Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 26

1 Yahveh habló a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y les dijo:

2 «Haced el recuento de toda la comunidad de los israelitas, por casas paternas, de veinte años en adelante, de todos los útiles para la guerra.»

3 Moisés y el sacerdote Eleazar les pasaron revista en las Estepas de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó,

4 como había mandado Yahveh a Moisés y a los israelitas cuando salían de Egipto. De veinte años en adelante:

5 Rubén, primogénito de Israel. Hijos de Rubén: de Henoc, el clan henoquita; de Pallú, el clan paluita;

6 de Jesrón, el clan jesronita; de Karmí, el clan karmita.

7 Esos eran los clanes rubenitas. Hecho el censo, resultaron ser 43.730.

8 Hijos de Pallú: Eliab.

9 Hijos de Eliab: Nemuel, Datán y Abirón. Estos Datán y Abirón eran famosos en la comunidad y se rebelaron contra Moisés y Aarón con la cuadrilla de Coré, cuando ésta se rebeló contra Yahveh.

10 La tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a Coré, cuando el fuego devoró a 250 hombres, para que sirvieran de escarmiento.

11 Pero los hijos de Coré no murieron.

12 Hijos de Simeón, por clanes: De Nemuel, el clan nemuelita; de Yamín, el clan yaminita; de Yakín, el clan yakinita;

13 de Zéraj, el clan zerajita; de Saúl, el clan saulita.

14 Esos eran los clanes simeonitas. Fueron contados: 22.200.

15 Hijos de Gad, por clanes: De Sefón, el clan sefonita; de Jagguí, el clan jagguita; de Suní, el clan sunita;

16 de Ozní, el clan oznita; de Erí, el clan erita;

17 de Arod, el clan arodita; de Arelí, el clan arelita.

18 Esos eran los clanes de los hijos de Gad. Según el censo fueron contados: 40.500.

19 Hijos de Judá: Er y Onán. Er y Onán murieron en la tierra de Canaán.

20 Los hijos de Judá, por clanes, eran: de Selá, el clan selanita; de Peres, el clan peresita; de Zéraj, el clan zerajita.

21 Hijos de Peres fueron: de Jesrón, el clan jesronita; de Jamul, el clan jamulita.

22 Esos eran los clanes de Judá. Según el censo fueron contados: 76.500.

23 Hijos de Isacar, por clanes: de Tolá, el clan tolaíta; de Puvá el clan puvita

24 de Yasub, el clan yasubita; de Simrón, el clan simronita.

25 Esos eran los clanes de Isacar. Según el censo fueron contados 64.300.

26 Hijos de Zabulón, por clanes: de Séred, el clan sardita; de Elón, el clan elonita; de Yajleel, el clan yajleelita.

27 Esos eran los clanes de Zabulón. Según el censo: 60.500.

28 Hijos de José, por clanes: Manasés y Efraím.

29 Hijos de Manasés: de Makir, el clan makirita. Makir engendró a Galaad. De Galaad, el clan galaadita.

30 Los hijos de Galaad eran: de Yézer, el clan Yezerita; de Jéleq, el clan jelequita;

31 Asriel, el clan asrielita; Sekem, el clan sekemita;

32 Semidá, el clan semidaita; Jéfer, el clan jeferita;

33 Selofjad, hijo de Jéfer, no tuvo hijos; solamente hijas. Se llamaban las hijas de Selofjad: Majlá, Noá, Jojlá, Milká y Tirsá.

34 Esos eran los clanes de Manasés, según el censo: 52.700.

35 Estos eran los hijos de Efraím, por clanes: de Sutélaj, el clan sutelajita; de Beker, el clan bekerita; de Taján, el clan tajanita.

36 Estos son los hijos de Sutélaj: de Erán, el clan eranita.

37 Esos eran los clanes de los hijos de Efraím. Según el censo fueron contados: 32.500. Esos eran los hijos de José, por clanes.

38 Hijos de Benjamín, por clanes: de Belá, el clan belaíta; de Asbel, el clan asbelita; de Ajiram, el clan ajiramita;

39 de Sefufam, el clan sefufamita; de Jufam, el clan jufamita.

