Jeremías

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1363 versículos

Jr

Capítulo 49

1 A los ammonitas. Así dice Yahveh: ¿Hijos no tiene Israel? ¿o heredero no tiene? Entonces ¿por qué ha heredado Milkom a Gad, y su pueblo en las ciudades de éste habita?

2 Por eso, he aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que haré oír a Rabbá de los ammonitas el clamoreo del combate y ella parará el montículo de ruinas; y sus hijas serán abrasadas y heredará Israel a los que le heredaron - oráculo de Yahveh -.

3 Ulula, Jesbón, porque Ar ha sido devastada. Gritad, hijas de Rabbá, ceñíos de sayal, lamentaos y discurrid por las cercas. Porque Milkom al destierro va, sus sacerdotes y sus jefes a una.

4 ¿Por qué te jactas de tu Valle, criatura independiente, confiada en sus tesoros: «¿Quién llegará hasta mí?»

5 Mira que yo traigo sobre ti espanto - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - por todos tus alrededores, y seréis ahuyentados cada uno por su lado y no habrá quien reúna a los errantes.

6 (Tras de lo cual haré volverse a los cautivos, de los ammonitas - oráculo de Yahveh -.)

7 A Edom. Así dice Yahveh Sebaot: ¿No queda ya sabiduría en Temán? ¿Pereció la prudencia de los entendidos, se evaporó su sabiduría?

8 Huid, dad media vuelta, buscad profunda morada, moradores de Dedán, porque el infortunio de Esaú he traído sobre él, la hora de su visita.

9 Si vinieran a ti vendimiadores, ¿no dejarían rebuscos? Si ladrones por la noche, dañarían hasta donde les bastase.

10 Pues bien, yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no puede. Ha sido aniquilado su linaje, sus hermanos y vecinos, y él mismo no aparece.

11 Deja a tus huérfanos, yo haré que vivan, y tus viudas en mí confiarán.

12 Pues así dice Yahveh: Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin falta la beberás.

13 Porque por mí lo he jurado - oráculo de Yahveh - que en desolación se convertirá Bosrá, y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas.

14 Una nueva he oído de parte de Yahveh, un mensajero entre las naciones enviado: «Juntaos y venid contra él y poneos en pie de guerra.»

15 Porque es cierto que pequeño te hice yo entre las naciones, despreciable entre los hombres.

16 El espanto que infundías te engañó, la soberbia de tu corazón, tú, el que habitas en las hendiduras de la roca, que ocupas lo alto de la cuesta. Aunque pongas en alto, como el águila, tu nido, de allí te haré bajar - oráculo de Yahveh -.

17 Edom parará en desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver todas sus heridas.

18 Cual la catástrofe de Sodoma y Gomorra y sus vecinas - dice Yahveh - donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano.

19 Vedlo como león que sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me plazca. Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el pastor que aguante en mi presencia?

20 Así pues, oíd la decisión que Yahveh ha tomado sobre Edom y sus planes sobre los moradores de Temán. Juro que les han de llevar a rastras las crías de los rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales.

21 Al son de su caída retumbó la tierra y el griterío hasta el mar de las Cañas se dejó oír.

22 Ved cómo cual un águila sube, se remonta y extiende sus alas sobre Bosrá; y vendrá a ser el corazón de los valientes de Edom en aquel día como corazón de mujer en parto.

23 A Damasco. Avergonzadas están Jamat y Arpad. Porque una noticia mala oyeron, su corazón tembló de espanto; como el mar que no se puede calmar.

24 Flaqueó Damasco, dio vuelta para huir y escalofríos la sobrecogieron: apuro y dolores la acometieron como a parturienta.

25 ¡Cómo! ¿No fue abandonada la ciudad celebrada, la villa de mi contento?

26 En verdad, caerán sus jóvenes escogidos en sus plazas, y todos los guerreros perecerán aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot -.

27 Prenderé fuego a la muralla de Damasco, y consumirá los alcázares de Ben Hadad.

28 A Quedar y a los reinos de Jasor, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Así dice Yahveh: Alzaos, subid a Quedar y saquead a los hijos de oriente.

29 Sus tiendas y rebaños serán tomados; sus toldos y todo su ajuar y sus camellos les serán arrebatados, y a ellos se les llamará «Terror por doquier».

30 Huid, emigrad muy lejos, buscad profunda morada, moradores de Jasor - oráculo de Yahveh - porque ha tomado contra vosotros Nabucodonosor, rey de Babilonia, una decisión, y ha trazado un plan contra vosotros.

31 Alzaos, subid contra la nación pacífica que vive confiada - oráculo de Yahveh -. Ni puertas ni cerrojos tiene. En aislamiento viven.

32 Y serán sus camellos objeto del pillaje y el tropel de sus ganados para botín, y esparciré a todo viento a los que se afeitan las sienes, y de todos sus aledaños traeré su infortunio - oráculo de Yahveh -.

