Números
Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos
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Capítulo 30 de 36Capítulo 30
1 Moisés habló a los israelitas conforme en todo a lo que le había ordenado Yahveh.
2 Habló Moisés a los jefes de tribu de los israelitas y les dijo: «Esto es lo que ha ordenado Yahveh:
3 Si un hombre hace un voto a Yahveh, o se compromete a algo con juramento, no violará su palabra: cumplirá todo lo que ha salido de su boca.
4 Y si una mujer hace un voto a Yahveh, o adquiere un compromiso, en su juventud, cuando está en casa de su padre,
5 si su padre se entera de su voto o del compromiso que ha contraído, y no le dice nada su padre, serán firmes todos sus votos, y todos los compromisos que ha contraído serán firmes.
6 Pero si su padre, el mismo día en que se entera de cualquiera de sus votos o de los compromisos que ha contraído, lo desaprueba, no serán firmes. Yahveh no se lo tendrá en cuenta, pues su padre lo ha desaprobado.
7 Y si se casa cuando todavía está ligada por sus votos o por un compromiso que inconsideradamente contrajeron sus labios,
8 si su marido se entera, y el mismo día en que se entera no lo desaprueba, serán firmes sus votos, y los compromisos que adquirió serán válidos.
9 Pero si el día en que se entera su marido, lo desaprueba, anula el voto que la obligaba y el compromiso que inconsideradamente contrajeron sus labios. Yahveh no se lo tendrá en cuenta.
10 El voto de una mujer viuda o repudiada, y todos los compromisos contraídos por ella, serán firmes.
11 Si una mujer ha hecho votos en casa de su marido, o se ha comprometido con juramento,
12 y se entera su marido y no le dice nada, no lo desaprueba, serán firmes todos sus votos, y todo compromiso que haya adquirido será firme.
13 Pero si su marido se los anula el mismo día en que se entera, no será firme nada de lo que ha salido de sus labios, sea voto o compromiso. Yahveh no se lo tendrá en cuenta, porque su marido se los anuló.
14 Cualquier voto o compromiso jurado que grava a la mujer, puede ratificarlo o anularlo el marido.
15 Si no le dice nada su marido para el día siguiente, es que confirma cualquier voto o compromiso que tenga; los confirma por no haberle dicho nada el día que se enteró.
16 Pero si los anula más tarde, cargará él con la falta de ella.»
17 Estos son los preceptos que Yahveh dio a Moisés acerca de las relaciones entre marido y mujer, y entre el padre y la hija que, durante su juventud, vive todavía en casa de su padre.
Reflexión del capítulo 30
El capítulo trata de los votos y establece una distinción entre el hombre y la mujer según la estructura social de su tiempo. La norma fundamental es que quien hace una promesa al Señor debe cumplirla y no puede desdecirse con ligereza. La palabra dada tiene un valor sagrado, y la persona que promete y luego se retracta queda manchada. Pero junto a este principio aparecen varias salvaguardas: el padre puede anular el voto de una hija joven que vive en su casa, y el marido el de su esposa, si lo hace el mismo día en que lo conoce. La ley protege así a quien podría comprometerse de manera impulsiva y quedar atrapado por una decisión precipitada. Es una muestra de la sabiduría del texto: respeta la libertad de prometer y, a la vez, protege la fragilidad de quien podría prometer sin medir las consecuencias. Para el creyente, el capítulo es una invitación a la seriedad en las promesas —las del bautismo, el matrimonio, la vida consagrada— y a la prudencia antes de comprometerse.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Sé cuidadoso al prometer. Antes de comprometerte con algo importante —un proyecto, una responsabilidad, una ayuda, una palabra dada— tómate un tiempo para pensarlo y reza sobre ello. Y cumple después lo que has prometido, aunque haya pasado el entusiasmo inicial y ya no te apetezca. La palabra dada es una imagen de Dios, que permanece fiel aunque cambien las circunstancias.
Oración
Señor, tú eres fiel a tus promesas y no te desdecís. Enséñame a medir mis palabras antes de comprometerme y a cumplir después lo que he dicho, aunque cambien las circunstancias. Que mi vida refleje tu fidelidad, también cuando cueste. Amén.
Acerca del libro de Números
El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.
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