Números
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos
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Capítulo 36 de 36Capítulo 36
1 Los jefes de familia del clan de los hijos de Galaad, hijo de Makir, hijo de Manasés, uno de los clanes de los hijos de José, se presentaron y dijeron delante de Moisés y de los principales jefes de las casas paternas de los israelitas:
2 «Yahveh mandó a mi Señor que diera la tierra en herencia, por suertes, a los israelitas, y mi Señor recibió orden de Yahveh de dar la herencia de Selofjad, nuestro hermano, a sus hijas.
3 Si resulta que se casan con alguno de otra tribu israelita, será arrancada su parte de la herencia de nuestras familias. Aumentará entonces la herencia de la tribu a la que vayan a pertenecer, y se reducirá la herencia que nos tocó en suerte.
4 Y cuando llegue el jubileo para los israelitas, se añadirá la herencia de ellas a la herencia de la tribu a la que vayan a pertenecer y se restará su herencia de la herencia de la tribu de nuestros padres.»
5 Moisés, según la orden de Yahveh, mandó lo siguiente a los israelitas: «Dice bien la tribu de los hijos de José.
6 Esto es lo que Yahveh ordenó acerca de las hijas de Selofjad: Tomarán por esposos a los que bien les parezca, con tal que se casen dentro de los clanes de la tribu de su padre.
7 La herencia de los israelitas no podrá pasar de una tribu a otra, sino que los israelitas estarán vinculados cada uno a la herencia de la tribu de sus padres.
8 Y toda hija que posea una herencia en una de las tribus de los israelitas se casará con uno de un clan de la tribu de su padre para que cada uno de los israelitas posea la herencia de sus padres.
9 No podrá pasar una herencia de una tribu a otra. Cada una de las tribus de los israelitas quedará vinculada a su heredad.»
10 Tal como había mandado Yahveh a Moisés, así hicieron las hijas de Selofjad.
11 Majlá, Tirsá, Joglá, Milká y Noá, las hijas de Selofjad, se casaron con los hijos de sus tíos paternos.
12 Tomaron marido de los clanes de los hijos de Manasés, hijo de José, y así su herencia fue para la tribu del clan de su padre.
13 Estas son las órdenes y normas que dio Yahveh, por medio de Moisés, a los israelitas, en las Estepas de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó.
Reflexión del capítulo 36
El libro termina resolviendo un problema práctico derivado del capítulo anterior. Los jefes de la tribu de Manasés advierten que, si las hijas de Selofjad se casan con hombres de otra tribu, la herencia saldrá de su tribu y se alterará el reparto de la tierra. Moisés consulta al Señor y establece que las herederas se casen dentro de su propia tribu. Las mujeres conservan su derecho, pero se protege la unidad del patrimonio familiar y tribal. El libro que había comenzado con un censo en el Sinaí termina con una cuestión de herencias a las puertas de la tierra prometida, y en ambos extremos está la misma preocupación: que nadie quede sin lugar y que el pueblo conserve su identidad. Las hijas obedecen y el libro se cierra con un tono de orden y de esperanza. Después de tantas rebeliones, de tantas muertes y de cuarenta años de desierto, el pueblo está listo para entrar. La última palabra de Números no es el juicio, sino la preparación para la promesa.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuida la unidad de tu familia y de tu comunidad por encima de los intereses particulares. Cuando haya que decidir algo que afecta a todos, busca soluciones que respeten los derechos de cada uno sin romper el conjunto, y renuncia a lo tuyo cuando esté en juego el bien común. La unidad no se improvisa: exige conversaciones, paciencia y renuncias concretas.
Oración
Señor, tú condujiste a tu pueblo hasta las puertas de la promesa. Danos unidad para caminar juntos y respeto para reconocer el derecho de cada uno. Que sepamos renunciar a lo nuestro cuando esté en juego el bien de todos. Amén.
Acerca del libro de Números
El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.
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