Jeremías

Antiguo Testamento | 52 capítulos | 1363 versículos

Jr

Capítulo 48

1 Sobre Moab. Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, porque ha sido saqueada! Está confusa, ha sido tomada Quiryatáyim. Está confusa la acrópolis y anonadada.

2 Ya no existe la prez de Moab. En Jesbón han planeado su ruina: «Vamos y borrémosla de entre las naciones.» También a ti, Madmén, se te hará callar. La espada te va a la zaga.

3 Gritos desde Joronáyim, devastación y quebranto grande.

4 Quebrantada fue Moab. Hácense oír los gritos de sus pequeños.

5 La cuesta de Lujit, llorando se la suben, y a la bajada de Joronáyim gritos desgarrados se oyen.

6 «Huid, poneos en salvo, haced como el onagro en el desierto.»

7 En réplica a tu confianza en tus obras y tus tesoros, también tú eres tomada, y sale Kemós desterrado, sus sacerdotes y jefes a una,

8 Viene el devastador a todas las ciudades, y ni una ciudad se salva. Y se pierde el valle, y es asolada la meseta: tal ha dicho Yahveh.

9 Dad alas, a Moab, porque ha de salir volando, y sus ciudades se volverán desolación sin nadie que las habite.

10 (Maldito quien haga el trabajo de Yahveh con dejadez, y maldito el que prive a sus espada de sangre).

11 Tranquilo estaba Moab desde su mocedad, y quieto se estaba en sus atalayas. Nunca fue trasegado, ni al destierro marchó. Por eso le duraba su gusto, y su sabor no se picó.

12 Empero, he aquí que días vienen, - oráculo de Yahveh - en que yo le he de enviar decantadores que lo decanten. Sus vasijas vaciarán, y sus odres reventarán.

13 Se avergonzará Moab de Kemós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, en el que confiaba.

14 ¿Cómo decís: «Valientes somos, y hombres fuertes para la guerra»?

15 Moab está devastado; han escalado sus ciudades, y la flor de sus mancebos bajaron a la matanza - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot.

16 El infortunio de Moab es inminente, y su calamidad se precipita.

17 Lloradle, todos sus vecinos y todos los que conocen su nombradía. Decid: «¿Cómo ha sido quebrantada la vara poderosa, el báculo precioso?»

18 Desciende del honor y siéntate en la tierra seca, población hija de Dibón, porque el devastador de Moab ha subido contra ti, ha destruido tus fortalezas.

19 En el camino párate y otea, población de Aroer; pregunta al fugitivo y al escapado; di: «¿Qué ha sucedido?»

20 Confuso está Moab porque fue destruido. Ululad y clamad. Anunciad en el Arnón que ha sido saqueado Moab.

21 Y la sentencia ha llegado a la meseta, a Jolón, a Yahsá y a Mefaat,

22 a Dibón, a Nebo y a Bet Diblatáyim,

23 a Quiryatáyim, a Bet Gamul y a Bet Maón,

24 a Queriyyot, a Bosrá y a todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las cercanas.

25 «Se partió el cuerno de Moab y su brazo se rompió», - oráculo de Yahveh -.

26 Emborrachadle porque contra Yahveh se engrandeció. Moab se revolcará en su vómito, y quedará en ridículo él también.

27 Pues qué, ¿no te pareció a ti ridículo Israel? ¿o quizá entre ladrones fue sorprendido, que siempre que hablas de él meneas la cabeza?

28 «Dejad las ciudades y acomodaos en la peña, habitantes de Moab, sed como la paloma cuando anida en las paredes de las simas...»

29 Hemos oído la arrogancia de Moab: ¡es muy arrogante!, su orgullo, su arrogancia, su altanería y la soberbia de su corazón.

30 Conozco - oráculo de Yahveh - su presunción, y que sus bravatas no son como sus hechos.

31 Así que, por Moab ulularé y por Moab entero gritaré; por los hombres de Quir Jeres suspiraré:

32 Más que se lloró a Yazer lloraré por ti, ¡oh viña de Sibmá! Tus sarmientos pasaban la mar, hasta Yazer alcanzaban. Sobre tu cosecha y sobre tu vendimia el saqueador se abatió,

33 y fue quitada alegría y alborozo de Carmelo y del país de Moab, y el vino a los trujales he quitado, no se oye el grito alegre del pisador, ya no se oyen gritos.

34 De tanto gritar en Jesbón, hasta Elalé, hasta Yahas llegaron las voces desde Soar hasta Joronáyim, - Eglat Selisiyyá -, porque también las aguas de Nimrim se han trocado en aridez.

35 Quitaré a Moab - oráculo de Yahveh - de subirse al alto e incensar a sus dioses.

36 Por eso mi corazón por Moab como flauta resuena, porque cuanto habían guardado se perdió,

37 pues toda cabeza ha sido rapada y toda barba raída: en todas las manos arañazos y en todos los lomos saco,

38 en todos los terrados de Moab y por sus calles todo el mundo se lamentaba, porque he quebrantado a Moab como vaso de desecho - oráculo de Yahveh -.

