Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 6

1 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:

2 Diles esto a los israelitas: «Si un hombre o mujer se decide a hacer voto de nazir, consagrándose a Yahveh,

3 se abstendrá de vino y de bebidas embriagantes. No beberá vinagre de vino ni de bebida embriagante; tampoco beberá ningún zumo de uvas, ni comerá uvas, frescas o pasas.

4 En todo el tiempo de su nazireato no tomará nada de lo que se obtiene de la vid, desde el agraz hasta el orujo.

5 En todos los días de su voto de nazireato no pasará navaja por su cabeza: hasta cumplirse los días por los que se consagró a Yahveh, será sagrado y se dejará crecer la cabellera.

6 No se acercará, en todos los días de su nazireato en honor de Yahveh, a ningún cadáver.

7 Ni por su padre, ni por su madre, ni por su hermano, ni por su hermana se manchará, en el caso de que murieran, pues lleva sobre su cabeza el nazireato de su Dios.

8 Todos los días de su nazireato es un consagrado a Yahveh.

9 Si alguien muere de repente junto a él y mancha así su cabellera de nazir, se rapará la cabeza el día de su purificación, se la rapará el día séptimo.

10 El día octavo llevará un par de tórtolas o un par de pichones al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro.

11 El sacerdote ofrecerá uno en sacrificio por el pecado y el otro en holocausto; y expiará por aquel hombre la falta contraída a causa del muerto. Aquel día consagrará su cabeza:

12 se consagrará a Yahveh por todo el tiempo de su nazireato y ofrecerá un cordero de un año como sacrificio de reparación. Los días anteriores son nulos, por haberse manchado su cabellera.

13 Este es el rito del nazir, para cuando se cumplan los días de su nazireato. Llevado hasta la entrada de la Tienda del Encuentro,

14 presentará su ofrenda a Yahveh: un cordero de un año, sin defecto, en holocausto; una cordera de un año, sin defecto, en sacrificio por el pecado; un carnero sin defecto como sacrificio de comunión;

15 un canastillo de panes ázimos de flor de harina amasada con aceite y tortas sin levadura untadas en aceite, con sus correspondientes oblaciones y libaciones.

16 El sacerdote lo presentará delante de Yahveh y ofrecerá el sacrificio por el pecado y el holocausto del nazir.

17 Hará con el carnero un sacrificio de comunión a Yahveh, junto con el canastillo de ázimos, ofrecerá luego el sacerdote la correspondiente oblación y libación.

18 Entonces el nazir se rapará su cabellera de nazir, a la entrada de la Tienda del Encuentro; tomara la cabellera de su nazireato y la echará al fuego que arde debajo del sacrificio de comunión.

19 El sacerdote tomará un brazuelo, ya cocido, del carnero, un pan ázimo del canastillo y una torta sin levadura, y lo pondrá todo en manos del nazir, una vez que se haya rapado su cabellera de nazir.

20 El sacerdote presentará todo ello como ofrenda mecida delante de Yahveh. Es cosa santa, pertenece al sacerdote, además del pecho mecido y de la pierna reservada. Luego el nazir beberá vino.

21 Ese es el rito del nazir que, además de su nazireato, ha prometido una ofrenda a Yahveh (aparte de lo que sus posibilidades le permitan): a tenor del voto que prometió lo cumplirá además de lo prescrito para su nazireato.»

22 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:

23 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: «Así habéis de bendecir a los israelitas. Les diréis:

24 Yahveh te bendiga y te guarde;

25 ilumine Yahveh su rostro sobre ti y te sea propicio;

26 Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz.»

27 Que invoquen así mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.»

Reflexión del capítulo 6

El capítulo presenta dos joyas. La primera es el voto del nazireo: una persona que, por un tiempo, se consagra de manera especial al Señor absteniéndose de vino y de bebidas fermentadas, dejando crecer su cabello y evitando todo contacto con la muerte. No es un sacerdote ni un levita, sino un laico que elige libremente una entrega intensa. El texto muestra así que la santidad no es monopolio de una casta: cualquiera puede consagrarse. La segunda joya es la bendición que los sacerdotes deben pronunciar sobre el pueblo, una de las más antiguas y hermosas de la Biblia: el Señor te bendiga y te guarde, haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor, vuelva hacia ti su mirada y te dé la paz. Es una bendición en tres tiempos que la tradición cristiana ha leído como un anuncio velado de la Trinidad. Todo el capítulo respira confianza: Dios no busca atemorizar a su pueblo, sino volver hacia él su rostro. La bendición no es un conjuro, sino la certeza de que el nombre del Señor puesto sobre nosotros nos sostiene.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Aprende de memoria la bendición y úsala de verdad: béndice a tus hijos al acostarlos, a un enfermo al visitarlo, a un amigo que sufre, a quien se va de casa. Bendecir es una forma de amar en voz alta y de recordar a los demás que Dios vuelve su rostro hacia ellos. No la uses como fórmula mágica, sino como un gesto de cariño y de fe. Y deja que otros te bendigan también a ti.

Oración

Señor, bendíceme y guárdame. Haz brillar tu rostro sobre mí y ten piedad de mí. Vuelve hacia mí tu mirada y dame tu paz. Y que yo sepa bendecir a quienes pones en mi camino. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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