Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 1

1 Yahveh habló a Moisés en el desierto del Sinaí, en la Tienda del Encuentro, el día primero del mes segundo, el año segundo de la salida de Egipto. Les dijo:

2 «Haced el censo de toda la comunidad de los israelitas, por clanes y por familias, contando los nombres de todos los varones, uno por uno.

3 Alistaréis, tú y Aarón, a todos los de veinte años para arriba, a todos los útiles para la guerra, por cuerpos de ejército.

4 Os ayudará un hombre por cada tribu, que sea jefe de su familia.

5 Estos son los nombres de los que os ayudarán: Por Rubén, Elisur, hijo de Sedeur.

6 Por Simeón, Selumiel, hijo de Surisadday.

7 Por Judá, Najsón, hijo de Aminadab.

8 Por Isacar, Natanael, hijo de Suar.

9 Por Zabulón, Eliab, hijo de Jelón.

10 Por los hijos de José: por Efraím, Elisamá, hijo de Ammihud; por Manasés, Gamaliel, hijo de Pedahsur.

11 Por Benjamín, Abidán, hijo de Guideoní.

12 Por Dan, Ajiézer, hijo de Ammisadday.

13 Por Aser, Paguiel, hijo de Okrán.

14 Por Gad, Elyasaf, hijo de Reuel.

15 Por Neftalí, Ajirá, hijo de Enán».

16 Eran éstos afamados en la comunidad, principales de las tribus de sus antepasados, jefes de milar de Israel.

17 Moisés y Aarón tomaron a aquellos hombres que habían sido designados por sus nombres,

18 y convocaron a toda la comunidad, el día primero del mes segundo. Fueron afiliados por clanes y familias, anotando uno por uno los nombres de los de veinte años para arriba.

19 Tal como Yahveh se lo había mandado, les pasó revista Moisés en el desierto del Sinaí.

20 Hecho el recuento de las parentelas de los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra,

21 resultaron los revistados de la tribu de Rubén, 46.500

22 Parentelas de los hijos de Simeón, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arrriba, útiles para la guerra:

23 59.300 revistados de la tribu de Simeón.

24 Parentelas de los hijos de Gad, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

25 45.650 revistados de la tribu de Gad.

26 Parentelas de los hijos de Judá, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

27 74.600 revistados de la tribu de Judá.

28 Parentelas de los hijos de Isacar, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

29 54.400 revistados de la tribu de Isacar.

30 Parentelas de los hijos de Zabulón por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

31 57.400 revistados de la tribu de Zabulón.

32 De los hijos de José: Parentelas de los hijos de Efraím, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

33 40.500 revistados de la tribu de Efraím.

34 Parentelas de los hijos de Manasés por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

35 32.200 revistados de la tribu de Manasés.

36 Parentelas de los hijos de Benjamín, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

37 35.400 revistados de la tribu de Benjamín.

38 Parentelas de los hijos de Dan, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

39 62.700 revistados de la tribu de Dan.

40 Parentelas de los hijos de Aser, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

41 41.500 revistados de la tribu de Aser.

42 Parentelas de los hijos de Neftalí, por clanes y familias, anotados uno por uno los nombres de todos los varones de veinte años para arriba, útiles para la guerra:

43 53.400 revistados de la tribu de Neftalí.

44 Estos fueron los revistados por Moisés y Aarón y por los doce principales de Israel, que pertenecían cada uno a una casa paterna.

45 Sacado el total de los israelitas de veinte años para arriba, de todos los que había en Israel, útiles para la guerra, revistados por sus casas paternas,

46 resultó el total de revistados: 603.550.

47 Pero los levitas, y su tribu paterna, no fueron revistados con ellos.

48 Yahveh habló a Moisés y le dijo:

49 «No pases revista a la tribu de Levi ni hagas su padrón entre los demás israelitas.

50 Alista tú mismo a los levitas para el servicio de la Morada del Testimonio, de todos sus utensilios y de todo lo que se relaciona con ella. Ellos han de llevar la Morada con todos sus utensilios, estarán al servicio de ella y acamparán en torno a ella.

51 Cuando haya de trasladarse la Morada, la desmontarán los levitas, y cuando la Morada se detenga, los levitas la montarán. El laico que se acerque, será muerto.

52 Los israelitas acamparán cada uno en su campamento y bajo su bandera, por cuerpos de ejército.

53 Pero los levitas acamparán alrededor de la Morada del Testimonio; y así no se desatará la Cólera contra la comunidad de los israelitas. Los levitas se encargarán del ministerio de la Morada del Testimonio.»

54 Los israelitas lo hicieron tal como se lo había mandado Yahveh a Moisés. Así lo hicieron.

Reflexión del capítulo 1

El libro comienza con un censo. Dios ordena contar a todos los varones aptos para la guerra, uno por uno, por familias y clanes, y el resultado es una cifra enorme que expresa la bendición de la promesa hecha a los patriarcas. A primera vista puede parecer un texto administrativo y hasta tedioso, pero encierra una convicción profunda: ante Dios nadie es un número anónimo. El censo se hace por nombres, por casas paternas, con representantes designados uno a uno. El pueblo que salió de Egipto no es una masa informe, sino una comunidad concreta, con rostro y con historia. Llama la atención que los levitas quedan excluidos del recuento militar: su servicio no será la guerra, sino el cuidado de la morada de Dios. En una sociedad que medía la fuerza por el número de soldados, esta excepción recuerda que hay tareas más importantes que la victoria. El capítulo enseña también que la organización no se opone a la fe: el pueblo de Dios necesita orden, responsabilidad y estructuras si quiere caminar unido hacia la tierra prometida. La libertad sin disciplina se dispersa.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dedica un momento a pensar en tu propia comunidad: la parroquia, la familia, el grupo del que formas parte. ¿Cumples con tu parte o dejas que otros sostengan la carga? ¿Conoces por su nombre a quienes colaboran contigo? Asume hoy una responsabilidad pequeña y concreta que hasta ahora eludías, aunque nadie te lo pida. La marcha del pueblo de Dios avanza cuando cada uno carga lo suyo y cuando nadie se esconde en el anonimato de la multitud.

Oración

Señor, tú me conoces por mi nombre y me llamas a formar parte de tu pueblo. Enséñame a asumir mi responsabilidad sin excusas y a colaborar con los demás. Que no viva mi fe aislado, sino en comunión con mis hermanos. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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