Jeremías

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1363 versículos

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Capítulo 41

1 Pues bien, el mes séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de linaje real, se dirigió en compañía de algunos grandes del rey y diez hombres a Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y allí en Mispá comieron juntos.

2 Se levantó Ismael, hijo de Netanías, y los diez que estaban con él, y acuchillaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y dieron muerte a aquel a quien el rey de Babilonia había encargado del país.

3 También mató Ismael a todos los judíos que estaban con él, con Godolías, en Mispá y a los guerreros caldeos que se hallaban allí.

4 Era al día siguiente del asesinato de Godolías, y nadie lo sabía.

5 Unos hombres venían de Siquem de Silo y de Samaría, ochenta entre todos, la barba raída, harapientos y arañados, portadores de oblaciones e incienso que traían a la Casa de Yahveh.

6 Salió Ismael, hijo de Netanías, a su encuentro desde Mispá. Iba llorando mientras caminaba, y llegando junto a ellos, les dijo: «Venid adonde Godolías, hijo de Ajicam.»

7 Y así que hubieron entrado dentro de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, los degolló con la ayuda de sus hombres, y los echó dentro de una cisterna.

8 Entre aquellos hombres hubo diez que dijeron a Ismael: «No nos mates, que en el campo tenemos escondites de trigo, cebada, aceite y miel.» Y no les mató como a sus hermanos.

9 La cisterna adonde echó Ismael todos los cadáveres de los hombres que mató, era la cisterna grande. Es la que hizo el rey Asá para prevenirse contra Basá, rey de Israel; Ismael, hijo de Netanías, la llenó de asesinados.

10 Luego Ismael hizo prisioneros a todo el resto del pueblo que quedaba en Mispá, a las hijas del rey y a todo el pueblo que quedaba en Mispá, que Nebuzaradán, jefe de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ajicam; y de madrugada se fue Ismael, hijo de Netanías, a pasarse a los ammonitas.

11 Oyó Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, todos los crímenes que había hecho Ismael, hijo de Netanías.

12 Tomando a todos sus hombres fueron a luchar con Ismael, hijo de Netanías, al que encontraron junto a la gran alberca, que está en Gabaón.

13 Apenas toda la gente que esta con Ismael vio a Yojanán, hijo de Caréaj, y a todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, se llenaron de gozo,

14 y dando media vuelta toda aquella gente que Ismael llevaba prisionera de Mispá, regresaron al lado de Yojanán, hijo de Caréaj,

15 en tanto que Ismael, hijo de Netanías, se escapaba de Yojanán con ocho hombres, rumbo a los ammonitas.

16 Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban recogieron de Mispá a todo el resto de la gente que Ismael, hijo de Netanías, había hecho prisionera después que hubo matado a Godolías, hijo de Ajicam - hombres, gente de guerra, mujeres, niños y eunucos -, a los cuales hizo volver de Gabaón.

17 Ellos se fueron y se instalaron en el Refugio de Kimham, que está al lado de Belén, para seguir luego hasta Egipto

18 huyendo de los caldeos, pues les temían por haber matado Ismael, hijo de Netanías, a Godolías, hijo de Ajicam, a quien el rey de Babilonia había encargado del país.

Reflexión del capítulo 41

El capítulo cuadragésimo primero consuma la tragedia anunciada. En el mes séptimo, Ismael, de linaje real, llega a Mispá con diez hombres y, mientras comparten el pan con Godolías, se levanta con los suyos y lo asesina, junto con los judíos y los caldeos que lo acompañaban. No contento con eso, arroja los cadáveres a la cisterna que el rey Asa había construido, y después engaña y mata a un grupo de peregrinos que venían a ofrecer sacrificios. Es un retrato del odio que no se detiene ante nada, ni siquiera ante el pan compartido.

Yojanán, hijo de Caréaj, sale entonces a perseguir a Ismael y rescata a los cautivos que este llevaba consigo, pero Ismael escapa y se refugia entre los amonitas. El capítulo termina con Yojanán y su gente acampando en Guerut Quimam, cerca de Belén, con la intención de marchar a Egipto por miedo a los caldeos, que sin duda vengarán la muerte de Godolías. La comunidad salvada queda otra vez sin rumbo, y el resto del pueblo, ya diezmado, se prepara para un nuevo exilio.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El mal a veces se disfraza de amistad y se sienta a la mesa. Hoy pide a Dios discernimiento para no dejarte arrastrar por quien busca su interés a costa de los demás, y valentía para salir al encuentro de los que han sido engañados. Y cuando el miedo te empuje a decisiones precipitadas, no las tomes sin consultar antes al Señor.

Oración

Señor, líbrame de la traición y del engaño, y dame discernimiento para reconocer a quien busca el mal. Protege a los que son arrastrados por otros y ayúdame a no decidir desde el miedo. Amén.

Acerca del libro de Jeremías

El libro de Jeremías es el más extenso de los profetas y uno de los más humanos. Su protagonista nació en Anatot, aldea sacerdotal de Benjamín, hijo del sacerdote Jilquías. Siendo todavía muy joven recibió la llamada de Dios, en el año decimotercero del rey Josías, y ejerció su ministerio durante más de cuarenta años, hasta la caída de Jerusalén. No redactó él mismo toda la obra: dictó sus oráculos a su secretario Baruc, que los puso por escrito, y discípulos posteriores reunieron y ordenaron el conjunto.

El contexto histórico explica su drama. Josías emprendió una reforma religiosa que parecía devolver la esperanza a Judá, pero su muerte en Meguiddó dejó al reino a merced de las grandes potencias. Cayó Asiria, Egipto se debatió con Babilonia, y Nabucodonosor acabó imponiendo su yugo. En el año 587 antes de Cristo Jerusalén fue tomada, el Templo incendiado y el pueblo deportado. Jeremías vivió ese derrumbe desde dentro y lo anunció con lágrimas: de ahí el título de «profeta llorón».

En el centro de su mensaje está la alianza. Israel rompió el pacto sellado en el Sinaí y cambió al Dios vivo por ídolos; el profeta lo denuncia con imágenes imborrables: el manantial de aguas vivas abandonado por cisternas agrietadas o el barro en manos del alfarero. Pero el juicio nunca es la última palabra. A la denuncia sigue la promesa de que Dios mismo reunirá a su pueblo y sellará una alianza nueva, escrita no en piedra sino en el corazón, con el perdón definitivo de los pecados.

Para la fe católica este libro es una escuela de conversión y de esperanza. Enseña que la religión sin justicia es una cueva de bandidos y que el sufrimiento del justo no es castigo sino participación en la obra de Dios. Sobre todo, apunta a Cristo: la alianza nueva anunciada aquí es la que Jesús sella con su sangre en la Última Cena, y el perdón que Jeremías promete es el que la Iglesia administra en los sacramentos.

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