39 ¡Cómo has sido destruida! ululad. ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab con vergüenza, y ha venido a ser Moab la burla y el espanto de todos sus vecinos!

40 Porque así ha dicho Yahveh: (Ved cómo cual un águila se remonta y extiende sus alas sobre Moab.)

41 Tomadas fueron las plazas, y las fortalezas ocupadas. (Vendrá a ser el corazón de los valientes de Moab en aquel día como corazón de mujer en parto.)

42 Devastado está Moab que ya no es pueblo, porque contra Yahveh se engrandeció.

43 Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de Moab, - oráculo de Yahveh.

44 El que huya del pánico, caerá en la hoya y el que suba de la hoya será preso en la trampa, porque voy a hacer que se llegue a ella, a Moab, el año de su castigo - oráculo de Yahveh -.

45 A la sombra de Jesbón se pararon sin fuerza los fugitivos, cuando fuego salió de Jesbón y llama de la casa de Sijón, y devoró las sienes de Moab y el cráneo de los hijos del ruido.

46 ¡Ay de ti Moab! Pereció el pueblo de Kemós, pues han sido tomados sus hijos en cautiverio y sus hijas en cautividad.

47 Pero yo haré volverse a los cautivos de Moab en días futuros - oráculo de Yahveh -. Hasta aquí la sentencia de Moab.

Reflexión del capítulo 48

El capítulo cuadragésimo octavo es el más extenso de los oráculos contra las naciones, y está dedicado a Moab. El profeta anuncia la ruina de sus ciudades, empezando por Nebo y Quiryatáyim, y describe el llanto que recorre el país: los gritos llegan hasta Jasa, los fugitivos suben llorando por la cuesta de Luhit. Moab, que se creía seguro por su situación y su riqueza, es humillado. La causa se repite: por haberse engrandecido contra el Señor, por su orgullo, su arrogancia y su soberbia.

El capítulo contiene una imagen de gran fuerza: Moab era como un vino que nunca había sido trasegado, que conserva su aroma y su sabor; pero llegan los días en que será vaciado de vasija en vasija y su sabor se perderá. Es decir, la prosperidad sin crisis había vuelto a Moab complaciente y sin madurar. El profeta llora por Moab como un flautista en un funeral y anuncia que sus viñas y sus lagares quedarán silenciosos. Pero incluso aquí hay un destello de esperanza: al final, Dios promete hacer volver a los cautivos de Moab en días futuros. El juicio divino no es venganza, sino justicia que deja abierta la puerta de la restauración.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Una vida sin crisis puede volverse complaciente, como el vino que nunca se trasegó. Hoy agradece las pruebas que te han hecho madurar y no huyas de las que ahora te tocan. Y no te alegres de la caída del adversario: el profeta llora por Moab. Pide un corazón que desee el bien incluso de quien te ha hecho daño.

Oración

Señor, tú humillas al soberbio y dejas abierta la puerta de la restauración. No permitas que la comodidad me vuelva complaciente, y dame un corazón que no se alegre de la desgracia ajena. Amén.

Acerca del libro de Jeremías

El libro de Jeremías es el más extenso de los profetas y uno de los más humanos. Su protagonista nació en Anatot, aldea sacerdotal de Benjamín, hijo del sacerdote Jilquías. Siendo todavía muy joven recibió la llamada de Dios, en el año decimotercero del rey Josías, y ejerció su ministerio durante más de cuarenta años, hasta la caída de Jerusalén. No redactó él mismo toda la obra: dictó sus oráculos a su secretario Baruc, que los puso por escrito, y discípulos posteriores reunieron y ordenaron el conjunto.

El contexto histórico explica su drama. Josías emprendió una reforma religiosa que parecía devolver la esperanza a Judá, pero su muerte en Meguiddó dejó al reino a merced de las grandes potencias. Cayó Asiria, Egipto se debatió con Babilonia, y Nabucodonosor acabó imponiendo su yugo. En el año 587 antes de Cristo Jerusalén fue tomada, el Templo incendiado y el pueblo deportado. Jeremías vivió ese derrumbe desde dentro y lo anunció con lágrimas: de ahí el título de «profeta llorón».

En el centro de su mensaje está la alianza. Israel rompió el pacto sellado en el Sinaí y cambió al Dios vivo por ídolos; el profeta lo denuncia con imágenes imborrables: el manantial de aguas vivas abandonado por cisternas agrietadas o el barro en manos del alfarero. Pero el juicio nunca es la última palabra. A la denuncia sigue la promesa de que Dios mismo reunirá a su pueblo y sellará una alianza nueva, escrita no en piedra sino en el corazón, con el perdón definitivo de los pecados.

Para la fe católica este libro es una escuela de conversión y de esperanza. Enseña que la religión sin justicia es una cueva de bandidos y que el sufrimiento del justo no es castigo sino participación en la obra de Dios. Sobre todo, apunta a Cristo: la alianza nueva anunciada aquí es la que Jesús sella con su sangre en la Última Cena, y el perdón que Jeremías promete es el que la Iglesia administra en los sacramentos.

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