40 Fueron los hijos de Belá, Ard y Naamán: el clan ardita; de Naamán, el clan naamanita.

41 Esos eran los hijos de Benjamín, por clanes. Según el censo fueron contados: 45.600.

42 Estos eran los hijos de Dan, por clanes: de Sujam, el clan sujamita. Estos eran los clanes de Dan, por clanes:

43 Todos los clanes sujamitas. Según el censo fueron contados: 64.400.

44 Hijos de Aser, por clanes: de Yimná, el clan yimnita; de Yisví, el clan yisvita; de Beriá, el clan berita.

45 De los hijos de Beriá: de Jéber, el clan jeberita; de Malkiel, el clan malkielita.

46 La hija de Aser, se llamaba Sáraj.

47 Esos eran los clanes de los hijos de Aser. Según el censo fueron contados: 53.400.

48 Hijos de Neftalí, por clanes: de Yajseel, el clan yajseelita; de Guní, el clan gunita;

49 de Yéser, el clan yisrita; de Sillem, el clan silemita.

50 Esos eran los clanes de Neftalí, por clanes. Según el censo fueron contados: 45.400.

51 Los revistados de los israelitas resultaron ser 601.730.

52 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:

53 «A éstos les has de repartir la tierra en herencia, conforme al número de alistados:

54 al grande le aumentarás la herencia y al pequeño se la reducirás; a cada uno se le dará la herencia según el número de sus alistados.

55 Pero el reparto se hará a suertes; según el número de alistados de cada tribu paterna se hará la distribución.

56 A suertes distribuirás la herencia, distinguiendo entre el grande y el pequeño.

57 Estos fueron los alistados de Leví, por clanes. De Guerson, el clan guersonita; de Quehat, el clan quehatita; de Merarí, el clan merarita.

58 Estos eran los clanes de Leví: el clan libnita, el clan hebronita, el clan majlita, el clan musita, el clan coreíta. Quehat engendró a Amram.

59 La mujer de Amram se llamaba Yokebed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto. Amram tuvo de ella a Aarón, a Moisés y a María su hermana.

60 Aarón engendró a Nadab y Abihú, a Eleazar e Itamar.

61 Nadab y Abihú murieron al ofrecer fuego profano delante de Yahveh.

62 El total del censo de todos los varones de un mes en adelante fue 23.000. Porque no fueron alistados con los demás israelitas, pues no se les daba herencia entre los demás israelitas.

63 Estos fueron los revistados por Moisés y el sacerdote Eleazar. Revistaron a los israelitas en las Estepas de Moab, cerca del Jordán a la altura de Jericó.

64 Entre ellos no quedaba nadie de los que habían sido alistados por Moisés y por el sacerdote Aarón, cuando hicieron el censo de los israelitas en el desierto del Sinaí.

65 Es que Yahveh les había dicho que morirían en el desierto, sin que quedara uno de ellos, excepto Caleb, hijo de Yefunné, y Josué, hijo de Nun.

Reflexión del capítulo 26

Después de la plaga, Dios ordena un nuevo censo en las llanuras de Moab, frente a Jericó. No es una repetición del primero, sino su consecuencia: aquella generación que salió de Egipto ha quedado en el desierto, y ahora se cuenta a sus hijos. La lista de clanes y familias es larga, y en medio de ella el texto deja caer una observación que sobrecoge: entre los contados no había ninguno de los que habían sido censados al salir de Egipto, porque todos habían muerto en el desierto, excepto Caleb y Josué. La promesa de Dios se cumple, pero a través de un relevo generacional que costó cuarenta años. El capítulo es a la vez un balance y una siembra: se cierra un ciclo y se abre otro. Hay algo profundamente humano en esta página, porque nos recuerda que no todos los que empiezan un camino lo terminan, y que la fidelidad de Dios se sostiene más allá de nuestras vidas individuales. Cada generación recibe la herencia y la transmite, corrigiendo lo que la anterior no pudo completar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa en lo que has recibido de quienes te precedieron en la fe —padres, abuelos, catequistas, amigos— y en lo que estás transmitiendo a los que vienen detrás. Da hoy un paso concreto para pasar el relevo: comparte una oración, cuenta una historia de fe, enseña algo que sabes o simplemente reza con alguien más joven. Cada generación recibe la herencia y la transmite. No dejes que se interrumpa en ti.

Oración

Señor, gracias por la fe que he recibido de otros y por las generaciones que me han precedido. Hazme fiel en la transmisión de lo que he recibido. Que mi vida sea un eslabón y no un final. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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