33 Y vendrá a ser Jasor guarida de chacales, desolación sempiterna, donde no se asienta nadie y en la que no reside ser humano.

34 Lo que fue dicho por Yahveh al profeta Jeremías tocante a Elam en el principio del reinado de Sedecías, rey de Judá.

35 Así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo rompo el arco de Elam, primicia de su fuerza

36 y voy a traer sobre Elam los cuatro vientos desde los cuatro cabos de los cielos, y a ellos les esparciré a todos estos vientos, y no habrá nación a donde no lleguen los arrojados de Elam.

37 Haré desmayar a Elam ante sus enemigos y ante los que buscan su muerte y traeré sobre ellos cosa mala, el ardor de mi ira - oráculo de Yahveh - y soltaré tras ellos la espada hasta acabarlos.

38 Pondré mi trono en Elam y haré desaparecer de allí a rey y jefes - oráculo de Yahveh -.

39 Luego, en días futuros, haré volver a los cautivos de Elam - oráculo de Yahveh -.

Reflexión del capítulo 49

El capítulo cuadragésimo noveno reúne cinco oráculos contra pueblos vecinos. Contra los amonitas, que se habían apoderado de la herencia de Gad, Dios anuncia que llegará el día en que Israel recupere su posesión. Contra Edom, el pueblo hermano descendiente de Esaú, pronuncia una sentencia terrible: aunque ponga su nido en las alturas como el águila, de allí lo derribará; su sabiduría y su orgullo no lo salvarán. Contra Damasco, la ciudad comercial y fortificada, anuncia el fuego que devorará sus murallas. Contra Cadar y los reinos de Jasor, en el desierto, anuncia la dispersión. Y contra Elam, al oriente, el quebranto de su arco, que era su fuerza principal.

Lo llamativo del capítulo es su alcance universal. El Dios de Israel juzga a amonitas, edomitas, sirios, árabes y elamitas con la misma vara con que juzga a su propio pueblo. Ninguna nación queda fuera de su mirada. Pero tampoco aquí falta la misericordia: al final de los oráculos contra Elam y contra Moab se repite la promesa de hacer volver a los cautivos en días futuros. La justicia de Dios no es un destino ciego, sino una pedagogía que busca la conversión de todos los pueblos.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Es fácil pensar que Dios solo se ocupa de los nuestros y desentenderse del resto. Hoy reza por los pueblos y las personas que consideras lejanos o ajenos, incluso por quienes te resultan hostiles. Y no te fíes de tus defensas ni de tu sabiduría, como Edom: todo lo que te da seguridad fuera de Dios puede derrumbarse. Pon tu confianza en quien juzga con justicia a todas las naciones.

Oración

Señor, tú miras a todos los pueblos con la misma justicia y misericordia. Enséñame a rezar por los que considero ajenos y a no confiar en mis propias defensas. Que busque en ti mi única seguridad. Amén.

Acerca del libro de Jeremías

El libro de Jeremías es el más extenso de los profetas y uno de los más humanos. Su protagonista nació en Anatot, aldea sacerdotal de Benjamín, hijo del sacerdote Jilquías. Siendo todavía muy joven recibió la llamada de Dios, en el año decimotercero del rey Josías, y ejerció su ministerio durante más de cuarenta años, hasta la caída de Jerusalén. No redactó él mismo toda la obra: dictó sus oráculos a su secretario Baruc, que los puso por escrito, y discípulos posteriores reunieron y ordenaron el conjunto.

El contexto histórico explica su drama. Josías emprendió una reforma religiosa que parecía devolver la esperanza a Judá, pero su muerte en Meguiddó dejó al reino a merced de las grandes potencias. Cayó Asiria, Egipto se debatió con Babilonia, y Nabucodonosor acabó imponiendo su yugo. En el año 587 antes de Cristo Jerusalén fue tomada, el Templo incendiado y el pueblo deportado. Jeremías vivió ese derrumbe desde dentro y lo anunció con lágrimas: de ahí el título de «profeta llorón».

En el centro de su mensaje está la alianza. Israel rompió el pacto sellado en el Sinaí y cambió al Dios vivo por ídolos; el profeta lo denuncia con imágenes imborrables: el manantial de aguas vivas abandonado por cisternas agrietadas o el barro en manos del alfarero. Pero el juicio nunca es la última palabra. A la denuncia sigue la promesa de que Dios mismo reunirá a su pueblo y sellará una alianza nueva, escrita no en piedra sino en el corazón, con el perdón definitivo de los pecados.

Para la fe católica este libro es una escuela de conversión y de esperanza. Enseña que la religión sin justicia es una cueva de bandidos y que el sufrimiento del justo no es castigo sino participación en la obra de Dios. Sobre todo, apunta a Cristo: la alianza nueva anunciada aquí es la que Jesús sella con su sangre en la Última Cena, y el perdón que Jeremías promete es el que la Iglesia administra en los sacramentos.

Compartir

Enlace copiado