dios el tiempo y la atención que merece, o si solo le ofreces lo que te sobra.
Oración
Señor, tú que eres la herencia de quienes lo dejan todo por tu Reino, sostén a los que te sirven en tu Iglesia. Danos un corazón generoso para ofrecerte no nuestras sobras, sino lo mejor de nosotros, y únenos a su alabanza. Amén.
Acerca del libro de I Crónicas
El Primer Libro de las Crónicas, llamado en la tradición hebrea «Divré Hayyamim», palabras de los días, y en la griega «Paralipómenos», lo que se había dejado de lado, es una relectura de la historia de Israel escrita para una comunidad que regresaba del destierro de Babilonia. La tradición lo atribuye a Esdras, escriba y sacerdote, y su composición suele situarse hacia el siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo, ya sin reyes ni independencia, necesitaba volver a entender quién era y por qué Dios seguía siendo fiel. Por eso el autor no se limita a repetir lo que ya contaban los libros de Samuel y de los Reyes: selecciona, ordena y subraya. Calla las páginas más oscuras de David y engrandece todo lo que mira al culto, al templo, a los levitas y a la alabanza. Su mirada es litúrgica y sacerdotal, más atenta al altar que al campo de batalla.
El libro se abre con largas genealogías que van de Adán hasta las tribus de Israel y hasta la casa de David. A primera vista parecen una lista árida, pero encierran una convicción profunda: la historia de la salvación tiene raíces concretas, nombres, familias y una continuidad que atraviesa el destierro. Después, el relato se concentra en David: su ascenso al trono, el traslado del arca a Jerusalén, la promesa de una dinastía eterna y la preparación minuciosa del templo que no llegará a construir. David aparece como rey orante, músico y organizador del culto más que como guerrero.
Para el católico, Crónicas es una escuela de memoria agradecida. Nos enseña que la fidelidad de Dios no se interrumpe aunque los tiempos sean adversos, que el culto y la alabanza sostienen la vida del pueblo, y que cada generación recibe una herencia y una responsabilidad. Leerlo es descubrir que también nuestra historia personal, con sus nombres y sus heridas, está inscrita en un designio mayor.
Compartir
Enlace copiado