I Crónicas
Antiguo Testamento | 29 capítulos | 942 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 18 de 29Capítulo 18
1 Después de esto, batió David a los filisteos y los humilló, tomando Gat y sus dependencias de manos de los filisteos.
2 Batió también a los moabitas, que quedaron sometidos a David, pagando tributo.
3 Batió David a Hadadézer, rey de Sobá, en Jamat, cuando éste iba a establecer su dominio sobre el río Eufrates.
4 David apresó mi carros, 7.000 soldados de carro y 20.000 hombres de a pie; David desjarretó toda la caballería de los carros, reservando cien tiros.
5 Los arameos de Damasco vinieron en socorro de Hadadézer, rey de Sobá, y David hizo 22.000 bajas a los arameos.
6 Estableció David gobernadores en Aram de Damasco, y los arameos quedaron sometidos a David, pagando tributo. Yahveh hizo triunfar a David doquiera que iba.
7 Tomó David los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadadézer y los llevó a Jerusalén.
8 De Tibjat y Kun, ciudades de Hadadézer, tomó David una gran cantidad de bronce, con el cual hizo Salomón el Mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.
9 Cuando Tou, rey de Jamat, supo que David había derrotado a todas las fuerzas de Hadadézer, rey de Sobá,
10 envió a Hadoram, su hijo, donde el rey David para saludarle y para felicitarle por haber atacado y vencido a Hadadézer, ya que Tou estaba en guerra con Hadadézer. Traía Hadoram toda clase de objetos de oro, de plata y de bronce.
11 El rey David los consagró también a Yahveh, con la plata y el oro que había tomado a todas las naciones: a Edom, a Moab, a los ammonitas, a los filisteos y a los amalecitas.
12 Abisay, hijo de Sarvia, derrotó en el Valle de la Sal a 18.000 edomitas;
13 puso gobernadores en Edom; y todos los edomitas quedaron sometidos a David. Yahveh hizo triunfar a David dondequiera iba.
14 Reinó David sobre todo Israel administrando derecho y justicia a todo el pueblo.
15 Joab, hijo de Sarvia, era jefe del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era el heraldo;
16 Sadoq, hijo de Ajitub, y Ajimélek, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Savsá era secretario;
17 Benaías, hijo de Yehoyadá, mandaba a los kereteos y a los peleteos, y los hijos de David eran los primeros junto al rey.
Reflexión del capítulo 18
El capítulo resume las victorias de David: somete a los filisteos, a Moab, a los arameos y a los edomitas, y su fama se extiende por todas partes. El texto repite una y otra vez la misma idea: el Señor le daba la victoria dondequiera que iba. David, sin embargo, no se atribuye nada: consagra a Dios el oro, la plata y el bronce tomados de los pueblos, y los destina a la casa del Señor que aún no existe. Aquí se ve la diferencia entre un conquistador cualquiera y un rey según el corazón de Dios: no acumula para sí, sino que pone todo al servicio del culto. El capítulo termina enumerando a sus oficiales, un detalle que recuerda que un reino no se sostiene solo con un hombre, sino con un equipo de personas fieles. La gloria de David no está en su ejército, sino en la bendición de Dios y en la colaboración de muchos. Es una lección sobre el poder: recibido de Dios, debe convertirse en servicio y en ofrenda, nunca en privilegio para dominar a los demás.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Revisa hoy cómo usas lo que tienes: tu dinero, tu tiempo, tu influencia, tus talentos. ¿Los acumulas solo para ti o los pones al servicio de algo más grande? Elige un bien concreto al que aportar esta semana: una limosna, unas horas de voluntariado, un servicio a tu parroquia. Y agradece a Dios, no a tu propia habilidad, lo que has logrado.
Oración
Señor, fuente de todo bien, tú que das la victoria y sostienes a tu pueblo, líbranos de la soberbia y de la codicia. Enséñanos a usar lo que hemos recibido al servicio de los demás y a ofrecerte siempre lo mejor de nosotros. Amén.
Acerca del libro de I Crónicas
El Primer Libro de las Crónicas, llamado en la tradición hebrea «Divré Hayyamim», palabras de los días, y en la griega «Paralipómenos», lo que se había dejado de lado, es una relectura de la historia de Israel escrita para una comunidad que regresaba del destierro de Babilonia. La tradición lo atribuye a Esdras, escriba y sacerdote, y su composición suele situarse hacia el siglo IV antes de Cristo, cuando el pueblo, ya sin reyes ni independencia, necesitaba volver a entender quién era y por qué Dios seguía siendo fiel. Por eso el autor no se limita a repetir lo que ya contaban los libros de Samuel y de los Reyes: selecciona, ordena y subraya. Calla las páginas más oscuras de David y engrandece todo lo que mira al culto, al templo, a los levitas y a la alabanza. Su mirada es litúrgica y sacerdotal, más atenta al altar que al campo de batalla.
El libro se abre con largas genealogías que van de Adán hasta las tribus de Israel y hasta la casa de David. A primera vista parecen una lista árida, pero encierran una convicción profunda: la historia de la salvación tiene raíces concretas, nombres, familias y una continuidad que atraviesa el destierro. Después, el relato se concentra en David: su ascenso al trono, el traslado del arca a Jerusalén, la promesa de una dinastía eterna y la preparación minuciosa del templo que no llegará a construir. David aparece como rey orante, músico y organizador del culto más que como guerrero.
Para el católico, Crónicas es una escuela de memoria agradecida. Nos enseña que la fidelidad de Dios no se interrumpe aunque los tiempos sean adversos, que el culto y la alabanza sostienen la vida del pueblo, y que cada generación recibe una herencia y una responsabilidad. Leerlo es descubrir que también nuestra historia personal, con sus nombres y sus heridas, está inscrita en un designio mayor.
Compartir
Enlace copiado