Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 9

1 Habló Yahveh a Moisés, en el desierto del Sinaí, el año segundo de la salida de Egipto, el mes primero, y le dijo:

2 «Que los israelitas celebren la Pascua a su tiempo.

3 La celebrarán el día catorce de este mes, entre dos luces, al tiempo debido. La celebrarán según todos sus preceptos y normas.»

4 Moisés dijo a los israelitas que celebraran la Pascua.

5 La celebraron en el desierto del Sinaí, el primer mes, el día catorce del mes, entre dos luces. Según había mandado Yahveh a Moisés lo hicieron los israelitas.

6 Pero sucedió que algunos hombres estaban impuros por contacto de cadáver humano y no podían celebrar la Pascua aquel día. Se presentaron a Moisés y Aarón el mismo día

7 y les dijeron: «Estamos impuros por contacto de cadáver humano. ¿Por qué hemos de quedar excluidos de presentar la ofrenda a Yahveh a su tiempo con los demás israelitas?»

8 Moisés les respondió: «Esperad, que voy a consultar lo que os manda Yahveh.»

9 Yahveh habló a Moisés y le dijo:

10 «Diles a los israelitas: Si uno de vosotros o de vuestros descendientes está impuro por cadáver, o está de viaje en tierra lejana, también celebrará la Pascua en honor de Yahveh.

11 La celebrarán el mes segundo, el día catorce, entre dos luces. La comerán con panes ázimos y hierbas amargas.

12 No dejarán nada para la mañana, ni le quebrantarán ningún hueso. Según todo el ritual de la Pascua la celebrarán.

13 Pero el que, encontrándose puro y no habiendo estado de viaje, deje de celebrar la Pascua, ese tal será extirpado de su pueblo. Ese hombre cargará con su pecado, por no haber presentado la ofrenda a Yahveh a su tiempo.

14 Y si un forastero reside entre vosotros y celebra la Pascua en honor de Yahveh, la celebrará según los preceptos y normas de la Pascua. Uno mismo será el ritual para vosotros, tanto para el forastero como para el nativo del país.»

15 El día en que se erigió la Morada, la Nube cubrió la Morada, la Tienda del Testimonio. Por la tarde se quedaba sobre la Morada, con aspecto de fuego, hasta la mañana.

16 Así sucedía permanentemente: la Nube la cubría y por la noche tenía aspecto de fuego.

17 Cuando se levantaba la Nube de encima de la Tienda, los israelitas levantaban el campamento, y en el lugar en que se paraba la Nube, acampaban los israelitas.

18 A la orden de Yahveh partían los israelitas y a la orden de Yahveh acampaban. Quedaban acampados todos los días que la Nube estaba parada sobre la Morada.

19 Si se detenía la Nube muchos días sobre la Morada, los israelitas cumplían con el culto de Yahveh y no partían.

20 En cambio, si la Nube estaba sobre la Morada pocos días, a la orden de Yahveh acampaban y a la orden de Yahveh partían.

21 Si la Nube estaba sobre la Morada sólo de la noche a la mañana, y por la mañana se alzaba, ellos partían. Si estaba un día y una noche y luego se elevaba, partían.

22 Si, en cambio, se detenía sobre la Morada dos días, o un mes, o un año, reposando sobre ella, los israelitas se quedaban en el campamento y no partían; pero en cuanto se elevaba, partían.

23 A la orden de Yahveh acampaban y a la orden de Yahveh movían el campamento. Rendían culto a Yahveh, según la orden de Yahveh transmitida por Moisés.

Reflexión del capítulo 9

El capítulo narra la celebración de la Pascua en el desierto, en el tiempo señalado. Pero surge un problema: algunos hombres están impuros por haber tocado un cadáver y no pueden participar. En lugar de resignarse, plantean su caso a Moisés, y la respuesta de Dios es notable: celebrarán la Pascua un mes más tarde. La ley se abre a la misericordia y reconoce las circunstancias concretas de las personas. Es una lección sobre cómo aplicar las normas sin aplastar a nadie. Después el texto describe la nube que cubre la tienda y guía al pueblo: cuando se levanta, parten; cuando se posa, acampan, aunque sea un día o un año. El pueblo no decide el momento de partir, lo decide la nube. La paciencia de esperar y la prontitud de moverse son ambas obediencia. La segunda parte añade las trompetas de plata para convocar a la asamblea, dar la señal de marcha y tocar en la guerra. Todo el capítulo gira en torno a una idea: la vida del creyente se ordena al ritmo de Dios, no al propio.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Revisa tu impaciencia: ¿te cuesta esperar los tiempos de Dios? Cuando no puedas participar de algo por una razón justa, no te desesperes ni te sientas excluido; busca con sinceridad el modo de cumplir en otro momento y no abandones el camino. Aprende a distinguir cuándo es tiempo de partir y cuándo de quedarse. Y cuando estés en una etapa de espera, no la vivas como un vacío: úsala para prepararte.

Oración

Señor, enséñame a caminar a tu ritmo y no al mío. Dame paciencia para esperar tu señal y prontitud para levantarme cuando me llames. Que mi vida se ordene según tu voluntad y no según mis prisas. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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