Números

Antiguo Testamento | 36 capítulos | 1289 versículos

Nm

Capítulo 23

1 Dijo Balaam a Balaq: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame siete novillos y siete carneros.»

2 Balaq hizo lo que le había dicho Balaam, y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

3 Dijo entonces Balaam a Balaq: «Quédate junto a tus holocaustos, mientras yo voy a ver si me sale al encuentro Yahveh. La palabra que me manifieste, te la communicaré.» Y se fue a un monte pelado.

4 Salió Dios al encuentro de Balaam y éste le dijo: «Siete altares he preparado y he ofrecido en holocausto un novillo y un carnero sobre cada altar.»

5 Yahveh entonces puso una palabra en la boca de Balaam y le dijo: «Vuelve donde Balaq y esto le dirás.»

6 Volvió donde él y estaba aún de pie junto a su holocausto, con todos los príncipes de Moab.

7 El entonó su trova y dijo: «De Aram me hace venir Balaq, el rey de Moab desde los montes de Quédem: "Ven, maldíceme a Jacob; ven, execra a Israel."

8 ¿Cómo maldeciré, si no maldice Dios? ¿Cómo execraré, si no execra Yahveh?

9 De la cumbre de las peñas lo diviso, de lo alto de las colinas lo contemplo: es un pueblo que vive aparte; no es contado entre las naciones.

10 ¿Quién contará el polvo de Jacob, quién numerará la polvareda de Israel? Muera mi alma con la muerte de los justos, Sea mi paradero como el suyo.»

11 Dijo Balaq a Balaam: «¿Qué me has hecho? ¡Para maldecir a mis enemigos te he traído y los has colmado de bendiciones!»

12 Le respondió diciendo: «¿No tengo yo que esmerarme en hablar todo lo que Yahveh me pone en la boca?»

13 Le respondió Balaq: «Ven, pues, a otro sitio conmigo porque lo que ves desde aquí no es más que un extremo, no lo ves entero. Maldícemelo desde allí.»

14 Y le llevó al Campo de los Centinelas, hacia la cumbre del Pisgá. Construyó siete altares y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

15 Balaam dijo a Balaq: «Quédate aquí junto a tus holocaustos, mientras yo salgo al encuentro.»

16 Salió Yahveh al encuentro de Balaam, puso una palabra en su boca y le dijo: «Vuelve donde Balaq y esto le dirás.»

17 Volvió donde él y lo encontró aún de pie junto a sus holocaustos, con los príncipes de Moab. Le dijo Balaq: «¿Qué ha dicho Yahveh?»

18 El entonó su trova diciendo: «Levántate, Balaq, y escucha, prestame oídos, hijo de Sippor.

19 No es Dios un hombre, para mentir, ni hijo de hombre, para volverse atrás. ¿Es que él dice y no hace, habla y no lo mantiene?

20 He aquí que me ha tocado bendecir; bendeciré y no me retractaré.

21 No he divisado maldad en Jacob, ni he descubierto infortunio en Israel. Yahveh su Dios está con él, y en él se oye proclamar a un rey.

22 Dios le hace salir de Egipto, como cuernos de búfalo es para él.

23 No hay presagio contra Jacob, ni sortilegio contra Israel. Según se le está diciendo a Jacob y a Israel: «¿Qué hace tu Dios?»,

24 he aquí que un pueblo se levanta como leona, se yergue como león: no se acostará hasta devorar la presa y beber la sangre de sus víctimas.»

25 Balaq dijo a Balaam: «Ya que no le maldices, por lo menos no le bendigas.»

26 Respondió Balaam y dijo a Balaq: «¿No te he dicho que hago todo lo que me dice Yahveh?»

27 Dijo Balaq a Balaam: «Ven, por favor, que te lleve a otro sitio, a ver si le place a Dios que me lo maldigas desde allí.»

28 LLevó Balaq a Balaam a la cumbre del Peor, que domina la parte del desierto.

29 Dijo Balaam a Balaq: «Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.»

30 Balaq hizo lo que le había dicho Balaam, y ofreció en holocausto un novillo y un carnero en cada altar.

Reflexión del capítulo 23

Balac prepara siete altares y lleva a Balaam de un lugar a otro para que maldiga a Israel, y cada vez el resultado es el contrario: en lugar de maldición, bendición. Desde las alturas, Balaam contempla al pueblo acampado y pronuncia oráculos de una belleza extraordinaria: cómo maldecir a quien Dios no ha maldecido, cómo execrar a quien el Señor no ha execrado. Describe a Israel como un pueblo que habita aparte, que no se cuenta entre las naciones, y declara que no ha visto iniquidad en Jacob. Añade que Dios no es un hombre para mentir ni un hijo de hombre para arrepentirse: lo que dice, lo cumple. Balac se desespera y pide al menos que no lo bendiga, y Balaam responde que no puede decir sino lo que el Señor le manda. El capítulo es una afirmación rotunda de la fidelidad de Dios: su bendición no depende de los contratiempos ni de las presiones, y quien la ha recibido puede estar seguro de que no le será arrebatada por ningún poder externo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando la opinión ajena o las circunstancias parezcan ponerse en contra de tu camino, recuerda que la bendición de Dios no depende de los demás. Sostén tu vocación sin dejarte intimidar ni cambiar de rumbo por miedo al qué dirán. Y no aceptes encargos que consistan en desacreditar a otros por dinero, por presión o por conveniencia: la palabra se usa para bendecir, no para destruir.

Oración

Señor, tú no eres un hombre para mentir ni cambias tus promesas. Gracias porque tu bendición no depende de las circunstancias. Dame serenidad ante la oposición y fidelidad a lo que me has confiado. Amén.

Acerca del libro de Números

El libro de los Números recibe su nombre del censo que abre sus páginas, pero su título hebreo, tomado de las primeras palabras, es mucho más expresivo: en el desierto. Estamos ante el cuarto libro del Pentateuco, y su escenario es el largo camino entre el Sinaí y las llanuras de Moab, a las puertas de la tierra prometida. Lo que podía haber sido un viaje de pocas semanas se convierte en cuarenta años de marcha circular, porque una generación entera queda marcada por la incredulidad y no llega a entrar. El libro combina materiales muy distintos: censos y listas de tribus, leyes sobre sacrificios, votos y pureza, relatos de rebelión y murmuración, y algunos episodios de enorme fuerza simbólica, como el agua que brota de la roca, la serpiente de bronce o el cetro de Aarón que florece. Su hilo conductor es la fidelidad de Dios frente a la infidelidad del pueblo: el Señor sigue guiando con la nube, alimentando con el maná y corrigiendo con paciencia a quienes se quejan una y otra vez. Es un libro incómodo y realista, porque describe la vida creyente como travesía, con cansancio, dudas, nostalgia del pasado y tentación de volver atrás. Para el católico, Números es una escuela de paciencia y de confianza: enseña que la promesa no se cumple por la fuerza de nuestras manos, sino por la fidelidad de quien la hizo, y que el desierto, con toda su aridez, es también el lugar donde Dios habla al corazón y prueba el amor de su pueblo.

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