Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 28

1 Habló Yahveh a Moisés y le dijo:

2 «Manda a los israelitas en estos términos: Tendréis cuidado de traer a su tiempo mi ofrenda, mi alimento, manjares míos abrasados de calmante aroma.

3 Les dirás: Este será el manjar abrasado que ofreceréis a Yahveh: «Corderos de un año, sin defecto, dos al día, como holocausto perpetuo.

4 Uno de los corderos lo ofrecerás en holocausto por la mañana, y el otro cordero entre dos luces;

5 y como oblación, una décima de medida de flor de harina, amasada con un cuarto de sextario de aceite virgen.

6 Es el holocausto perpetuo ofrecido antaño en el monte Sinaí como calmante aroma, manjar abrasado para Yahveh.

7 Y la libación correspondiente: un cuarto de sextario por cada cordero. La libación de bebida fermentada para Yahveh la derramarás en el santuario.

8 El segundo cordero lo ofrecerás entre dos luces: lo ofrecerás con la misma oblación y libación que el de la mañana, como manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh.

9 «El día de sábado, dos corderos de un año, sin tacha, y como oblación dos décimas de flor de harina amasada con aceite, y su correspondiente libación.

10 El holocausto del sábado, con su libación, se añadirá los sábados al holocausto perpetuo.

11 Los primeros de mes ofreceréis un holocausto a Yahveh: dos novillos, un carnero y siete corderos de un año, sin tacha.

12 Como oblación tres décimas de flor de harina amasada con aceite por cada novillo; dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como oblación por el carnero;

13 una décima de flor de harina amasada con aceite, por cada cordero. Es un holocausto de calmante aroma, manjar abrasado para Yahveh.

14 Las libaciones correspondientes serán: medio sextario de vino por novillo, un tercio de sextario por carnero y un cuarto de sextario por cordero. Este será el holocausto mensual, todos los meses del año uno tras otro.

15 Ofrecerás también a Yahveh, como sacrificio por el pecado, un macho cabrío con su libación, además del holocausto perpetuo.

16 «El mes primero, el día catorce del mes, es la Pascua de Yahveh,

17 y el día quince del mismo mes es día de fiesta. Durante siete días comeréis panes ázimos.

18 El día primero habrá reunión sagrada. No haréis ningún trabajo servil.

19 Ofreceréis como manjar abrasado en holocausto a Yahveh: dos novillos, un carnero, siete corderos de un año, sin tacha.

20 La oblación correspondiente de flor de harina amasada con aceite será de tres décimas por novillo, dos décimas por el carnero,

21 y una décima por cada uno de los siete corderos;

22 y un macho cabrío como sacrificio por el pecado, para expiar por vosotros.

23 Esto, además del holocausto de la mañana, que ofreceréis como holocausto perpetuo.

24 Así haréis los siete días. Es un alimento, un manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh: se ofrece además del holocausto perpetuo y de su libación.

25 El día séptimo tendréis reunión sagrada; no haréis ningún trabajo servil.

26 «El día de las primicias, cuando ofrezcáis a Yahveh oblación de frutos nuevos en vuestra fiesta de las Semanas, tendréis reunión sagrada; no haréis ningún trabajo servil.

27 Ofreceréis en holocausto, como calmante aroma para Yahveh, dos novillos, un carnero y siete corderos de un año.

28 La oblación correspondiente será de flor de harina amasada con aceite: tres décimas por novillo, dos décimas por el carnero,

29 y una décima por cada uno de los siete corderos;

30 y un macho cabrío como sacrificio por el pecado para hacer expiación por vosotros.

31 Haréis esto además del holocausto perpetuo, con su oblación y su libaciones.

Reflexión del capítulo 28

El capítulo establece el calendario de las ofrendas: el sacrificio diario de la mañana y de la tarde, el doble del sábado, las ofrendas de la luna nueva y las grandes fiestas de la Pascua y los Ácimos. El texto es minucioso y repetitivo, y precisamente en esa minucia está su mensaje: la relación con Dios se sostiene con ritmos regulares y no con arrebatos esporádicos. Cada día tiene su ofrenda, cada semana la suya, cada mes y cada año las suyas. La vida entera queda así marcada por un ritmo sagrado que recuerda constantemente a quién pertenece el tiempo. Es la misma lógica que hoy encontramos en la liturgia de la Iglesia: el año litúrgico, el domingo, la oración diaria. No se trata de una carga mecánica, sino de una pedagogía de la fidelidad. Cuando dejamos la oración a la espontaneidad del momento, pronto se pierde. Los ritmos fijos, en cambio, sostienen la fe en los días secos, cuando no apetece nada. La constancia es la forma humilde del amor.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Establece un ritmo fijo de oración: una hora concreta cada día, un momento semanal más largo, la misa dominical sin excepciones, un tiempo de silencio regular. No lo dejes al azar de la inspiración ni lo cambies cada semana. La fidelidad a un horario sencillo sostiene la vida espiritual más que los grandes propósitos que se abandonan. Cuando no sientas ganas, cumple igual: eso es amor.

Oración

Señor, tú mereces un tiempo ofrecido con constancia y no solo los restos de mi día. Ayúdame a ser fiel a mi ritmo de oración, sobre todo cuando no sienta ganas. Que la rutina se convierta en amor. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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